Vacunación nasal en la consulta.

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Medicina

Vacuna nasal contra la gripe infantil: el escudo en la mucosa respiratoria choca con la eficacia universal

Inmunología destaca su potencial para activar las defensas de las vías respiratorias, mientras los pediatras subrayan su aceptación y Sanidad recuerda sus contraindicaciones

Y además: La expansión de la vacuna intranasal de la gripe pone el foco en las compras públicas

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La vacuna intranasal contra la gripe ofrece una ventaja que va más allá de evitar el pinchazo y es que activa las defensas en la mucosa respiratoria, la primera barrera de entrada del virus. Esta respuesta inmunitaria podría proporcionar una protección adicional frente a la infección, aunque la evidencia disponible todavía no permite afirmar que sea siempre superior a las formulaciones inyectables. Su potencial para mejorar la aceptación de la vacunación infantil convive, además, con una condición imprescindible, la de seleccionar correctamente a los niños que pueden recibirla.

Para abordar este tema, Redacción Médica ha consultado, entre otros, a la Sociedad Española de Inmunología (SEI), desde donde consideran que la vía nasal tiene un interés inmunológico específico. “La principal diferencia inmunitaria entre ambas vacunas reside en el tipo y la localización de la respuesta que inducen”, explican las inmunólogas Elena Seoane y Laia Alsina, miembros de su Comité de Expertos. Mientras la formulación intranasal atenuada estimula la inmunidad local, incluida la producción de anticuerpos IgA secretores, las vacunas inyectables inactivadas inducen predominantemente una respuesta sistémica, caracterizada por anticuerpos IgG circulantes.

Esta diferencia importa porque el virus gripal entra en el organismo a través de las vías respiratorias. La vacuna nasal puede activar las defensas precisamente en ese punto de contacto, además de generar respuestas celulares y sistémicas. Sin embargo, las inmunólogas advierten de que "todavía no se conoce qué nivel de IgA nasal garantiza la protección clínica. Por ello, este anticuerpo es una dimensión relevante de la respuesta inmunitaria, pero aún no constituye un correlato de protección clínicamente validado".

Una ventaja inmunológica

La evidencia clínica apunta a que la vacuna intranasal puede ofrecer mejores resultados en determinados contextos, pero las diferencias entre estudios aconsejan prudencia. Seoane y Alsina recuerdan un ensayo publicado en The New England Journal of Medicine que comparó ambas formulaciones en niños de entre seis y 59 meses. Entre los participantes analizados, se registraron 153 casos de gripe confirmada en el grupo que recibió la vacuna nasal, frente a 338 en el de la inyectable, lo que supuso una reducción relativa del 54,9 por ciento. No obstante, el estudio empleó formulaciones de hace más de dos décadas.

Los resultados posteriores no han sido uniformes. Según las inmunólogas, un metaanálisis publicado en 2024 que reunió 19 ensayos clínicos no encontró diferencias estadísticamente significativas entre ambas formulaciones en el análisis global. Sí observó mejores resultados para la vacuna intranasal al examinar específicamente los grandes estudios multicéntricos.

“Parece más riguroso hablar de una posible ventaja clínica en determinados contextos que de una superioridad universal de la vacuna intranasal”, resumen. La eficacia puede variar según la edad, las cepas circulantes, la composición de la vacuna y la inmunidad previa. Tampoco hay evidencia suficientemente sólida para asegurar que la formulación nasal prevenga mejor todas las infecciones, incluidas las asintomáticas, o reduzca más la transmisión del virus.

Consultada por este medio, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) aporta otro elemento para valorar su eficacia. Alicia Pérez, jefa de Servicio de la División de Productos Biológicos, Terapias Avanzadas y Biotecnología del Departamento de Medicamentos de Uso Humano, señala que los ensayos realizados antes de la autorización de Fluenz mostraron una eficacia de entre el 48 y el 93 por ciento, dependiendo de la temporada y de la coincidencia entre las cepas vacunales y las circulantes. En los estudios comparativos previos a la autorización, añade, la vacuna nasal obtuvo una eficacia entre un 30 y un 50 por ciento superior a la inyectable.

Eliminar el pinchazo ayuda, pero no explica las coberturas

La aceptación es otra de las bazas de la vacuna nasal. Lucía López Granados, pediatra en Madrid y vocal del Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP), destaca en declaraciones a este periódico, que su administración elimina el miedo al pinchazo, como una de las barreras que pueden condicionar la vacunación infantil. “La administración nasal es sencilla, rápida y generalmente bien aceptada tanto por los niños como por sus familias”, explica. El comité asesor de la AEP considera preferente esta formulación entre los dos y los 17 años, siempre que no existan contraindicaciones.

Sin embargo, López Granados pide no atribuir automáticamente a la vacuna nasal el incremento de las coberturas. En la temporada 2025-2026, la cobertura nacional en niños de uno a cuatro años alcanzó aproximadamente el 52,4 por ciento, frente al 45,5 por ciento de la campaña anterior. La pediatra advierte de que, al mismo tiempo, se han ampliado las edades incluidas en los programas, se han extendido estrategias como la vacunación escolar y se han reforzado las campañas informativas y la captación activa.

«Necesitamos mejores estudios y sistemas de información que permitan medir específicamente cuánto contribuye esta formulación al incremento de las coberturas», apunta. La vacuna intranasal puede evitar rechazos y oportunidades perdidas, pero su impacto depende también de la accesibilidad y de la recomendación activa de los profesionales sanitarios.

La edad y las contraindicaciones marcan la elección

La vía nasal tampoco es una opción adecuada para todos los pacientes pediátricos. La Aemps confirma que Fluenz es la única vacuna intranasal autorizada y comercializada en España para la campaña 2026-2027, y que está indicada entre los dos y los 18 años. Las vacunas inactivadas inyectables, por su parte, pueden utilizarse desde los seis meses, según el preparado.

La diferencia es especialmente importante en los niños pequeños ya que entre los seis y los 23 meses deben emplearse vacunas inactivadas. La formulación nasal contiene virus vivos atenuados y está contraindicada en determinadas situaciones de inmunodeficiencia o inmunosupresión, en niños y adolescentes tratados con salicilatos y en menores con asma grave o sibilancias en el momento de la vacunación. También deben tenerse en cuenta las precauciones relativas al contacto estrecho con personas gravemente inmunodeprimidas tras recibir la vacuna.

Pérez recuerda que la decisión debe apoyarse en la información regulatoria y señala que "la información a consultar en caso de duda será la Ficha Técnica de la vacuna Fluenz". Ante una contraindicación, la alternativa inyectable permite mantener la opción de proteger al niño frente a la gripe cuando sea adecuada para su edad y situación clínica.

El reto, por tanto, no consiste en sustituir una vía por otra de forma generalizada, sino en aprovechar las ventajas de cada formulación sin perder de vista la seguridad. Como concluye López Granados, la vacunación infantil "debe evaluarse no solo por cuántos niños reciben la vacuna, sino también por su capacidad para reducir la enfermedad, las consultas, las hospitalizaciones y las complicaciones, especialmente entre quienes presentan mayor riesgo".