Neurología los plantearía si llegan nuevos fármacos en casos de "antecedentes familiares o comorbilidades asociadas"

"Los cribados en alzhéimer no tienen sentido sin terapias presintomáticas"
Pascual Sánchez-Juan, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN).


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La conveniencia de implantar programas de cribado poblacional para detectar demencias en fases presintomáticas -como el alzhéimer- vuelve periódicamente al debate sanitario. La cuestión ha sido recientemente planteada por Javier Padilla, secretario de Estado de Sanidad, que ha defendido que, en ausencia de intervenciones capaces de modificar sustancialmente la evolución de la enfermedad neurodegenerativa, el valor del cribado es limitado y debe priorizarse la agilidad diagnóstica en personas con síntomas. Una postura con la que coincide la Sociedad Española de Neurología (SEN).

"Cuando no tenemos una intervención que podamos ofrecer a individuos sin síntomas, el cribado no está justificado", explica Pascual Sánchez-Juan, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de esta entidad. "Hoy podríamos hacer un screening en población asintomática, incluso con biomarcadores en sangre que detectan la patología cerebral antes de que aparezcan problemas cognitivos evidentes", comienza diciendo, para luego matizar que, "mientras no se tengan fármacos que cambien el curso de la enfermedad en estas fases, no tiene sentido implantarlo a nivel poblacional".

El neurólogo insiste en diferenciar dos conceptos que a menudo se confunden en el debate público: el cribado en personas asintomáticas y el diagnóstico precoz en quienes ya presentan síntomas. "Estamos totalmente de acuerdo en que hay que acelerar el diagnóstico de las personas que ya tienen síntomas para poner en marcha todo lo que podemos ofrecerles a día de hoy. Pero eso no es un cribado, es una atención ágil al paciente sintomático", subraya.

Posibilidad de programa nacional de cribado


A juicio del neurólogo, teniendo en cuenta el contexto actual, a día de hoy "no sería coste-eficiente" establecer un programa de cribado a nivel nacional. Así, apunta que no hay "terapias que modifiquen de forma sustancial el curso de la enfermedad en personas sin síntomas". Por lo tanto, insiste, "no se justifica un cribado poblacional".

El escenario podría cambiar si los ensayos clínicos en marcha demuestran que los nuevos tratamientos son eficaces en fases presintomáticas. En ese caso, el planteamiento sería distinto, aunque complejo. "Probablemente no hablaríamos de un cribado masivo, sino dirigido a grupos de riesgo: personas con antecedentes familiares o con comorbilidades asociadas, como diabetes o patología cardiovascular", observa. Además, añade que "tendría que ser un cribado secuenciado: una prueba muy sensible como puerta de entrada -por ejemplo, biomarcadores en sangre- seguida de otras más específicas para confirmar".

Sánchez-Juan también señala que, "como en cualquier programa de detección", sí existiría "riesgo de falsos positivos y falsos negativos". Esta situación obligaría a "diseñar circuitos diagnósticos robustos y homogéneos en todo el territorio".

En este punto, el consenso entre Sanidad y Neurología es claro: reducir tiempos de espera, mejorar el acceso a consultas especializadas y coordinar recursos sociosanitarios son prioridades inmediatas y justificadas.

¿Está preparado el SNS?


La proyección de casos de demencia en las próximas décadas plantea un desafío estructural. "El incremento previsto es tal que prácticamente ningún sistema sanitario está plenamente preparado", reconoce Sánchez-Juan.

Más allá del debate sobre el cribado, considera prioritario que España cuente con un Plan Integral de Alzéimer renovado, tras caducar el anterior en 2023, que aborde prevención, diagnóstico, coordinación asistencial y acceso equitativo a los nuevos tratamientos modificadores del curso de la enfermedad en pacientes sintomáticos.

"La llegada de estos fármacos obliga a reorganizar el sistema: necesitamos Unidades de Memoria de referencia, capacidad para realizar biomarcadores y garantizar que en todas las comunidades autónomas se ofrezca el mismo acceso", asegura.

Prevención primaria: hasta un 40 por ciento de los casos


Mientras la prevención secundaria espera a que lleguen terapias realmente transformadoras, los expertos ponen el foco en la prevención primaria. "Se han descrito alrededor de 14 factores de riesgo modificables para la demencia, y se estima que actuando sobre ellos podría reducirse hasta en un 40 por ciento el número de casos", señala, aseguando que "hay mucho que se puede hacer si maximizamos el control de los factores de riesgo y reforzamos la promoción de la salud cerebral".

En este terreno, la Atención Primaria desempeña un papel clave, tanto en el control de comorbilidades como en la sensibilización de la población.

En definitiva, por ahora, el mensaje es prudente y compartido: sin terapias capaces de alterar de forma clara la historia natural de la enfermedad en personas asintomáticas, el cribado poblacional "no está justificado". La prioridad, coinciden Sanidad y Neurología, es otra: llegar antes y mejor a quienes ya empiezan a manifestar los primeros síntomas.
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