26 abr 2019 | Actualizado: 09:10
La libertad de elección es una particularidad especialmente relevante y deseable en todo sistema sanitario que se precie ya que ello significa que los ciudadanos podamos ejercer un derecho que no nos asiste en todas las comunidades autónomas respecto al sistema de titularidad pública, pero que sin embargo sí forma parte del sistema privado de salud, aquello que no encontramos en nuestro centro lo podemos hallar en otro de la competencia.

Un entorno asistencial ha de ganarse la confianza y credibilidad día a día una vez que lo contrario supone que el paciente busque en otros lo que no ha obtenido en su centro, servicio o no ha sido aportado por el profesional sanitario que le atiende tomando como referencias, expectativas, percepciones, resultados y derechos.

Otro aspecto indisoluble a la libertad de elección es la imprescindible competencia intercentros estimulada por el hecho de profundizar en la compleja senda de la calidad y en la búsqueda de los mejores resultados de salud posibles en base al conocimiento científico disponible en cada momento.


"Precisamos establecer un liderazgo transformador con urgencia también en el entorno sanitario que nos lleve a ocupar la posición de relevancia que merecemos en el concierto de las naciones más avanzadas en materia de salud y sanidad"


Estas características de indudable valor deberían llevar asociada la adecuada remuneración y la necesaria incentivación de los profesionales por objetivos cumplidos e implicación personal teniendo en cuenta en el planteamiento y en la valoración no solo aquellos que son numerales y cuantitativos sino también los cualitativos asociados a competencias y valores. Toda organización que se precie y que pretenda proyectarse con confianza al futuro sin duda que debe tener muy en cuenta este aspecto que es también clave.

Este concepto incentivador junto con la deseable acreditación de centros y profesionales en base a recertificaciones periódicas de calidad, competencias y conocimientos, como ocurre en otros países de nuestro entorno constituyen también la base sobre la que asentar un modelo asistencial sólido que se proyecte hacia el futuro con las suficientes garantías para todos los ciudadanos.

En este aspecto tan solo un apunte, la evolución tecnológica a la que asistimos hoy en sus prolegómenos precisa de nuevas competencias, nuevos conocimientos y nuevas estructuras, por no hablar de la imprescindible adquisición de habilidades en materia de comunicación, comunicación eficaz, comunicación persuasiva y comunicación emocional.

De hecho ya Aristóteles explicitó las tres partes del discurso en forma de Logos o conocimiento racional, es decir la argumentación expuesta por medio de la palabra meditada utilizando argumentos lógicos apoyados con evidencias sólidas, apelando a la razón y a la inteligencia, del receptor; Ethos o dicho de otra forma la personalidad, ética y conducta del emisor y la manera en la que esto influye en la audiencia o la persona que recibe el mensaje; y Pathos referida al conjunto de emociones de orden afectivo y moral a las que el emisor apela de una forma honesta más allá de los argumentos racionales que pueda exponer, se trata este último aserto de lo que hoy en día definimos como comunicación emocional. Aristóteles en su Libro I de la Retórica ya viene a decir que: “A los hombres buenos les creemos de modo más pleno y con menos vacilación; esto es por lo general cierto sea cual fuere la cuestión, y absolutamente cierto allí donde la absoluta certeza es imposible y las opiniones divididas”.

Para finalizar un último apunte, apelar a la renovación tecnológica y a la implantación de la innovación más disruptiva, actual y determinante en materia de salud. No es posible que en la era de internet, de la precisión en la imagen y de la genómica aplicada como tres hechos que han cambiado y determinado nuestras vidas y por supuesto la medicina andemos sin embargo con asimetrías por problemas presupuestarios en la adopción de las más relevantes innovaciones que genera de forma constante, plausible y necesaria tanto la industria tecnológica como la biofarmacéutica y farmacéutica.

En este sentido será necesario buscar dónde están las ineficiencias del sistema para aportar soluciones adecuadas que permitan dicha implantación y adopción de forma ágil, eficaz, eficiente y efectiva, no puede ser que por problemas de gestión achacables a múltiples razones sea el paciente, el ciudadano, que es quien sufraga todo el sistema sanitario, quien sufra las consecuencias en sí mismo o en su propio entorno.

Precisamos establecer un liderazgo transformador con urgencia también en el entorno sanitario que nos lleve a ocupar la posición de relevancia que merecemos en el concierto de las naciones más avanzadas en materia de salud y sanidad en beneficio de las generaciones actuales y futuras a las que hemos de saber entregar un legado de sostenibilidad sólido también en esta materia que es determinante.