EDITORIAL
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6 oct. 2017 20:30H
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Después de décadas de consellers de Salut con formación médica y gestora, conocedores del sistema sanitario catalán y nacional al dedillo, la huida hacia adelante de Artur Mas (empujado por la CUP y el escándalo del 3 por ciento) provocó la llegada de Antoni Comín al Departamento que debe velar por la salud de millones de ciudadanos. Pero lamentablemente su objetivo era otro desde el comienzo: el separatismo.

Comín, siempre queriendo destacar más allá de la sombra de Puigdemont, se ha mostrado como un firme defensor de aquello de que el fin justifica los medios, y ha pervertido sin miramientos el mandato que recibe un consejero de Salut.

Esta manipulación está convirtiendo el sistema sanitario catalán en una marioneta en manos de Puigdemont y la CUP. En un altavoz de la propaganda. El 1-O fue el ejemplo más clamoroso. Como ha puesto de manifiesto Redacción Médica, Comín y el Govern se esmeraron más en difundir partes de heridos el día del referéndum ilegal que meses antes, cuando sucedieron los terribles atentados de Las Rambas de Barcelona y Cambrils.

¿Cómo es posible que en solo 24 horas Salut se organizara para dar y actualizar información sobre 700, 800 y casi mil heridos en toda la autonomía, y no hubiera una respuesta similar ante un atentado terrorista en el que los heridos fueron muchos menos?

¿Por qué esos partes del 1-O se dieron en varios idiomas como francés e inglés y los de los atentados, con víctimas de diversas nacionalidades, no? ¿Se intentó confundir a los medios de comunicación internacionales refiriéndose a la Consejería como el Ministerio de Salud de Cataluña?

Son preguntas que solo se responden de una forma lógica enmarcándolas en la propaganda política. Y ése es el demérito (o el mérito, depende de la perspectiva) de Comín. El 1-O no dudó utilizar el Departament de Salut como altavoz de la propaganda para transmitir a la comunidad internacional una sensación de represión y de violencia policial. Si no estaba orquestado de antemano no se entiene el desbarajuste informativo el día de los atentados y la 'maquinaria suiza' desplegada con los partes de heridos en la jornada del 1-O.

El mercadeo con víctimas y pacientes debe ser condenado en cualquier situación y circunstancia. Y no hay fines políticos ni sociales que lo justifiquen. Ni los que persiguen Puigdemont y Comín, ni los de nadie.

Para la historia del sistema sanitario de Cataluña quedará este triste capítulo. Una sanidad que ha presumido con razón durante décadas de estar a la vanguardia asistencial no solo de España, sino de Europa en muchos aspectos. Que ha sido referencia mundial gracias a sus innovaciones en el ámbito hospitalario y de Atención Primaria. Ese sistema, esos profesionales y esos pacientes no merecen bajo ningún concepto ser utilizados de una forma tan burda, como un mero y cutre altavoz distorsionador.

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