Sergio Esteban, responsable de Enfermería de la Gerencia de Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario del Sescam

Sergio Esteban, responsable de Enfermería de la Gerencia de Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario del Sescam

Sanidad hoy

Sergio Esteban, el primer enfermero en entrar al AVE siniestrado: "Hay decisiones en décimas de segundo que determinan la vida de un paciente"

El responsable de Enfermería de la Gerencia de Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario del Sescam relata cómo fue la intervención en el lugar del siniestro ferroviario, resaltando la excelente respuesta de los servicios desplegados

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Poco después de las 9:30 de la mañana llegaban los primeros efectivos sanitarios a la zona 0 del trágico siniestro ferroviario de Urda. Entre el amasijo de hierros, multitud de pasajeros atrapados y otros tantos heridos que han podido abandonar el convoy por su propio pie. En ese primer escenario de la catástrofe se encontraba Sergio Esteban, responsable de Enfermería de la Gerencia de Urgencias, Emergencias y Transporte Sanitario del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam).

“Fuimos los primeros en llegar”, recuerda el enfermero en declaraciones a Redacción Médica. El sanitario reconoce que aún no ha sido capaz de asimilar por completo la dureza de los momentos vividos, tras apenas pasar por casa un par de horas desde la mañana de ayer. No fue hasta más de doce horas después cuando Esteban abandonó el fatídico punto de Urda, aunque el trabajo no acabó ahí. Con un rol principalmente de gestión de los recursos, tras asumir en el primer momento las labores de triaje, el enfermero ha continuado haciendo esa labor más “invisible” de logística tras solventar la atención sanitaria sobre el terreno con un objetivo: devolver a la normalidad el extraordinario despliegue de recursos. “Nadie nos dice que mañana no pueda volver a pasar algo y tenemos que estar igual de bien preparados”, señala a este respecto.

Aún enfocado en trabajar para poner a disposición los recursos sanitarios, es consciente de que el episodio pasará una factura emocional a él y sus compañeros. Sin perder la entereza, es consciente de que, con el tiempo “habrá secuelas psicológicas” que deberán valorar y “sin ningún tipo de pudor ni vergüenza habrá que tratar” acudiendo a los medios y recursos que tienen en su mano. La capacidad de mantenerse ante una situación como esta, también reconoce que no está al alcance de cualquiera: “Para dedicarte a esto tienes que estar hecho de otra pasta”.

El triaje sobre el terreno

Todo ello con la complejidad añadida de la inexperiencia ante una emergencia de tales dimensiones: “Toda nuestra formación y currículum va prácticamente enfocado a la atención sanitaria. Nadie te enseña a gestionar en este tipo de incidencias. Tienes que tomar decisiones en décimas de segundo que pueden decidir la vida de un paciente”, relata el responsable en el Sescam. En esta línea, subraya que cualquier mínimo aspecto resulta igual de importante y puede tener un impacto crítico.

En este sentido, subraya el agradecimiento a todo el equipo desplegado en la zona del accidente, en especial a los compañeros del servicio de Urgencias y Emergencias. Gracias a su disposición y cooperación, destaca que fue “fácil” sacar adelante el cometido conjunto: “En una situación así no miras la categoría profesional ni miras el servicio de emergencias al que te dedican ni la comunidad a la que perteneces”.

Entre el dolor y la desesperación de los heridos, a él y los cuatro compañeros de la Unidad Polivalente de Emergencias que le acompañaban, les tocó dejar a un lado sus emociones y el impacto por lo que estaban viendo para ponerse a trabajar sin un segundo que perder. Su unidad se desplazó en un equipo todoterreno para asumir las labores de triaje y coordinación en esos primeros instantes.

La llamada del 112 por una colisión entre dos trenes les hizo ir “preparados para lo peor” y desafortunadamente, la llegada al epicentro del accidente confirmó los peores presagios: “Cuando llegamos, vimos el panorama y evidentemente confirmamos que había sido de unas magnitudes que iban a costar gestionar”. Sin tiempo para dejarse afectar por el shock, comenzaron a realizar un triaje “básico”, clasificando a los pacientes por códigos de colores: verde, amarillo y rojo.

El equipo se dividió en dos grupos para atender ambos trenes. Esteban y otro compañero fueron los encargados de entrar al vagón de AVE para triar a los pasajeros que no podían salir. Una labor de “gestión pura y dura” que rememora contemplar como un acto rutinario para priorizar la mejor respuesta sanitaria. “Nos dedicamos a gestionar a las víctimas, a tratarlas, a hacer una primera intervención y a sacarlas hacia el foco. Vas preguntando, hacemos maniobras de emergencia y continuamos con el siguiente paciente”.

De ahí señala que los iban llevando al puesto sanitario avanzado desplegado en el lugar del accidente. En esos primeros momentos, una de las decisiones críticas fue cómo gestionar el acceso, debido a que el vagón accidentado se encontraba en una zona de difícil acceso en un terraplén. “Fue un momento de gestión pura, de levantar la cabeza y centrarnos en cómo organizarnos”.

En ese contexto y ante el aluvión de profesionales sanitarios y civiles desplegados para tratar de ayudar, apunta que “más no siempre es mejor”, sin dejar de expresar su agradecimiento a todos ellos. “Había que gestionar muy bien las entradas y salidas de los vehículos y eso es una labor que a veces hay que coger con pinzas para poder gestionar lo más rápido posible”, detalla en este sentido.