Gerard Tobías-Rossell, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (ICMAB).
Si pensamos en un material como el
oro, probablemente la primera imagen que dibuje nuestra mente no tenga que ver con un laboratorio. Sin embargo, este material, a escala nanométrica, ha demostrado capacidad para multiplicar el alcance de algunos tratamientos como la
protonterapia, haciéndola más precisa, personalizada y con menor cantidad de efectos secundarios. Un paso clave de cara a abordar uno de los
tumores cerebrales más comunes como es el el
glioblastoma, conocido por su naturaleza agresiva y su rápido poder de crecimiento.
La localización crítica de este tumor, cercano a zonas vitales, unida a su naturaleza infiltrativa -con capacidad metastásica-, hacen de su tratamiento un desafío para los profesionales, inmersos en la búsqueda de un enfoque terapéutico que ayude a
elevar la supervivencia asociada a este tipo de cáncer. Como investigador del CSIC, Gerard Tobías espera poder hacerlo en un futuro, gracias al estudio que está llevando a cabo en el
Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (Icmab), centrado en el desarrollo de
nanopartículas de oro nanoestructuradas que permitan aumentar el "efecto terapéutico de las mismas" en una terapia combinada de protonterapia.
Efecto multiplicador
El objetivo de crear una estructura, con una formulación concreta, no es otro que reducir la distribución de nanopartículas por todo el cerebro. Según explica, cada una de estas unidades microscópicas llevará un
anticuerpo en su superficie capaz de reconocer "una proteína muy abundante en células de glioblastoma pero mucho menos en células sanas". Una vez dicho anticuerpo "identifique esa proteína en la célula tumoral, se fijará a ella y la nanopartícula será internalizada de manera preferente por el tumor". Será ahí, una vez dentro del tumor, cuando el oro demuestre su potencial como
multiplicador de energía, ya que, "el choque de los protones contra este material genera electrones secundarios y otros procesos que
incrementan el daño que recibe la célula tumoral", detalla.
Lo que se espera con esto es conseguir un impacto terapéutico mayor sobre el tumor, con dosis más bajas de protones gracias al poder de las partículas para
amplificar el efecto del tratamiento. O lo que es lo mismo, más resultados con menos recursos. Así mismo, desaparece la necesidad de incrementar la irradiación global, ya que está previsto que las nanopartículas se queden en la zona a tratar y actúen solo cuando reciben el haz de protones, por lo que la "acción ocurrirá de forma muy localizada" y se
reducirá el riesgo de necrosis en tejidos sanos alrededor del tumor.
Menos efectos secundarios
El resultado de este enfoque será una protonterapia de "mayor precisión" y más personalizada, ya que las nanopartículas no solo ayudan a aumentar la focalización sino que también pueden
adaptarse al perfil molecular de cada tumor, sin depender del "efecto pasivo". Incluso si el tejido no permite una buena llegada de fármacos por vía sanguínea, la "administración directa o guiada permitiría que las
nanopartículas lleguen donde deben". Además, el hecho de disminuir las dosis requeridas de radiación traerá consigo una reducción de los efectos secundarios asociados a este tipo de terapias, como problemas neurológicos y pérdida de funciones.
Para evaluar este enfoque innovador, el Icmab ha unido fuerzas con el
Hospital Vall d'Hebron a la hora de utilizar su
equipo de prontonterapia, uno de los dos que se han instalado en Cataluña y de los 13 que se esperan incorporar en todo el mapa del Sistema Nacional de Salud. De momento, los
primeros resultados, tanto in vitro como en modelos animales tratados con radioterapia convencional, resultan
"muy prometedores" en palabras del profesional, que ya mira a completar los estudios de seguridad, eficacia y biodistribución específicos para protonterapia.
Intercambiable para atacar otros tumores
Y es que, además de demostrar la eficacia de esta terapia para poder comenzar los ensayos clínicos, otro de los retos será "
garantizar la producción a gran escala
manteniendo calidad y coste bajo ya que por el momento únicamente hemos preparado las nanopartículas en laboratorio".
Aunque el glioblastoma es el primer objetivo a batir, la
alta versatilidad que ofrece esta tecnología podría ampliar su rango de acción en un futuro, cambiando, únicamente, la molécula que actúa como guía: "Para
tratar otros tumores se debería sustituir el anticuerpo por otro que reconozca una proteína sobrexpresada en el cáncer de interés", avanza Tobías.
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