Redacción Médica
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Opinión > El retrato y las pinceladas

Josef Joffe: la sanidad y la ambición

Por Ismael Sánchez, director editorial de Sanitaria 2000
Jueves, 17 de julio de 2014, a las 14:19
Josef Joffe parece un provocador disfrazado de escritor, más famoso por editor que por académico, que también lo es. Su afirmación, al hilo de la promoción de su libro, no puede ser más provocadoramente comercial: “Las sociedades que envejecen deben dedicar cada vez más recursos a la sanidad y a la Seguridad Social y terminan por perder la ambición”. El asombroso entrecomillado que se le pueda rebañar a libros de esta rara especie divulgativa es directamente proporcional al crecimiento de la cuenta corriente del autor que lo concibe, puede que más preocupado de su cartera que de su pensamiento. Pero está bien. A mí por lo menos me sirve para escribir estas líneas.

El libro se llama El mito del declive del imperio americano y viene a decir lo contrario de lo que pensamos en este sector nuestro de cada día. Que la sanidad, lejos de ser un resorte, un campo de conocimiento y valor, que genera bienestar y prosperidad a su alrededor, es en realidad un lastre para las sociedades que quieren crecer, multiplicarse, desarrollarse, expandirse, conquistar y alcanzar el liderazgo.

Total, que la Europa ufana y orgullosa de sus estados del bienestar que le proporcionan salud y larga vida, sería en realidad, según Joffe, un continente decadente, un espacio condenado a la extinción, contemplativo, rígido y sin iniciativa en la lucha a muerte por ganar el futuro. Todo lo contrario que los Estados Unidos que, pese a disponer de un sistema sanitario donde solo se cura el que más tiene, contaría con la suficiente energía, juventud, vitalidad y salud como para casi, casi no tener que preocuparse de planificar la asistencia de sus ciudadanos y mucho menos financiarla.

Serían los inmigrantes, que siguen persiguiendo el sueño americano, los que estarían posibilitando el constante rejuvenecimiento de los Estados Unidos y, por tanto, su resistencia a declinar como nación pujante, dinámica y triunfadora. Dice Joffe que el futuro pertenece a los países que atraen talento y saben convertir a los recién llegados en ciudadanos que crean oportunidades en lugar de proteger las antiguas estructuras. Aquí en España, y en otros lugares de Europa, los inmigrantes siguen viéndose más como problema que como solución, y en la sanidad concretamente, han sido y son el mayor inconveniente para que los dos grandes partidos se pongan de acuerdo en un pacto por el sistema. Lo que son las cosas, pudiendo ser motor, los inmigrantes son aquí freno, o mejor, los convertimos en freno. De mano.

Yo particularmente no creo a Joffe, por muy editor del semanario Die Zeit que sea, que lo es. No creo que Estados Unidos tenga un largo camino ante sí, al menos, no de liderazgo como el que hemos conocido hasta ahora. En los últimos años ha venido dando claros ejemplos de decaimiento, de decadencia, y no es este el lugar para mencionarlos. Y, desde luego, sus problemas para vertebrar y consolidar un sistema nacional de salud, o algo parecido, que acerque la sanidad a millones de ciudadanos que cuando se ponen enfermos no tengan que pensar más en los dineros que en los síntomas, van a seguir siendo proverbiales, por mucho que el  presidente Obama intente culminar una de sus grandes promesas, el Obamacare, que está lanzado, pero que necesita un empujón definitivo, que quizá tenga que dárselo la futura candidata Clinton.

Y no creo pese a todo que Europa se esté muriendo, que no tenga energía, o que la pierda por pensar en cómo gestionar mejor su sanidad, manteniendo su nivel de calidad y de universalidad. Un sistema sanitario óptimo tiene poco que ver con la muerte, y lo es todo para la vida. Quizá la sanidad no sea ambiciosa, como lo es la economía, los mercados, la guerra, los descubrimientos, el progreso, etc. Pero no le hace falta ambición para ser un servicio esencial que diferencia desde siempre a los países y comunidades avanzadas, civilizadas y responsables de las que, sencillamente, no lo son, o prefieren ser otra cosa. Europa, de momento, prefiere ser más sanitaria que ambiciosa. Y yo me alegro.