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Opinión > Diario de un MIR reincidente

¿Y tú...a qué te dedicas?

Daniel Orts, licenciado en Medicina y candidato reincidente al examen MIR
Miércoles, 29 de noviembre de 2017, a las 10:00
Hola, me llamo Daniel Orts, y estoy preparando el MIR por segunda vez. Soy yo, rodeado de otros opositores, en una sala diáfana donde nos hemos sentado en círculo con sillas baratas. Me saludan al unísono y aplauden mi valentía por compartir una situación tan desfavorecida, como un grupo de alcohólicos o toxicómanos en rehabilitación.

Es una fantasía, desde luego, pero en muchas ocasiones me asalta ese sentimiento de fracaso, de marginalidad, cuando un conocido me hace esa clásica pregunta. "¿Tú qué haces, a qué te dedicas?" Hace dos años estaba en 6º de Medicina, y la respuesta era sencilla: Estoy estudiando Medicina y es mi último año.

Si fuera residente, la respuesta también sería directa: "Estoy trabajando en el hospital como médico, haciendo la residencia en esta especialidad". Pero cuando estás estudiando el examen MIR, la respuesta nunca es sencilla ni directa, especialmente cuando hablas con alguien que no conoce cómo funcionan las cosas. ¿Cómo explicarle a alguien que estás suspendido en una especie de Limbo médico, a medio camino entre el estudio y el trabajo? ¿Qué estás estudiando pero fuera de la Universidad? ¿Qué es como una oposición pero sin la garantía laboral de una oposición corriente?

Me viene a la mente, aunque resulte melodramático, aquella frase que pronunciaba el Capitán Barbossa en la primera película de Piratas del Caribe. El Capitán avanzaba con su sonrisa de dientes desemparejados y explicaba su maldición pirata en estos términos: "No pertenecemos al reino de los vivos, por lo que no podemos morir... pero tampoco estamos muertos. Hace mucho que no puedo sofocar mi sed cuando estoy sediento. Hace mucho que muero de hambre y no consigo morir. No siento nada... ni el viento en la cara ni la espuma del mar. Tampoco el calor de la compañía de una mujer..."

Luego revelaba su aspecto decrépito de zombie bucanero a la luz de la luna, que son un poco las pintas que llevo yo tras una semana intensa de estudio sin ducharme ni afeitarme ni sacarme el pijama, pero la cuestión del asunto es esa sensación de no pertenecer a ningún sitio.

La extraña ubicación de ninguna parte. Como opositor MIR eres nédico, ¡faltaría más! Tus buenos años te ha costado sacarte el título. Pero a la vez, no has ejercido como tal. Sólo has visto a pacientes de lejos, como estudiante en prácticas. Quizá si tuviste suerte y el adjunto al que le fuiste asignado, como un cachorro lastimero, se apiadó de ti... quizá pudiste explorar por completo a un paciente o dos, o incluso hacerle la historia clínica y el seguimiento.

Por mi parte, y tras seis años de carrera, la experiencia hospitalaria más médica que he tenido fue el día en que me leí las historias clínicas de todos los pacientes de la planta de Oncología porque me aburría, y cuando el cirujano me dijo "lávate y me vas a ayudar en esta operación". El resto de ocasiones eran amables charlas con pacientes, exploraciones incompletas y condicionadas (todos los estudiantes hemos mentido cuando hemos puesto el fonendoscopio en el pecho del amable anciano y el cardiólogo nos ha preguntado: "¿Escuchas ese soplo mitral?". Y tú: "¡Claro que lo oigo!". Aunque estuvieras cogiendo el fonendo al revés, no se iba a pensar ese médico que tú eras tonto y sólo sabías de sémiología cardíaca lo que te habías estudiado la tarde anterior)

Si estudiar el MIR ya te deja algo descolocado para rendir testimonio ante los que te preguntan qué es de tu vida, imagina tener que justificar que lo estás estudiando por segunda vez porque el año pasado no pudiste sacar plaza. "No me dio la nota" son las cinco palabras que sentencian más de nueve meses de preparación. Te partiste los cuernos estudiando, pero el día del examen no diste la talla. Un fracaso, otro año más de estudio.

Sigo a día de hoy sin saber qué responder exactamente cuando alguien me pregunta a qué me dedico, qué hago, qué es de mi vida.

Sólo me queda respirar hondo, sonreírle y empezar mi monserga diciendo: "Verás, en España cuando acabas la carrera estás prácticamente obligado a hacer un examen para trabajar en el hospital... "

Barbossa lo tenía mucho más fácil. Él sólo tenía que decir que era un pirata zombie maldito por robar unas monedas de oro hechizadas por magia negra. Yo tengo que explicar primero los fundamentos educativos de la sanidad nacional y describir conceptos como "troncalidad" "periodo formativo de residencia" o "elección de plaza según el ordenamiento por número de examen".

Pero ambos tenemos en común que ya no sentimos el viento en la cara ni la espuma del mar. No pertenecemos al mundo de los médicos, por lo que no podemos trabajar, sólo estudiar, pero tampoco somos estudiantes.

Soy Daniel Orts. Estoy preparando el MIR por segunda vez, y si no me lo tomo con humor, quizá no llegue vivo a febrero.