Tras la celebración del más reciente
Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, al final monográfico acerca de la
huelga médica por la negociación del Estatuto Marco, el nuevo capítulo de esta circunstancia que tiene a todo el sistema sanitario en vilo se desarrolla en torno a quién es el
posible mediador entre el Ministerio de Sanidad y los sindicatos convocantes de los paros.
La opción del
Foro de la Profesión Médica ha quedado muy tocada por la negativa sindical a seguir adelante con el pacto alcanzado a comienzos de marzo, algo que además
derivó en la salida de este órgano de la presidenta de los estudiantes de Medicina, que aunque dijo dimitir por motivos personales, dejó para la posteridad una carta interna en la que criticaba duramente la actitud de la
Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). Se ha visto que este Foro, a pesar de la buena voluntad de algunos, tiene poca capacidad de maniobrabilidad en este caso, porque CESM se juega mucho y no puede ser parte del conflicto y al tiempo mediador; y porque otros actores profesionales como el
Consejo General de Colegios de Médicos tienen demasiados lazos personales con CESM como para lograr la verdadera independencia que se necesita para mediar.
De esta forma tres consejeros (que como todos sus colegas están sufriendo en 'sus carnes' la huelga más que el propio Ministerio), los de
Euskadi,
Canarias y
Castilla-La Mancha, han puesto sobre la mesa otra posible derivada:
los pacientes.
Se ha hablado durante años del papel que estos tienen en el
Sistema Nacional de Salud (SNS), siempre con el mantra generalizado de que deben estar en el centro, pero a la hora de la verdad muy pocas veces se las da un protagonismo en las decisiones, cuando en el fondo se supone que el propósito último es que sean receptores de la mejor asistencia posible.
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"Cabe preguntarse si no estamos ante la ocasión ideal para dar a este colectivo el tan comentado protagonismo que hasta ahora se les ha estado hurtando por un cierto paternalismo generalizado desde otros protagonistas del SNS"
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La ministra
Mónica García captó al vuelo la propuesta de que sea la
Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) la que pueda ejercer este rol mediador, pero la idea no parece haber gustado a las Consejerías gobernadas por el PP, como adelantaron
Madrid y
Extremadura. Más allá de razones poíticas, que las habrá, en el fondo subyace la cuestión de si los pacientes no ostentan ese
cariz profesional que ha de tener un mediador, tal y como la sociedad reconoce este perfil en otros ámbitos de resolución de conflictos.
En España, desde tiempos del añorado
Albert Jovell a comienzos del siglo, los pacientes se han ido dando cuenta de la necesidad de una
visión estratégica común, más allá de patologías puntuales, conscientes de que aunar su voz con una perspectiva global era mejor que atomizarse en busca de intereses más particulares. Y han ido profesionalizando sus estructuras.
El testigo de Jovell, aunque imposible de emular por su carisma y liderazgo, lo han recogido otras organizaciones, dándole su estilo. La POP ha andado su propio camino durante más de una década, con perfiles muy profesionalizados como
Tomás del Castillo y
Carina Escobar. Ambos provenían como ejecutivos del mundo social, pero también empresarial, y ese
mix lo han sabido trasladar a su organización, superando poco a poco obstáculos propios de quien aspira a dirigir una plaza pública que reúna muchos intereses individuales. También ha andado un largo recorrido en este sentido
Andoni Lorenzo en el
Foro Español de Pacientes.
Con este bagaje se antoja difícil no hablar de profesionalización en la POP, y justificar que los pacientes no están maduros para que sean un mediador a la altura de la ocasión. ¿Son parte interesada? En que se resuelva la huelga médica sí, desde luego, pero no parece que estén escorados del lado del Ministerio de Sanidad, ni hacia el de los convocantes de la huelga. A priori, esta Plataforma de Organizaciones de Pacientes presenta
un perfil ideal como mediador por ser equidistante, y cabe preguntarse si no estamos ante la ocasión ideal para dar a este colectivo el tan comentado protagonismo que hasta ahora se les ha estado hurtando por un cierto
paternalismo generalizado desde otros protagonistas del SNS.
Queda bien y es 'buenismo' que el paciente pueda moderar una mesa de debate con profesionales gestores y políticos, o tener un turno de intervención en una jornada, pero en las decisiones que no interfiera. ¿Es eso?
¿Cómo caería en la
opinión pública el rol de mediador de la POP en la huelga médica, más allá de las salas de máquinas y control habituales del sistema sanitario? Pues seguramente bien, porque sería ver que todos (porque todos somos pacientes potenciales en esta
sanidad universal que afortunadamente aún tenemos) estamos implicados en la resolución de una situación que nos afecta al ir al
centro de salud, al hospital, a nuestra cita con una prueba diagnóstica. Pacientes intercediendo por el bien de los pacientes.
Es muy difícil negar esta posibilidad ante la opinión pública, porque es lo mismo que decir aquello de todo para el pueblo, pero sin el pueblo; una suerte de
despotismo ilustrado aplicado a un sistema sanitario tan acostumbrado al mencionado paternalismo con los pacientes.
¿Y si las autoridades les deniegan de nuevo la oportunidad de ser protagonistas del SNS con un estatus real de influencia?
Si se sigue vetando esta posibilidad, la próxima vez que algún consejero, ministro o responsable sanitario diga que los pacientes están en el centro, ya nadie se lo va a creer, y además va a causar sonrojo.