Redacción Médica
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Resistencia al cambio. Faltaron datos

Por Miguel A. Asenjo, profesor emérito de la Universidad de Barcelona y ex director del Hospital Clínic de Barcelona
Domingo, 02 de marzo de 2014, a las 19:14
Para aceptar voluntariamente un cambio social es necesario que la suma de los  tres factores, que de inmediato expondré, sea superior a la tendencia natural al inmovilismo, defensa de privilegios, miedo a la incertidumbre de lo nuevo y temor a lo desconocido. En este sentido, el refranero afirma que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer. Los tres factores, antes anunciados, son: a) insoportable insatisfacción con la realidad presente, b) situación exacta a la que se quiere llegar y c) resultado de las primeras medidas tomadas.

En el reciente fracasado intento de cambio de gestión pública a privada de seis hospitales de la Comunidad de Madrid, los cuatro grupos que condicionan el modelo hospitalario no percibían que la suma de los tres factores de cambio fuera superior a la situación existente. Los cuatro aludidos grupos son: a) los ciudadanos, potenciales enfermos, posibles votantes y seguros contribuyentes; b) suministradores de salud, especialmente los profesionales y empleados sanitarios; c) los equipos directivos y d) los propietarios, que en los hospitales públicos son, por delegación ciudadana, políticos.

Los intereses fundamentales para los ciudadanos son: recibir asistencia sanitaria de calidad; no esperar para recibirla; ser informados cuando la reciben y no arruinarse para recibirla con excesivos impuestos o altos complementarios copagos. También desean, si es posible,  poder elegir médico y, en su caso, hospital. Los de los suministradores de salud, particularmente médicos y enfermeros, son: reconocimiento social y económico, así como la participación en la planificación y gestión del sistema sanitario. Actúan, o deben actuar, como agente que significa persona de confianza de los enfermos y del equipo directivo, haciendo de puente entre ambos para establecer el círculo virtuoso: enfermo, médico, directivo, pues además, en el aspecto económico, y en el curioso mercado sanitario público, el médico compra, el enfermo consume y un tercero paga, por lo que la ética debe alcanzar, en todos sus actos, la categoría de sublime. Son, con los enfermos, los protagonistas del acto médico, que es la razón de ser del sistema sanitario. El interés fundamental del tercer grupo, el de los equipos directivos, es el de la eficiencia para obtener el máximo rendimiento de los medios disponibles. Conseguir más con menos es la consigna actual y como ahora somos pobres tenemos que pensar. El equipo directivo ha de establecer una función de agencia entre profesionales y  propietarios. Finalmente, el grupo de los propietarios, que en el sistema público son los políticos –gobierno y oposición-  y asignan los recursos, se interesan fundamentalmente en agradar a la mayoría que, en la época de bonanza –y de despilfarro-, el hospital público cobraba lo que gastaba a costa de posteriores déficits millonarios. La crisis económica impide déficits, por designios superiores –entiéndase Bruselas- y es necesario agudizar el ingenio para hacer lo mismo con menos; con bastante menos. Ahora que hay que restringir es difícil agradar, ni siquiera a la minoría.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid consideró que la gestión privada de seis hospitales proporcionaría un ahorro que, en un principio, valoró en 500 millones de euros anuales, sin merma de la calidad, luego la cifra se rebajó a 200 y a 169 y últimamente a una cifra inconcreta dependiente, decían, de diversos factores no posibles de concretar. Además, aunque la población, en general, achacó el despilfarro y la crisis, en España,  al Partido Socialista, que es oposición en la Comunidad de Madrid y le penalizó severamente en las últimas elecciones generales para votar masivamente al PP, que es Gobierno, achacan a éste que no cumple lo que prometió, que era bajar los impuestos y los subió, no tocar las pensiones y las tocó y bajar el paro y no lo bajó, si bien con ello, al parecer, libró a España del temido rescate. En consecuencia, cuando el Gobierno anuncia alguna acción, la población, en general, se muestra contrariada, escéptica o desconfiada y a poco que la animen proclive a la manifestación en la calle, de tal manera que el número de ellas ha pasado de 9.131 en 2007 a 44.233 en 2012. Además, según encuestas del CIS,  la valoración de los políticos es pésima, tanto del Gobierno como de la oposición así como de los partidos políticos. Por el contrario, la sanidad y los profesionales de la salud son altamente valorados.

Por todo ello, al analizar, para cada grupo, los tres factores que conducen al cambio social voluntario, resulta que el primero que es: a) insoportable insatisfacción con la realidad presente, los ciudadanos, como potenciales enfermos, no la sienten así, como seguros contribuyentes han dudado del ahorro anunciado y como posibles votantes son temidos, además, suponen que si sus agentes de confianza, los médicos, están insatisfechos, no les atenderán mejor  y, por todo ello, manifiestan poco entusiasmo, sino rechazo, al cambio. b) los suministradores de la salud es cierto que están insatisfechos con su situación actual y con lo que denominan los recortes pero, en comparación con el resto de trabajadores, especialmente con los del sector privado, están encantados y suponen que el cambio no les favorecería  sintiéndose mejor como están c) los equipos directivos necesariamente han de notar que la propuesta se encaminaba a sustituirlos, así que entusiasmados no debían de sentirse y seguro que preferían quedarse como están y d) los propietarios –los del Gobierno- no supieron explicar con números irrefutables cuál iba a ser la cifra de ahorro y el argumento, al final casi único, de que la gestión privada es más eficiente que la pública es válido, en general, pero también hay estudios y notables publicaciones que no avalan dicho aserto.

Si casi el 70% del gasto hospitalario lo produce el pago de la nómina del personal a nadie se le escapa que la eficiencia está muy ligada a la gestión del mismo. Tampoco la calidad es argumento sólido ya que la medicina ahora cura más que cuida, lo contrario que en la época de mi padre, médico de pueblo hasta su jubilación en 1974, que cuidaba más que curaba y se decía humanizada pero hoy todavía la práctica médica tiene mucho de arte, incluida la muy instrumental que depende de la pericia de su manejo y de la interpretación de la información que proporciona. La calidad aparente o percibida depende de la empatía de los profesionales con los enfermos. Mientras la calidad no se exprese en cifras se parece a la belleza que no tiene límite pero es opinable y todos tienen razón cuando hablan de ella. Algunos casos que, de vez en cuando, se conocen por la prensa son más negligencias que poca calidad.

En las circunstancias analizadas la propuesta no ha podido superar ni el primero de los tres  factores que la hubieron hecho posible. Los tribunales de justicia lo confirmaron y  quien la propuso la retiró. Posiblemente la propuesta e intención eran buenas pero fallaron los datos y perdió credibilidad.

No está de más que indique que no estoy, ni he estado, afiliado a partido político alguno aunque nunca he dejado de acudir a las urnas, acompañado de mi mujer desde 1966, para ejercer el derecho y cumplir la obligación moral de comprometerse en los asuntos públicos.