Fedea analiza el impacto de la soledad no deseada en los sistemas sanitarios

Fedea analiza el impacto de la soledad no deseada en los sistemas sanitarias. Los resultados del informe en Redacción Médica.
Sabela Siaba, autora del estudio 'Soledad y sobreutilización de recursos sanitarios: Evidencia basada en Europa'


La presión sobre los sistemas sanitarios no deja de crecer. Al envejecimiento de la población y al aumento de la cronicidad y la pluripatología se suma un factor que también incrementa la demanda asistencial: la soledad no deseada. El informe Soledad y sobreutilización de recursos sanitarios: Evidencia basada en Europa, publicado recientemente por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), analiza el impacto de este fenómeno en los servicios de salud y señala a la Atención Primaria como el nivel asistencial más afectado. En concreto, las personas que sufren soledad no deseada acuden al médico de familia una media de 1,27 veces más que quienes no la padecen. Ante esta situación, la conclusión es clara: las políticas públicas deben priorizar intervenciones sociales para reducir la soledad y mejorar el bienestar de las personas mayores.


La soledad no deseada, una amenaza a la salud mundial


La soledad no deseada no solo afecta al bienestar emocional, sino que también incrementa el uso de los servicios sanitarios. De hecho, las personas que la padecen pueden acudir al sistema de salud no solo por problemas médicos, sino también en busca de apoyo emocional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha situado la soledad entre las amenazas urgentes para la salud mundial. Además, la evidencia científica ya la había vinculado con un mayor riesgo de problemas de salud física y mental, deterioro cognitivo, limitaciones funcionales y una mayor morbilidad.

El estudio muestra que la relación entre la soledad y el aumento de las consultas médicas solo es estadísticamente significativa en los países con sistemas de gatekeeping, en los que el médico de Familia actúa como puerta de entrada al sistema sanitario. En estos países, las personas que sufren soledad no deseada realizan, de media, 1,27 visitas más a Atención Primaria que quienes no la padecen, lo que supone un incremento del 14 por ciento en los casos de soledad reciente y del 39 por ciento cuando esta se cronifica.

El estudio también detecta un mayor uso de la atención domiciliaria profesional. En concreto, la soledad incrementa un 47 por ciento la probabilidad de recibir este servicio en los países con modelo Beveridge y un 48  en los sistemas Bismarck, porcentaje que asciende al 66 por ciento entre quienes sufren soledad crónica en este último grupo.

En cambio, no se observaron diferencias significativas en las hospitalizaciones, el consumo de medicamentos ni las visitas al dentista. "La ausencia de una asociación significativa entre la soledad y las hospitalizaciones, unida al aumento de las consultas de Atención Primaria, sugiere que algunas personas mayores pueden ver a los médicos de atención ambulatoria como personas de confianza y acudir a ellos no solo por motivos médicos, sino también en busca de apoyo emocional", explica el informe.

Cómo amortiguar el impacto de la soledad en los sistemas de salud


El informe sostiene que reducir el impacto de la soledad no deseada en los sistemas sanitarios pasa por reforzar las intervenciones sociales, con el objetivo de evitar que la búsqueda de apoyo emocional se traduzca en un mayor uso de los recursos asistenciales. Para ello, propone impulsar acciones intersectoriales, como programas comunitarios o iniciativas de voluntariado de acompañamiento, que ofrezcan apoyo fuera del ámbito estrictamente sanitario. Asimismo, recomienda implantar sistemas de detección precoz de la soledad en Atención Primaria y en otros puntos de contacto habituales con las personas mayores, como las farmacias comunitarias, para facilitar su derivación a redes de apoyo.
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