La herramienta detecta las áreas cerebrales que consumen más oxígeno



04 may 2015. 14.46H
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Redacción. Barcelona
El grupo de investigación liderado por el reumatólogo del Hospital del Mar de Barcelona, Jordi Monfort, ha creado, por primera vez en el mundo, una herramienta que identifica las regiones cerebrales donde se produce el dolor provocado por la artrosis y, en concreto, el fenómeno de la nocicepción central, tal y como ha explicado durante el Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Investigación en Artrosis (Oarsi, por sus siglas en inglés), celebrado en Seattle (Estados Unidos).

Jordi Monfort.

Cuando se produce dolor se origina un consumo de oxígeno en determinadas áreas del cerebro que, en ocasiones, hace que el retorno venoso contenga un “gran aporte” de sangre oxigenada. Esa diferencia de presión de oxígeno es lo que los investigadores han conseguido observar a través de imágenes creadas por la herramienta.

“El dolor tiene tres dimensiones: analgésica, emocional y cognitiva. Gracias a este método hemos sido capaces de transformarlas en imágenes y ver en qué regiones se produce con el fin de descubrir la dimensión del dolor que estamos tratando y, a partir de ahí, realizar intervenciones con fármacos para modificar el patrón. Es, por tanto, una manera más objetiva de tratarlo respecto a la que venimos haciendo hasta ahora”, ha apostillado.

Para llevar a cabo el estudio, se analizó la respuesta de 30 personas sanas, 30 pacientes con artrosis sensibilizados al dolor y otros 30 no sensibilizados. A todos ellos se les sometió a presión en la interlinea medial de la rodilla, en la tibia y, además, se les puso calor en el brazo. De esta forma, los investigadores pretendían comprobar la posibilidad de que, aunque el dolor se produzca en un sitio localizado, en el cerebro se crean circuitos redundantes que provocan dolencias en otras partes del cuerpo.

Así, descubrieron que cuando se les presionaba en la interlinea medial no se producía ninguna diferencia entre los artrósicos sensibilizados y los no sensibilizados, al igual que cuando se les administraba calor en el brazo. Sin embargo, sí hallaron “importantes” diferencias cuando se presionaba la parte de la tibia, afectando más a los pacientes sensibilizados.

“Se trata de un método muy interesante que, cuando se lleve a la práctica clínica, facilitará el tratamiento de esta enfermedad, porque vamos a ser capaces de saber qué partes son las que les duelen a los pacientes y cómo hay que abordarlas, si desde el punto de vista farmacológico, psicológico o con otras terapias”, ha recalcado el experto.
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