Paseando por París, por Montmartre en el 18e Arrondissement, llegando a la esplanada para subir a la iglesia de le Sacré-Coeur, justo a los pies de la escalinata, se sitúa la Rue Tardieu. Auguste Ambroise Tardieu fue médico especialista en Medicina legal, llegó a ser presidente de la Académie Nationale de Médecine, Decano de la Facultad de Medicina y Catedrático de Medicina Legal en la Universidad de París, tras muchas peripecias. 

Tardieu creó un gran debate con su libro “Étude médico-légale sur les attentats aux mœurs”, publicado en 1857, siendo el primer libro escrito sobre el maltrato y la violencia sexual contra la infancia, se considera que incluía “atentados contra las costumbres”, lo que representaba un eufemismo para referirse, en aquella época, a la violación contra la infancia. Los ataques sexuales contra niños también tendían a incluir heridas físicas, serias o fatales, Tardieu incluyó los crímenes sexuales como un subtipo de los malos tratos físicos. Descubrió que los abusos e incluso crímenes sexuales contra los niños eran alarmantemente comunes, ya en la edición de 1878, Tardieu señala que más del 75% de las violaciones o intentos de violación juzgados en los tribunales franceses fueron cometidos contra menores de 16 años, y la mayoría contra niñas menores de 12 años y señaló que la “violación incestuosa” no era rara. Esta última aportación así como asegurar que las lesiones físicas que mostraban algunos cadáveres de niños y niñas no eran producidas por accidente, sino que habían sido realizadas por sus cuidadores, originó que estas investigaciones de Tardieu fueron criticadas con violencia o ignoradas por las autoridades legales y otros profesionales de la medicina, en parte porque sus conclusiones y las pruebas contradecían la creencia general y violaban el tabú que rodeaba la discusión de crímenes sexuales, en particular el incesto; fueron tan violentos estos ataques que llegaron a proponer su expulsión de la Academia Francesa.

Tendremos que esperar hasta 1960, la prestigiosa revista “Annales d'hygiène publique et de médecine légale” reedita un artículo de Tardieu. titulado «Etude médico-légale sur les sévices et mauvais traitements exercés sûr les enfants» donde se catalogaron treinta y dos casos de malos tratos recibidos por niños a manos de sus cuidadores. En esos casos Tardieu había sido encargado por un tribunal para examinar a los niños desde un punto de vista médico legal. El caso más elaborado en el artículo es uno que incluye abuso sexual (experiencia vital de Adelina Defert), el tribunal de Reims, el 3 de diciembre de 1859, juzgó el caso de Adelina Defert, de diecisiete años de edad, el Dr. Nidart, un médico en Sainte-Ménehould, fue encargado por el tribunal a examinarla y escribió el primero de sus dos informes el 22 de julio de 1859, siendo el segundo del día 29 de julio; ambos informes forman parte del artículo de Tardieu, donde afirmaba que el abuso sexual era una forma de los malos tratos físicos.

En el año 1962, el Dr. Henry C. Kempe y su equipo de la Universidad de Colorado exponen la realidad de los abusos a la infancia en una publicación que titularon: “The Battered Child Syndrome”. Este estudio representó una significativa aportación sobre el tema, reportando datos y signos para poder comprender e identificar el abuso en la infancia.

Inspirados en estas evidencias, el Dr. Kempe funda el Kempe Center for the Prevention and Treatment of Child Abuse and Neglect, creado para la formación y entrenamiento de los profesionales con el objetivo de mejorar el cuidado y el bienestar de la infancia y de las familias. De igual forma funda la revista “Child abuse and neglect” para poder publicar trabajos específicos para la investigación y la formación de profesionales. Los esfuerzos del Dr. Kempe también llevaron a la aprobación de la Ley del Estado de Colorado de 1972, donde se requiere la asesoría legal para el niño en todos los casos en que exista sospecha de abuso.

“La mala educación” es una película dirigida por Pedro Almodóvar en el año 2004. En esta película se expone el papel de determinados educadores, pertenecientes a órdenes religiosas, en los abusos sexuales de la infancia y su posterior evolución y desarrollo en los niños abusados en este contexto.

En 2010 otra película: “No tengas miedo”, dirigida por Montxo Armendariz, desarrolla con gran belleza y sutileza los abusos sexuales a la infancia, en esta ocasión en el seno de la propia familia de la infancia, y expone con rigor la aparición de procesos disociativos y la necesidad de un abordaje muy específico a estas personas abusadas a medio y largo plazo. La importancia de esta película es reconocida por el Consejo de Europa al asignarla la categoría de documento de trabajo para la formación de los profesionales sobre los abusos sexuales a la infancia.

Desde el año 2000, la Organización Mundial de la Salud (OMS) finalmente consideró al síndrome de Kempe, o del niño maltratado, como un problema de salud pública a nivel mundial. Aceptando que existen diversas formas de abuso infantil: abuso sexual, maltrato psicológico, negligencia y abandono y maltrato físico.


"Desde el año 2000, la Organización Mundial de la Salud (OMS) finalmente consideró al síndrome de Kempe, o del niño maltratado, como un problema de salud pública a nivel mundial"



En la década de los noventa del pasado siglo, siendo Ministra de Asuntos Sociales Matilde Fernández, convoca un grupo de trabajo de profesionales sobre los malos tratos a la infancia y la adolescencia, lo coordina el entonces Director General de Protección de Menores y Familia, Juan Carlos Mato, en ese grupo de trabajo tuve el honor de participar como integrante. Pusimos en evidencia la existencia de los malos tratos en España, incluyendo los abusos sexuales que, en aquel momento, fueron detectados muy por encima de lo que se podía suponer y que tenía en España una peculiaridad, en relación a los trabajos internacionales: estos abusos sexuales se producían sobre todo en el ámbito educativo y, sobre todo, en los centros educativos religiosos, dando validez a las investigaciones del Prof. Félix López, de la Universidad de Salamanca, sobre el particular. 

Los conceptos científico-técnicos se han ido articulando con el paso del tiempo, aportando las características clínicas y evolutivas que definían cada categoría. Pero las dificultades a lo largo del tiempo también han crecido con el criterio de la credibilidad hacia la narración infantil, credibilidad que ha sido muy combatida sobre todo en el caso de los ASI.

La ONG Save the Children ha realizado varias investigaciones relativas a determinar la prevalencia de los ASI en el Estado Español. Concluye sus estudios refiriendo que, en general, los organismos oficiales del sistema judicial no dan credibilidad a la narración infantil, precisando pruebas constatables de tipo biológico para aceptarlo, pero en la actualidad este tipo de pruebas no es muy frecuente encontrarlas, porque la mayoría de los ASI son por tocamientos, caricias, estimulación tactil o la realización de sexo oral. En este sentido los signos clínicos a recoger son indirectos y de menor exactitud, como pueden ser cistitis de repetición, vaginitis reiteradas en las niñas, alguna lesión tipo fisura perianal, el absceso de la faringe posterior y, sobre todo, los síntomas y alteraciones mentales, tanto de tipo cognitivo, como comportamental, relacional y emocional de los niños, niñas y adolescentes que se han visto sometidos a ASI. Tampoco se ha de olvidar que habitualmente los niños y niñas no lo dicen de inmediato a la comisión de los ASI, sino que lo explicitan al cabo de semanas, meses o años de haberse producido, por lo que el material de análisis son los recuerdos, las percepciones y las vivencias de los niños y niñas, incluyendo las posibles imprecisiones e incluso alguna aparente contradicción.

En el caso de los y las adolescentes abusados la credibilidad se limita a palabra contra palabra, habiendo que buscar la coherencia de la declaración, las contradicciones, la consistencia de la narración y la capacidad de influenciabilidad externa que tiene la declaración del adolescente.

Si los niños son más pequeñitos sus narraciones suelen ser más imprecisas y se necesita una formación muy importante en la exploración del funcionamiento mental y de análisis de sus contenidos. En este sentido Yuille configuró un esquema de entrevista en cuatro fases, que tuve el honor de adaptar al castellano en un curso formativo del Consejo General del Poder Judicial en el año 1996 y que se publicó con posterioridad en la revista de dicho órgano judicial. En general los equipos psicosociales de los juzgados están acostumbrados a evaluar a personas adultas, pero tienen muy poca formación para la evaluación de la infancia, fallando en temas claves de tipo formal como las características del local, la duración excesiva de las sesiones de evaluación (en la infancia no debiera durar una sesión más de 30-45 min, según la fase de desarrollo y las características de cada niño o niña), el mimetismo de los criterios diagnósticos con los sistemas de clasificación de las enfermedades mentales, que están construidos para personas a partir de los 18 años, es decir se tiende a evaluar a la infancia con criterios muy adultomórficos, lo que disminuye la sutileza profesional y científica que se debe tener en estos casos.


"Se tiende a evaluar a la infancia con criterios muy adultomórficos, lo que disminuye la sutileza profesional y científica que se debe tener en estos casos"



Habitualmente las figuras maternas suelen ser las que detectan la situación, las que inician los pasos para esclarecer la situación y las que bregan por sus hijos e hijas. En ocasiones llevan sus desvelos a situaciones extremas de protección, comprensible desde la exclusividad de las acciones a desarrollar y la soledad en la que, en no pocas situaciones, se encuentran. Gardner describió en 1985 un síndrome que denominó de “alienación parental” (SAP), donde intentaba explicar la acción de bloqueo, que una de las figuras parentales a la otra figura parental, realizaba con los hijos e hijas. Como expresión fundamental del SAP: en más de un 90% se aplicaba a la figura materna, beneficiando a la figura paterna. Los sucesivos intentos de sus mentores para que se incluyera este síndrome en los sistemas de clasificación de los trastornos mentales se han visto frustrados, por la negativa de la comunidad científica para aceptar esta categoría diagnóstica con consistencia en la evidencia científica. Desafortunadamente en España existen instancias profesionales y judiciales que utilizaban esta categoría no admitida para culpabilizar a las figuras maternas. La Ley contra las violencias en la infancia y la adolescencia ha especificado que el SAP no debe ser aceptado por ningún juzgado como criterio diagnóstico en ningún peritaje, ni evaluación de la infancia y adolescencia, sobre todo en los supuestos de ASI. 

En definitiva, la evaluación de la credibilidad de la narración infantil en el caso de los ASI y de otro tipo de maltrato es algo laborioso y difícil que precisa formación y experiencia de trabajo con la infancia en temas de salud mental, no lo puede realizar cualquier persona por muy buena voluntad que tenga o aporte experiencia en entrevistas diversas de contexto diferente al referido con anterioridad. El reconocimiento de la especialidad de Psiquiatría de la infancia y la adolescencia (BOE 08,08,21) aportará rigor y fundamento para este tema, entre otros.

Un dato crucial para la evaluación consiste en la lealtad debida de la infancia hacia la persona mayor que le ha realizado los ASI. Ahí es donde radica la gran importancia de los ASI. Existen personas del sistema judicial que hablan de “menor maduro” y, por lo tanto, que tiene capacidad para consentir, he atendido casos que por este hecho ya no contemplaban los ASI.

Llegado este punto es preciso señalar que los ASI no tienen que ver con la edad del sujeto infantil, sino en la posición de poder que ejerce el abusador sobre el niño, niña o adolescente. Esa posición de poder es la que permite la exigencia de lealtad y de silencio debido y que el sujeto infantil guarde silencio y revierta hacia su interior como repercusión y respuesta emocional ante las situaciones de malos tratos y de ASI.

Además de los síntomas, referidos con anterioridad, en las dimensiones cognitivas, somáticas, emocionales, relacionales y sociales, se encuentra la forma de expresión evolutiva, la más prevalente y de peor pronóstico es la reacción disociativa; la disociación llega como expresión de la contradicción tan importante que la persona que le debe cuidar (p.e. La figura paterna, o la pareja de la madre, o un familiar cercano) le agreda de tal forma y manera. Esta contradicción o doble vínculo, origina una “demolición” contra el proceso vincular al alterarse las conductas de apego que pasan de ser caricias que muestran afecto, a representar tocamientos y paraexcitaciones sexualizadas. En el caso de los educadores aún es más agresiva la situación creada hacia los ASI, pues demuele el sistema de valores que se trasmiten en la educación, si los educadores son religiosos la demolición atenta a los valores y a las creencias, primero de forma silente y luego con gran sufrimiento interno y en la relación hacia el exterior del entorno social, con dificultades en la interacción social, dificultades en la respuesta sexual con la pareja o la presencia de trastornos alimenticios, sobre todo tipo bulimia nerviosa. La presencia de un cuadro disociativo en la adolescencia debe hacernos pensar en eliminar, como primera causa, el haber padecido ASI en la infancia, tal era la consideración cuando estaba a cargo de la Unidad de Hospitalización de Agudos en el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid.

Por todo lo expuesto con anterioridad es necesario abordar la acción contra los abusadores, acción que debe tomarse con rigor y determinación, desde el momento que el sujeto se encuentre superado por las vivencias interiores y los síntomas sentidos y lo pueda verbalizar.

Por estas razones es tan importante que se constituya una comisión de estudio sobre los abusos acontecidos en el marco de los centros dependientes de la Iglesia. Debe ser el primer eslabón por la trascendencia e importancia del rol educativo, por la repercusión social del tema y de la institución y, sobre todo, por el ocultamiento y negación tan patentes que ha realizado a lo largo del tiempo.

La Iglesia no ha cometido errores, algunos de sus miembros han realizado actos delictivos, por acción u omisión, que ha intentado silenciar primero y ocultar después, pretendiendo que el tiempo hiciera una labor de borrado. No obstante, el tiempo ha incrementado la brecha existente entre la dimensión intelectual y ética y los actos realizados por las autoridades eclesiásticas.

Diferentes sociedades, como en Australia, Alemania, USA y Francia están realizando este tipo de informes, con el fin que las víctimas obtengan justicia, reconocimiento y sean resarcidas por el daño causado. La coordinación en España desde el Defensor del Pueblo es una buena elección, por la altura ética e intelectual de su titular actual. Que sea una comisión de expertos, es una composición razonable, puesto que el tema así lo requiere, siempre y cuando tengan un tiempo limitado para emitir su informe y que su dictamen sea de utilidad.

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