Manuel Cascos, presidente de Satse.
Sanidad, presente y futuro
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13 septiembre 2021. 19.40H
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Se inicia estos días en el conjunto del Estado el nuevo curso escolar y más de ocho millones de niños, niñas y jóvenes vuelven a las aulas en un contexto de pandemia que, aunque menos preocupante que el pasado año, continúa conllevando serios riesgos para su salud y seguridad.

Cierto es que los últimos datos apuntan a un descenso generalizado de la incidencia del Covid-19 y que la práctica totalidad del personal docente está vacunado y que cuatro de cada diez jóvenes de 12 y 19 años tienen la pauta completa, pero también lo es que la variante Delta del virus es mucho más contagiosa que la que había en septiembre de 2020 y que no hay ninguna certidumbre de cómo se comportará en las aulas.

No hay duda de que la pandemia sigue con nosotros y entornos tan sensibles y vulnerables como son los centros educativos deben seguir siendo objeto prioritario de atención y actuación por parte de las administraciones públicas competentes.

Es por ello que Gobierno y comunidades autónomas acordaron este verano mantener las principales medidas de prevención y actuación que en el curso pasado pero, lamentablemente, volvieron a incurrir en el grave error de no propiciar la implantación generalizada de una enfermera o enfermero escolar.

No hay que olvidar que son los/as consejeros/as autonómicos/as de Sanidad y Educación los que tienen la responsabilidad de asegurar un entorno seguro y saludable en el conjunto de los centros educativos y, una vez más, no han querido apostar por una figura que beneficia, no solo al alumnado, sino a madres y padres, profesorado y al conjunto de la comunidad educativa.

Una decisión fuera de toda lógica y sentido común si tenemos en cuenta, además, que hay ya ejemplos de algunas zonas de nuestro país y autonomías, como Andalucía, en los que en el curso 2020-2021 se apostó por contar con más enfermeras y enfermeros escolares y los resultados les han dado la razón, al lograr que la práctica totalidad de sus centros educativos hayan estado libres de coronavirus.

Es indudable que las enfermeras y enfermeros son los profesionales sanitarios que mejor pueden desempeñar las labores del denominado “coordinador/a Covid” y, de esta manera, poder proteger adecuadamente la salud de los menores y jóvenes que pasarán en los próximos meses gran parte de su jornada diaria en los centros educativos.

Como profesionales sanitarios, y en plena coincidencia con la práctica totalidad de madres y padres, así como del profesorado y del resto de la comunidad educativa, no nos cansaremos de repetir, ahora y siempre, que una enfermera escolar es absolutamente imprescindible para que nuestros hijos e hijas sean atendidos y cuidados si tienen necesidades sanitarias y para que adquieran los valores, pautas de conducta y hábitos de vida que les ayuden a crecer sanos.

Si bien es cierto que en aspectos como el ritmo de inmunización de la población podemos presumir en nuestro país, al haber conseguido mejores resultados que otros como Estados Unidos, Reino Unido o Francia, también lo es que estos países nos ganan ‘por goleada’ a la hora de garantizar la salud y seguridad en los centros educativos al llevar ya años implantada la figura de la enfermera escolar.

En breves fechas los distintos gobiernos autonómicos presentarán sus presupuestos para el próximo ejercicio y esperamos que, dentro de las partidas que destinarán para Educación y Sanidad, veamos que, de una vez por todas, optan por priorizar la salud y seguridad de las generaciones que conformaran el futuro de nuestro país. No podemos esperar más.