El dermatólogo José Aguilera en su laboratorio

El dermatólogo José Aguilera en su laboratorio / Cedida

Medicina

¿Crema solar en otoño? El dermatólogo José Aguilera responde: “Te crees que no, pero pega mucha radiación”

El especialista detalla en su entrevista con Redacción Médica cómo durante el otoño y el invierno el sol sigue afectando a la piel y las consecuencias que puede tener para nuestro organismo

Y además: Brote de acné en otoño: la dermatóloga Ana Molina explica el "efecto rebote" y cómo frenarlo

Publicada

Un partido de pádel a las doce del mediodía en noviembre, una excursión por la sierra en diciembre o trabajar al sol en pleno otoño. Cuando acaba el verano y comienza el frío, la sensación térmica invita a pensar que el sol ya no hace daño, sin embargo, "crees que no, pero pega mucha radiación", advierte José Aguilera, médico y dermatólogo de la facultad de Medicina de la Universidad de Málaga, en su conversación con Redacción Médica.

Esto no quiere decir que en otoño el sol queme como en julio, sino que quemarse no es el único daño que se puede sufrir durante esta temporada. "A lo mejor no te quema con la misma intensidad del verano, pero te va a producir unas manchas que te mueres, efectos inmunosupresores y efectos oxidativos en la piel", resume. Lo cierto es que la radiación ultravioleta no desaparece cuando acaba el verano, sino que baja "de forma gradual" hasta tocar su mínimo anual en torno a enero.

Cuidado con el tiempo de exposición

En la península, el índice ultravioleta, que mide la radiación con capacidad de quemar, ronda valores de 9 o 10 a mediodía en verano. Sin embargo, este índice se mueve en invierno entre 0 y 3, "tres o cuatro veces menos". De hecho, el laboratorio de Aguilera ha calculado que, aproximadamente entre el 15 de marzo y el 15 de octubre, una persona que pasara todo el día al sol en la península recibiría más de 10 dosis mínimas eritematosas. Es la cantidad de radiación que basta para que la piel se ponga "rojita", el principio de una quemadura.

De hecho, existe una dosimetría para un perfil de una persona con los ojos marrones y pelo castaño, la más frecuente en España. "El 1 de julio a las 2 de la tarde, en cualquier latitud de nuestro país y con el cielo despejado, tardaría unos 30 minutos o incluso algo menos en quemarse si se pone al sol sin protegerse", cuenta el especialista.

Sin embargo, en otoño esto cambia, ya que "la intensidad de la radiación ultravioleta baja, pero de forma gradual", llegando a estar en invierno en "una hora y media o dos horas". Canarias es la excepción. Por su latitud, allí la radiación se mantiene alta todo el año. "El índice ultravioleta en Canarias es brutal", subraya.

Piel inflamada y roja por una quemadura solar

Piel inflamada y roja por una quemadura solar / Envato

La clave está en el tiempo

De este modo, uno de los factores claves es el tiempo. "El daño solar en nuestra piel no depende solo de la intensidad de la luz, sino del tiempo que estamos expuestos al sol", explica. Por eso, la necesidad de protegerse en otoño depende sobre todo de la rutina de cada uno. Así, para quien lleve una vida sedentaria, la exposición es corta, por lo que con una sola aplicación de fotoprotector al salir de casa es suficiente. "Ni siquiera necesitarías un 50+: con factores más bajitos va bien", destaca.

Lo que sí pide es fijarse en la textura y la composición, lo que los especialistas llaman galénica. En otoño se suman los cambios de temperatura, la humedad y el frío, y todos alteran el equilibrio natural de la piel. Por eso recomienda productos que, además de proteger, aporten hidratación y regulen el sebo.

"Una galénica que tengamos puesta todos los días ayuda a ese equilibrio de hidratación y de sebo cutáneo, que es bueno para mantener una homeostasis cutánea sana", detalla. Y recuerda un argumento que vale para cualquier estación: "El mejor antienvejecimiento que existe es una crema de fotoprotección".

"Si no te pones fotoprotección en invierno y en verano, esas manchas vuelven a salir"

Los perfiles más sensibles durante el otoño

Más allá del trabajo de oficina, existen otras profesiones que se desarrollan al aire libre, estando seis o siete horas diarias expuestos al sol. "Esa gente necesita fotoprotección todos los días del año", afirma. No hace falta reaplicarla cada dos o tres horas como en verano, pero sí al menos una vez por la mañana.

Pero no solo ellos, pues existen colectivos vulnerables como personas con fotodermatosis o alergia al sol, quienes toman fármacos que provocan reacciones con la luz y pacientes con antecedentes de lesiones precancerosas o cáncer de piel. Para todos ellos, la indicación es clara: fotoprotección "en invierno y en verano".

De este modo, la realidad para entender cómo una persona se puede quemar en otoño o en invierno reside en los tipos de radiación. Los rayos UVB, los que queman, bajan mucho en invierno, mientras que los rayos UVA y la luz visible de alta energía se mantienen. "En invierno y en verano nos oxidan la piel y nos producen hiperpigmentación", explica. Lo resume así: el UVB "es el que te quema"; el UVA, "el que te mancha, te oxida, te pigmenta".

Aplicación de crema solar en la mano

Aplicación de crema solar en la mano / Envato

Eso afecta especialmente a personas con tendencia a las manchas, a muchas mujeres de fototipos más morenos, a adolescentes con acné y a quienes aprovechan el otoño para tratamientos estéticos. "Si no te pones fotoprotección en invierno y en verano, esas manchas vuelven a salir, en efecto rebote, en cuestión de días. Para esa gente, la fotoprotección es fundamental", explica Aguilera.

De hecho, para estos casos se aconsejan fotoprotectores con color. Los óxidos de hierro que contienen absorben también la luz violeta del sol, que junto con los UVA está detrás de muchas manchas.

Las nubes y el frío engañan

Uno de los errores más frecuentes es fiarse de la temperatura. Las nubes frenan los infrarrojos, responsables de la sensación de calor, pero dejan pasar buena parte de la radiación ultravioleta. "Como tienes la sensación de fresquito, no te das cuenta, te pegas horas al sol y después estás achicharrado", describe. "Y en invierno ocurre lo mismo".

Tampoco vivir en el norte exime de protegerse. En ciudades como Bilbao el cielo suele estar más cubierto, admite, pero cuando se despeja, la radiación "no es mucho más baja" aunque haga frío. Su consejo es el mismo para todos: protección diaria, aunque no tan intensa como en verano, "porque va a ser tu garantía de seguridad".

La clave, insiste, está en las exposiciones largas. Dos horas en el campo en invierno quizá no acaben en quemadura. "Pero la cantidad de rayos UVA que te ha oxidado la piel, te ha pigmentado y te ha fotoenvejecido es brutal".

Por otro lado, tampoco hay que olvidar a los niños. Salen al recreo a las once, hacen deporte a mediodía y vuelven al campo de fútbol en las extraescolares de la tarde, aunque sea invierno. "Un toquecillo de crema de protección en la cara nos lo van a agradecer en el futuro", asegura. "Les van a salir menos pecas, menos arrugas, menos manchas y menos problemas a la larga".