Tres expertos analizan la necesidad de integrar a esta figura en el seguimiento médico de los pacientes

Redacción Médica pregunta a tres expertos sobre la necesidades de integrar a psicólogos clínicos en el seguimiento a personas con VIH.
Javier de la Fuente, especialista en medicina Interna; Belén González, comisionada de salud mental y Dolors Liria, es miembro de la División de Psicología de la Salud del COP.


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Las enfermedades crónicas aumentan el riesgo de suicidio. Factores asociados, como la pérdida de movilidad, el dolor crónico o, en muchos casos, la pérdida de poder adquisitivo, contribuyen a incrementar ese riesgo. En el caso concreto de los pacientes que sufren el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), el riesgo de suicidio es tres veces mayor que el de la población general. Este mes de marzo, el Consejo de Ministros acordó aumentar la dotación de la Dirección General de Salud Pública y Equidad en Salud para la financiación de programas de prevención y control del VIH y las infecciones de transmisión sexual (ITS). En total, serán cuatro los millones a distribuir.

En este contexto, cabe reflexionar no solo acerca de la prevención, sino también del seguimiento médico que se ofrece a las personas que conviven con la enfermedad. Así, los expertos consultados por Redacción Médica coinciden en la necesidad de integrar una figura clave en el circuito asistencial: la del psicólogo clínico. “Como ya ocurre en ámbitos como la Oncología, la figura del psicólogo es crucial en pacientes con otras enfermedades crónicas como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares o las de tipo inflamatorio”, cuenta a este medio Dolors Liria, miembro de la División de Psicología de la Salud del Consejo General de la Psicología (COP).

“El acompañamiento psicológico en estos casos no debe verse como algo complementario, sino como un elemento clave en la atención de las personas que padecen alguna de estas enfermedades, desde la prevención, el acompañamiento y el tratamiento psicológico cuando es requerido”, matiza. Por su parte, el comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, que también ha sido consultado por este periódico, comparte esta postura e insiste en que el Ministerio aboga por “un abordaje interdisciplinar centrado en la persona”. “Este enfoque debe incorporar de manera explícita la dimensión psicológica y emocional de quienes atraviesan enfermedades graves, crónicas o asociadas a estigma”, remarca.

¿Cómo afecta el estigma a los pacientes con VIH?


Y es precisamente sobre el estigma donde pone el foco la psicóloga, que explica que este “genera un malestar en la relación con los demás, lo que puede conllevar aislamiento social”. Además, añade que el diagnóstico suele vivirse como un antes y un después, con implicaciones muy relevantes en la vida, pudiendo afectar considerablemente a la autoestima y a la esfera relacional. “El hecho de ser una enfermedad crónica también puede afectar de forma significativa al día a día y al bienestar psicológico”, afirma.

En este punto, saber detectar los riesgos psicológicos que conlleva se convierte en algo esencial. De esta forma, Liria insiste en que los profesionales de la psicología deben identificar el malestar emocional, los signos de alerta, las dificultades de adaptación al tratamiento y, en algunos casos, también las ideaciones suicidas. “Contribuye a una atención más completa”. No obstante, en este punto, Javier de la Fuente, especialista en medicina interna y miembro del Grupo de trabajo de enfermedades infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), resalta que la atención psicológica debe garantizarse en los casos en los que sea necesario, pero no prestarse de forma sistemática. "Tiene unas connotaciones especiales, pero no siempre se necesita ese soporte", asegura.

El experto reconoce que en el caso del VIH, al igual que en otras enfermedades crónicas, hay momentos a lo largo del proceso asistencial en los que ese acompañamiento puede ser más necesario, pero insiste en que apoyo psicológico "debe ajustarse a cada situación individual". Sobre esto, la psicóloga, al preguntarle por el abordaje terapéutico, también destaca la importancia de entender las características personales de cada paciente y siempre “en coordinación con el equipo médico, contemplando un seguimiento en los diferentes momentos del proceso”

Esto implica no solo el momento del diagnóstico, donde la experta señala que "es importante contener el impacto emocional", sino también poder hacer un "seguimiento para identificar los momentos más críticos, como pueden ser cambios en el tratamiento o los debidos a momentos vitales difíciles, en los que sea oportuno ofrecer atención psicológica".

En esta misma línea, desde el Ministerio de Sanidad sostienen que el sufrimiento psíquico forma parte del proceso de enfermedad y, por tanto, todos los profesionales sanitarios han de contar con competencias para ofrecer un acompañamiento integral que atienda también a la dimensión emocional. “En este marco, los psicólogos clínicos pueden y deben formar parte de los equipos multidisciplinares cuando sea necesario”, afirman. No obstante, también advierten de que el acompañamiento al sufrimiento psicológico debe ser una responsabilidad compartida por el conjunto de los profesionales sanitarios. Así, el resto de profesionales sanitarios deben ser capaces de reconocer las señales de alarma.

De la Fuente, defiende que en la práctica clínica diaria se pueden detectar cambios importantes en el estado anímico del paciente. “Si existe preocupación por la salud mental o por el impacto de las enfermedades crónicas en los pacientes, es fundamental incorporar de forma habitual preguntas sobre su esfera más personal. Aspectos como el descanso, la percepción de futuro, las relaciones sociales o posibles situaciones de aislamiento y soledad deben abordarse en la consulta", concluye.
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