23 de octubre de 2017 | Actualizado: Lunes a las 15:00
Especialidades > Neurología

El ojo, un biomarcador precoz para el diagnóstico de párkinson y alzhéimer

Las retinas son un indicador importante por las alteraciones que sufren en pacientes con enfermedades neurodegenerativas

El director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo, José Manuel Ramírez Sebastián
El ojo, un biomarcador precoz para el diagnóstico de párkinson y alzhéimer
Redacción
Lunes, 19 de junio de 2017, a las 13:00
El ojo puede servir como biomarcador precoz para diagnosticar enfermedades neurodegenerativas como alzhéimer, párkinson y glaucoma, que comparten idénticos mecanismos patogénicos: estrés oxidativo, daño mitocondrial, excitotoxicidad por glutamato, procesos de agregación proteica y activación glial, que causan alteraciones en la retina y en la vía visual. Así, lo ha asegurado el director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo, José Manuel Ramírez Sebastián, en su discurso de ingreso El ojo, una ventana al cerebro, en la Real Academia de Doctores de España (RADE), como académico correspondiente.

Dado que el ojo es una extensión del cerebro, señaló Ramírez, “buscar manifestaciones oculares en patologías cerebrales parece razonable. De hecho, se han detectado varios cambios oculares, que se han caracterizado a través de evaluaciones oftalmológicas en pacientes con trastornos del sistema nervioso central, tales como alzhéimer, ictus, esclerosis múltiple y párkinson”. En muchos de estos trastornos, agregó, “las manifestaciones oculares preceden a menudo a los síntomas cerebrales, lo que parece indicar que las exploraciones oculares podrían ofrecer un medio de diagnóstico precoz”.

El párkinson como trastorno neurodegenerativo crónico se asocia principalmente con disfunción motora, pero también implica síntomas no motores que pueden incluir déficits visuales. Tales deficiencias pueden manifestarse en disminución de la sensibilidad al contraste, alteración en la visión del color y respuestas anormales en las pruebas electrofisiológicas. Las retinas de los pacientes con párkinson presentan, entre otras, alteraciones de los fotorreceptores y de las células ganglionares de la retina.

Las primeras anormalidades en el sistema visual de los pacientes de alzhéimer se observaron en la década de los 70, continuó Ramírez, e inicialmente se consideraron una disfunción a nivel cortical. Pero los estudios de los últimos 30 años han revelado que todas las partes del sistema visual podrían estar afectadas, incluyendo el nervio óptico y la retina. “En esta patología se han observado cambios anatómicos a lo largo de toda la vía visual y sus correspondientes cambios funcionales. El alzhéimer puede afectar a diferentes aspectos del procesamiento visual, en consonancia con el impacto de la enfermedad en las regiones dorsales y ventrales. Los pacientes que tienen dañada la región dorsal tienen afectadas funciones como la discriminación angular y la percepción del movimiento, y si lo que está dañado es la región ventral, se produce un deterioro en la discriminación de caras, colores y formas”, añadió.

La retina, detectora del alzhéimer

Como indicó Ramírez, existe consenso actualmente en que, probablemente, en el alzhéimer la corteza visual primaria se afecte después de alcanzar otras regiones corticales, excepto en una variante que se manifiesta con síntomas visuales tempranos; sin embargo, se han documentado, entre otros efectos: acumulación de placas, ovillos neurofibrilares o disminución del número de neuronas y de densidad de capilares.

La mayoría de los estudios publicados han dado como resultado que la sensibilidad al contraste está reducida en enfermos de alzhéimer en todas las frecuencias espaciales analizadas. "El papel de esta capacidad visual se subestima a menudo aunque es muy importante para la vida cotidiana de los ancianos y para predecir y evitar el riesgo de caídas", apunta el director del Instituto de Investigaciones Oftalmológicas Ramón Castroviejo.

Gracias a la tomografía de coherencia óptica, la capa de fibras nerviosas, las células ganglionares y las capas internas de la retina se consideran biomarcadores indirectos del sistema nervioso central, lo que permite predecir hallazgos cerebrales patológicos en los pacientes que sufren diferentes enfermedades neurológicas. Todos los estudios realizados con esta técnica muestran una reducción significativa del espesor de la capa de fibras nerviosas de la retina en afectados de alzhéimer.