11 dic 2018 | Actualizado: 21:10
Sí, hace escasamente un año yo también estaba con los nervios a flor de piel. Lo cierto es que a día de hoy no tanto como mis compañeros que se presentan al temido examen MIR, puesto que a mi generación el Ministerio nos concedió, no sé muy bien por qué motivo, una semana más de tregua. Tregua, si puede llamarse así, porque llegados a este punto, el nivel de estrés y cansancio es tal que sólo sueñas con hacer el examen y poner (en el mejor de los casos) un punto y aparte a tan preciada aventura. Porque prepararse el MIR es, sin duda, una ardua tarea… Horas interminables de estudio, esquemas, exámenes de otros años, simulacros… todo ello sazonado con ese aire de competitividad que se respira en toda prueba a la que se presentan unos 13.000 médicos para unas 6000 plazas en toda España (según datos de mi MIR 2015/2016).

Y si como siempre nos repiten las academias mucha de esa gente no ha invertido, ya no digo el 100 por ciento, sino el 95 por ciento de su tiempo en preparar el examen. No obstante, tú no aciertas en pensar de ese modo porque te ves solo ante el peligro y piensas que todo el mundo irá mejor preparado que tú y correrá mejor suerte que tú. Entras así en un bucle en el que sólo importas tú mismo y tu examen: el resto del universo hace unas semanas que ha dejado de existir para ti. En mi caso, dejó de hacerlo más o menos en ese preciso momento en que desapareció de mi agenda el preciado 'día libre semanal' durante la preparación: el domingo. Ese día glorioso al que pospones todos tus planes de varios días y que te devuelve, en parte, a la vida terrenal. Ese día que, llegados a la última fase de la preparación, las academias te arrebatan sin el más mínimo de los oxígenos porque el temido día se acerca, y hay que tomarlo muy (más) en serio.

Llegados al final de semejante carrera, diría a mis compañeros que se relajen, que disfruten (sí, que disfruten) de su momento. El momento de aprovechar tanto conocimiento adquirido a base de esfuerzo y dedicación y que lo celebren, sobre todo, como bien lo merece. Por detrás quedan meses de estrés y estudio incansable, pero por delante queda todo.

Ánimo y toda la suerte del mundo.