15 dic 2018 | Actualizado: 19:00
sáb 28 julio 2018. 20.00H
Esther Ortega
Cuando Sergi,  médico de 50 años, empezó a encontrarse mal hace ocho, sus compañeros decidieron avisar al Colegio de Médicos de Barcelona para que tomara cartas en el asunto y protegiera  tanto la salud de su colega como la de los pacientes. La suya es una de las historias que ha recibido durante los últimos 20 años esta institución, pionera en la creación de un área para ayudar a médicos enfermos: "En el año 1998, se empiezan a recibir denuncias y se llega a la conclusión de que están relacionadas con un tema de drogas y  adicciones. Se decide que hay que tomar unas medidas que no sean solo las de reprimir y castigar a esos pacientes, sino ayudarles a superar su problema. Esa es la génesis del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo", explica  Eugeni Bruguera, director médico del centro donde son atendidos los pacientes del programa.

A lo largo de los años, la sociedad se ha creado una imagen del médico que lo convierte en un 'superhéroe' ajeno a los problemas que se encarga de solucionar. Sin embargo, el día a día se encarga de mostrar una realidad totalmente distinta. Y es que cada vez son más los facultativos que recurren a ayuda profesional para solucionar problemas relacionados con la Salud Mental tales como la depresión y las adicciones, que mayoritariamente achacan al exceso de trabajo y el peso de la responsabilidad que supone velar por la salud de los demás.

"El 20 por ciento de la demanda es por casos de adicciones y, en cambio, si vemos las patologías que nos han obligado a aplicar medidas de tipo colegial son el 80 por ciento. A pesar de que la demanda por problemas de adicción sea menor, son los casos que van a dar más conflictos y deben ser seguidos con mayor atención", detalla el director del centro, que controla bien las cifras de su programa para estudiar la evolución. "En estos momentos, estamos realizando unas 300 primeras visitas anuales y el volumen de pacientes a los que estamos atendiendo (primeras visitas más seguimientos) sube hasta los 1.000 pacientes en tratamiento. Esta cifra ha crecido respecto a los primeros años, en los últimos 3 ó 4, el número de primeras sigue creciendo. en este último año hemos tenido un 20 por ciento de crecimiento, aunque en los pacientes de seguimiento hay una estabilidad". 

"Tienes unos síntomas o problemas por los que cualquier persona iría al médico a consultar. En mi caso, tenía un exceso de trabajo, presión en el servicio y mal ambiente con algunos compañeros, lo que acabó repercutiendo en mi salud: no podía dormir y en el trabajo estaba con mucha ansiedad y dolor en el pecho", recuerda el ahora anestesiólogo.

"El problema de los médicos es que nos autodiagnosticamos, mal, y nos autoprescribimos, también mal. Sabemos hacerlo muy bien pero a un paciente ajeno, no a nosotros mismos. Empecé a tomar ansiolíticos para el estrés e hipnóticos para dormir, hasta el punto de tomar opiaceos para estar tranquilo por la noche", confiesa el médico, que se podía haber evitado esa adicción: "Si hubiera consultado, como hice después, me hubieran diagnosticado una depresión y tratado con un simple antidepresivo, que me curó todo a posteriori"

SOSPECHAS EN EL TRABAJO

Los compañeros del anestesiólogo comenzaron a ver cambios sospechosos en su comportamiento. "Empecé a tomar cosas cada vez más potentes y los compañeros del trabajo me preguntaban si me pasaba algo, porque notaban cambios en mí, o me veían muy dormido o muy espídico", recuerda Sergi, ahora consciente de su inestabilidad: "Cuando alguien dice 'yo controlo', es el primer síntoma de que estás descontrolado. Y ellos decidieron ponerse en contacto con el Colegio de Médicos de Barcelona para avisar de que un compañero no se encontraba bien".

El Colegio le llamó y le citó para una primera evaluación: "Me lo explicaron muy bien todo y me dijeron que, si quería seguir trabajando, tenían que garantizar la salud de los pacientes y la mía propia. Para ello, tenía que hacer una parada y seguir un tratamiento", explica col calma Sergi, agradecido por su ayuda: "Primero me curaron la depresión y luego la adicción a los opiaceos y los antidepresivos", recuerda el médico, que estuvo fuera de consulta unos meses mientras se recuperaba. 

"Llevo casi ocho años de abstinencia. Lo primero que te dicen en el programa es que aceptar que estás enfermo  cambiar los hábitos de tu vida, yo trabajaba 70 horas y el nivel de estrés era elevadísimo aunque yo no lo viera". Sergi decidió reducirse las horas y volver a hacer deporte. Y ahora se siente protegido gracias al programa. 

CAMBIO DE NOMBRE

"Para conciliar una atención en regimen de confidencialidad a nuestros pacientes, en el momento que solicitan ayuda, por ejempo, se les cambia el nombre para garantizar su anonimato y, al mismo, existe un compromiso desde el punto de vista asistencial por el que, si detectamos problemas con riesgo para la praxis, tomamos las medidas colegiales oportunas", explica Eugeni, que ha visto cómo el programa piloto de Cataluña se extendía por todo el país: "En ese acto, el paciente se compromete a seguir el tratamiento, el Colegio a ser vigilante de ese proceso; y al equipo se le exige tambien que, en el caso de no ir bien las cosas, informe al Colegio con el objetivo de tomar las medidas oportunas". A lo largo de estos veinte años se han ido incorporando otros colectivos sanitarios como enfermeros, psicólogos o farmacéuticos; y estamos por encima de los 4.000 pacientes atendidos. 

"Tenemos muy estudiadas las patologías que más se repiten y los médicos es un colectivo que enferma como todo el mundo aunque con alguna diferencia. Por ejemplo, tienen menor consumo de sustancias ilegales pero más consumo de las legales y, por lo tanto, mayor riesgo de desarrollar problemas de adicción a sustancias como las benzodiacepinas, tranquilizantes y mórfico" explica Eugeni, que añade: "Y hay un hecho importante y es que los profesionales sanitarios están sometidos a niveles de estrés más altos que la población general y hay  más riesgo de caer en ansiedad o depresión".

VOLUNTARIEDAD 

Los pacientes pueden acudir de forma voluntaria o pueden hacerlo de un 'modo inducido', es decir, con una cierta presión externa, ya sea de la familia o sea desde el lugar del trabajo. "Durante los primeros años, probablemente porque el colectivo médico vivía este programa sin saber bien qué iba a pasar, había alrededor de un 20 por ciento de pacientes que acudían de forma inducida.  Es ha ido reduciéndose en el tiempo y ahora estamos en un punto fijo en el que el 90 por ciento de la demanda es absolutamente voluntaria", explica el director, que destaca esa voluntariedad de los propios pacientes.

"En el 10 por ciento de los casos, prácticamente, nos encontramos a un paciente que acude voluntariamente -porque nosotros no tratamos a nadie de forma obligada- pero nos dice que el gerente o el jefe de servicio son los que le han dicho que no estaba bien. Es lo que nosotros llamamos "demanda voluntaria inducida", en la que existe una presión externa y nos obliga a estar más atentos de la evolución de ese paciente", ilustra el artífice de un programa que ha salvado la vida, personal y laboral de miles de trabajadores sanitarios. 


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