La
creatina es uno de los
suplementos más usados y estudiados en la Medicina del Deporte, pero su uso va más allá del ejercicio físico. Lo que mucha gente desconoce es que el cerebro comparte con los músculos una parte importante de su
química energética, y que la misma molécula que ayuda a un deportista a rendir más podría, en determinadas condiciones, tener resultados asombrosos en el mundo de la Psiquiatría.
Tanto es así que una nueva
revisión sistemática publicada en la revista
Brain Medicine plantea precisamente esa pregunta: ¿hay evidencia de que la creatina pueda ayudar en la
depresión? La investigación detalla que existen
resultados prometedores, pero que la evidencia no es concluyente.
En este sentido, el trabajo liderado por
Bassam Jeryous Fares, estudiante de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ottawa (Canadá), junto con Nicholas Fabiano y Stanley Wong, seleccionó seis publicaciones que recogían los datos de
cinco ensayos controlados aleatorizados.
Estos se habían llevado a cabo en Corea del Sur, Estados Unidos, Brasil, Israel e India, y reunieron en total a
238 participantes al inicio del estudio. De todos los ensayos, cuatro se basaron en el
trastorno depresivo mayor, mientras que otro incluyó a personas con trastorno bipolar que atravesaban un episodio depresivo.
Unos resultados mixtos
El balance de los resultados obtenidos de los estudios es desigual, pues dos informes, ambos procedentes del mismo ensayo con mujeres diagnosticadas de trastorno depresivo mayor, encontraron un
beneficio claro. Cuando se añadieron
cinco gramos diarios de creatina al tratamiento con el antidepresivo escitalopram, los síntomas depresivos mejoraron significativamente más que con placebo al cabo de ocho semanas.
El efecto fue considerable: la d de Cohen alcanzó 1,13 en la Escala de Calificación de Depresión de Hamilton, y un mayor porcentaje de pacientes logró la
remisión completa. En otro ensayo, combinar creatina con
terapia cognitivo-conductual produjo una reducción más pronunciada de los síntomas que la terapia más placebo. Sin embargo, los tres estudios restantes
no arrojaron ningún resultado favorable. Uno de ellos no detectó efecto alguno de la creatina en pacientes que ya no habían respondido a la medicación. Otro, que probó distintas dosis en adolescentes, tampoco encontró diferencias respecto al placebo.
El último, centrado en el trastorno bipolar, no halló beneficio terapéutico en ninguna de las escalas utilizadas. De hecho, dos de los pacientes bipolares que recibieron creatina
desarrollaron hipomanía o manía, lo que indica, según los investigadores, que el mismo compuesto puede
comportarse de manera muy distinta según el diagnóstico.
Ante estos resultados, Bassam Jeryous Fares, primer autor del estudio, afirma que "la señal es interesante, pero
no es un veredicto". "Dos ensayos apuntaron en una dirección y tres en otra. Ese no es el tipo de evidencia que justifica un cambio en la práctica clínica. Es el tipo de evidencia que indica que la cuestión
merece una mayor investigación".
La creatina contribuye a regenerar el trifosfato de adenosina (ATP).
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¿Por qué tiene sentido investigar la creatina en salud mental?
El cerebro es uno de los órganos con
mayor demanda energética del organismo, y la creatina contribuye a regenerar el
trifosfato de adenosina (ATP), la molécula que hace posible ese trabajo celular. Estudios previos en personas con trastornos del estado de ánimo han detectado
alteraciones en el metabolismo de la creatina cerebral, y se ha propuesto que un déficit en la producción de energía podría ser uno de los factores implicados en la depresión.
La creatina también podría actuar sobre las vías que regulan la
dopamina y la serotonina, los mismos neurotransmisores a los que apuntan la mayoría de los antidepresivos disponibles. Los propios autores son cautos al respecto. Señalan que la relación entre los niveles de creatina en el cerebro y el estado de ánimo es,
de momento, correlacional.
Limitaciones y próximos pasos
Los autores reconocen abiertamente las
limitaciones del análisis. Los ensayos fueron pequeños, la distribución por sexos fue desigual, ya que dos estudios incluyeron solo mujeres, y la calidad metodológica varió. Pues dos ensayos se consideraron con
bajo riesgo de sesgo, mientras que los otros tres generaron
cierta preocupación, principalmente por la forma en que se asignaron los pacientes y por cómo se gestionaron los datos incompletos.
De hecho, Nicholas Fabiano, uno de los investigadores explica que “la creatina parece ser una
intervención segura, pero todavía no podemos afirmar con certeza que ayude con los síntomas depresivos, ni si los hallazgos son generalizables a toda la población".
Lo que se pide ahora son
ensayos más grandes, de mayor duración, que combinen la creatina con el ejercicio físico y que exploren dosis más altas, aunque los investigadores advierten de que una mayor dosis no necesariamente equivale a un mejor resultado terapéutico. Por otro lado, también detallan una perspectiva interesante, pues en modelos animales, la creatina modificó el
comportamiento depresivo de forma diferente en roedores machos y hembras. Esto podría ayudar a explicar por qué los ensayos en humanos con mayor proporción de mujeres mostraron
resultados más favorables.
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