La sorpresiva dimisión de Streeting como ministro de Salud



La semana pasada se produjo la dimisión de Wes Streeting como ministro de Salud del gobierno británico, en un intento de liderar el Partido Laborista y de alcanzar la posición de primer ministro, sustituyendo a Keir Starmer, al que Streeting reprocha falta de visión.

Tendrá que competir para ello con otros contendientes, entre ellos con el popular alcalde de Manchester, Andy Burnham. Una de las posiciones hechas públicas por Streeting es calificar el Brexit como un “error catastrófico” y pedir la vuelta a la Unión Europea, algo en lo que no es secundado por Burnham.

Pero lo que nos interesa ahora es comentar su actuación como ministro de Salud, casi unánimemente calificada como activa y brillante. En sus casi 700 días como ministro disolvió el NHS England, un pesado y caro aparato burocrático que ahogaba la autonomía de los centros, mejoró las listas de espera, se produjo un aumento de satisfacción entre la población con el National Health Service (NHS) y lanzó un ambicioso plan de reformas de este.

Comprar tiempo para reformar


El diagnóstico inicial de Streeting era que el National Health Service estaba “quebrado” (broken) y había que actuar de forma enérgica.

Justo al llegar al ministerio, pidió a Lord Darzi, un acreditado académico y cirujano, un diagnóstico sobre el National Health Service, que estuvo preparado en el tiempo prefijado por Streeting de tres meses.

Luego, en julio de 2025, justo al cabo de un año de la llegada al gobierno, publicó el “Plan de Salud a 10 años para Inglaterra”, un ambicioso plan de reformas centradas en tres grandes cambios: de hospital a comunidad, de analógico a digital y de enfermedad a prevención. Tras un amplísimo proceso de consultas, el gobierno se comprometió totalmente con este Plan, apareciendo en el documento solo el prólogo del primer ministro y el epílogo del ministro de Salud, sin escudarse, como a veces es habitual, en una relación interminable de expertos.

Lo que sorprende es el plazo: 10 años. ¿Cómo a 10 años? ¿Qué empresa plantea hoy un plan estratégico a 10 años? Se parte de la base de que los cambios son tan rápidos e imprevisibles, que es imposible una perspectiva a tantos años. Por eso suelen hacerse planes a tres años, como máximo, con frecuencia incluso a dos.

Pero el problema es que el National Health Service no es una empresa y sus problemas no tienen solución a corto plazo. Hace falta comprar tiempo, lo más importante en política.

Ese es el significado del Plan a 10 años. El mensaje implícito es que hacen falta dos legislaturas para abordar los cambios (en el Reino Unido las legislaturas son de un máximo de 5 años).

Objetivos en listas de espera


También fue relevante su intervención en las listas de espera. Una de sus promesas fue que para el final de la legislatura el 92% de los pacientes en Inglaterra empezarían su tratamiento antes de las 18 semanas de su diagnóstico, con el objetivo intermedio del 65% para marzo de 2026. Pues bien, ese objetivo intermedio se alcanzó en la fecha indicada.

Posibles enseñanzas para España


En España el Sistema Nacional de Salud (SNS) también necesita reformas. Ante unas próximas elecciones, algunos se inclinan por redactar una nueva Ley General de Sanidad, pero seguramente, puesto que el modelo del sistema, basado en la cobertura universal, financiación pública vía impuestos y gestión descentralizada, no hace falta cambiarlo, sea más correcto elaborar un plan de reformas, que se haga público y cubra al menos dos legislaturas. Los problemas del Sistema Nacional de Salud son graves y, como los del National Health Service, no tienen arreglo a corto plazo. Comprar tiempo sería la operación política más inteligente. Lógicamente, ese plan no puede ser tan detallado como el plan de un país centralizado como Inglaterra, pero eso no quiere decir que el Sistema Nacional de Salud, en su conjunto, no deba tener criterio y planes en cuanto a algunos temas comunes y cruciales. Listas de espera o medición de la productividad, por ejemplo, deberían ser objeto de preocupación del conjunto del sistema.

Otra enseñanza es en cuanto a listas de espera. No es suficiente con que el Ministerio publique listas de espera (parcialmente, solo de consultas e intervenciones quirúrgicas) y, en ocasiones, de dudosa fiabilidad. Se necesita que el Ministerio publique listas de espera completas (Atención Primaria, consultas de especialidades, pruebas, intervenciones quirúrgicas, esperas de ambulancias, etc.). Y no solo que las publique, sino que haya objetivos para cada uno de estos apartados, que permita seguir su cumplimiento. Aunque la transparencia es importante, el Ministerio no es un simple gabinete de estudios que hace públicos unos informes periódicos. Debe ser un agente activo en el abordaje de las listas de espera, estableciendo objetivos para cada tipo de asistencia e implicándose, junto con las comunidades autónomas, en su cumplimiento.