Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de SEMG, también aboga por una solicitud común y no fragmentada de ACEs

Entrevista a la presidenta de SEMG, Pilar Rodríguez.
Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de SEMG.


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Si hay algo que no escasea en el talante de Pilar Rodríguez Ledo es el optimismo. Un escudo que la presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) enarbola ante los numerosos retos que debe afrontar la especialidad en un nivel asistencial como es Atención Primaria que adolece de falta de recursos humanos y "económicos" y cruje bajo el peso de la carga asistencial y burocrática.  

Es por ello que anima a aprovechar las oportunidades de mejora que brindan estrategias como el Plan de Acción de Atención Primaria 2025-2028 o la irrupción del MIR de Urgencias, siempre y cuando, el enfoque sea el adecuado, las herramientas de evaluación correctas y el marco legislativo claro. 

Rodríguez Ledo no habla de números vacíos, sino de una especialidad que es, a la vez, escudo y cimiento de nuestra sanidad pública y que necesita, de forma urgente, puntales sólidos que ayuden a descargar la presión y a generar, mediante una reforma organizativa, espacios de tiempo protegido destinados a la investigación y a la formación de los profesionales. Desde la defensa de la medicina rural hasta la materialización de un actualizado programa MIR que contemple una formación adecuada y suficiente en el ámbito extrahospitalario, la presidenta de la SEMG lanza una llamada a la acción: no se trata de retener a los profesionales por obligación, sino de volver a hacer de la Medicina de Familia un destino deseado y desde el que se ofrezca una subespecialización útil y no fragmentada. 

Entrevista a Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de SEMG.

















El inicio de año es un buen momento para hacer balance ¿Cuáles diría que han sido los mayores logros de la especialidad en el último ejercicio?

El mayor logro ha sido, sin duda, mantenerse como el sustento fundamental del sistema sanitario español. A pesar de la excesiva carga burocrática, la falta de recursos humanos y económicos, y las carencias organizativas, la Medicina de Familia ha seguido siendo el nexo crítico que conecta el sistema con la población y los pacientes.

Más allá de los avances tecnológicos, nuestra especialidad ha demostrado ser el pilar de un modelo que necesita una reforma urgente. Hemos garantizado la continuidad asistencial en un escenario de gran precariedad, reafirmando nuestro papel como pieza clave para la sostenibilidad de la sanidad pública.

Respecto a esa "reforma urgente" que necesita el Sistema Nacional de Salud (SNS), ¿cree que ya se está empezando a ver el impacto del Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria vigente hasta 2028?

Todos esperamos que tenga ese impacto, porque es muy necesario y además ya vamos tarde. Ya era necesario hace mucho tiempo y ahora es ineludible. Será en marzo cuando tengamos los primeros indicadores y podamos ver si realmente ha tenido impacto. Para ello, los indicadores han de medirse de una forma homogénea. Por ejemplo, en relación a las plantillas, los indicadores tendrán que ser medidos en todas las comunidades autónomas, de forma que se descarte lo que son coberturas parciales, ausencias y otra serie de cosas que entran en la ecuación y que no nos están diciendo el tiempo real qué recursos humanos hay. 

Es posible que algunas medidas no estén implementadas, pero están en el cauce de poder estarlo y, si es así, nos alegraremos. Pero, sobre todo, ese análisis nos va a decir cómo se están midiendo las cosas y si es necesario, de algún modo, redirigir la forma de medirlas o la forma de aplicar los indicadores. 

Quedan pocas semanas para que se produzca ese primer 'examen' por parte del Ministerio de Sanidad, pero, ¿qué está percibiendo SEMG en relación al cumpliendo de dicha estrategia por parte de las comunidades autónomas?

La verdad es que el cumplimiento es heterogéneo. Esta no es la España de dos velocidades, es la de las 17 velocidades y, además, incluso dentro de cada comunidad, cada área sanitaria tiene una velocidad diferente. Lo que percibimos es la necesidad de que esos indicadores se traduzcan en decisiones y cambios reales, no en cambios de papel, porque los documentos lo sustentan todo.

El preámbulo de este nuevo plan indicaba que el anterior había cubierto el 80 por ciento de los indicadores, pero si eso fuera así estaríamos en otro punto que no estamos ahora, con lo cuál algo pasó con esos indicadores. Por eso soy pesada repitiendo que tenemos que ver realmente qué es lo que están midiendo y si todo el mundo está midiendo lo mismo

¿Hay optimismo respecto a los resultados que se van a recolectar?
 
Soy una persona optimista y creo que el cambio es imprescindible y que si no lo hacemos nos va a ir muy mal. Desde la SEMG, esperamos fervientemente que cada uno esté haciendo los deberes que tenga que hacer y que cada uno asuma sus responsabilidades porque si no, esto es insostenible y las repercusiones van a ser para nuestro sistema sanitario y para nuestra población. Y todos, además de profesionales, somos también parte de la población.

¿Qué mejoras ha conllevado hasta la fecha la integración del nuevo programa formativo de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria?

La primera de todas es que ha marcado un espacio de cambio necesario tras llevar desde 2005 sin modificarse; era difícil prestar servicio con un programa que no daba respuesta a nuestra realidad. Por ejemplo, no incluía la cronicidad, que es un elemento clave para tomar decisiones en nuestro sistema sanitario y en el funcionamiento, especialmente de la Atención Primaria a la hora de gestionar pacientes. El nuevo programa MIR entró en vigor en 2024 y estamos al final del segundo año de su implementación gradual de los tres que tenemos de plazo, aunque todos estos cambios los vamos a ver cuando consigamos las primeras promociones formadas íntegramente en este nuevo programa.

La gran aportación es que el MIR de Medicina de Familia se forma en su ámbito, igual que el resto de especialidades. La que más tiempo está fuera de su ámbito de especialidad pasa 13 meses de un total de cinco años de formación. Nosotros no podíamos pasar el 50 por ciento del tiempo en el hospital si queremos formar a gente que sepa trabajar en el ámbito extrahospitalario. Curiosamente se nos había olvidado que el residente de Medicina de Familia lo que más tiene que aprender es a trabajar de médico de Familia y esto es una de las cosas que refuerza el nuevo programa.

"No podíamos pasar el 50 por ciento del tiempo en el hospital si queremos formar a gente que sepa trabajar en el ámbito extrahospitalario"


¿Qué medidas presentan mayor complejidad a la hora de materializarse?

Sin duda, todas aquellas que requieran tiempo protegido y recursos humanos son las que más problemas tienen en su implementaciónEstamos hablando de que hay que incrementar la estancia de los residentes en Atención Primaria, pero si la residencia sigue siendo de cuatro años, lo que ponemos en un sitio lo quitamos de otro, porque el tiempo es limitado. 

Existe esa parte emocional de sensación de pérdida en sectores de especialidades hospitalarias; no es lo mismo aprender en el entorno hospitalario en 22 meses que en 13. Por eso hay que poner el foco en que el médico de Familia aprenda lo que necesita saber del entorno hospitalario para su propio desempeño.

Con la elección MIR 2026 a la vuelta de la esquina, ¿qué impacto considera que va a tener la irrupción de la nueva especialidad de Urgencias y Emergencias?

Lo que tenemos que hacer es  proteger cada una de las especialidades que queremos defender, tanto la Medicina de Familia como la de los compañeros urgenciólogos. Debemos aprender a complementarnos, no a rivalizar; la situación es lo suficientemente difícil como para que sea una oportunidad para ambas. 

Además de que se regule legislativamente sin ambigüedad, somos las personas las que decidimos si rivalizar o complementarnos. La postura inteligente es aprovechar esta oportunidad para enriquecernos en una polivalencia que ambos ámbitos vamos a tener.

Uno de los problemas que surgía en la tramitación de esa nueva especialidad MIR era el tema de las convalidaciones...

Abogamos por una ley que no permita ambigüedades, pero de momento creo que está definida de forma ambigua. El médico de Familia, dentro de su pluripotencialidad, debe abarcar la urgencia extrahospitalaria y también la hospitalaria, donde a día de hoy la inmensa mayoría de los que desempeñan ese trabajo son estos especialistas. 

Creemos que debe haber una 'pasarela' hacia Urgencias, seguramente con más especialidades, no únicamente en exclusiva para la Medicina de Familia, aunque el 80 por ciento de los profesionales en Urgencias sean de esta rama. Una 'pasarela' que tiene que dar respuesta a sus necesidades. Todos aquellos que han estado desempeñando su trabajo en buenas condiciones y dando respuesta, lógicamente también deben tener una posibilidad de convalidar su titulación. Y aquellos otros que han entrado en la especialidad de Medicina de Familia queriendo enfocarse al ámbito de Urgencias antes de que apareciera esta especialidad nueva, pues también deben tener su salida.

Como optimista que es, ¿espera que este año tampoco haya plazas desiertas en Medicina de Familia?

La esperanza es lo último que se pierde, pero por sí sola no soluciona los problemas; hay que trabajar para que esto ocurra. Esta es una situación compleja que no se soluciona solo con las plazas ofertadas o bajando el punto de corte hasta cubrirlas, eso es un parche. La solución real es dotar a la especialidad del reconocimiento y recursos necesarios para que las futuras promociones no la vean como una especialidad donde te explotan, con cupos de 60 citados.

También es fundamental que el estudiante conozca la Medicina de Familia desde el grado, contada por los propios especialistas. Esto no se ha conseguido en las universidades; hay pocos o ningún departamento exclusivo de Medicina de Familia. Si somos más de la mitad de los profesionales del sistema, lo lógico es que tengamos departamentos propios como cualquier otra especialidad.

Otro de los caballos de batalla de la especialidad tiene que ver con ese impulso de la investigación dentro de Atención Primaria. En junio, ya había seis comunidades autónomas que habían implantado una estrategia común para fomentar el desarrollo de ensayos clínicos en este nivel como parte de ese proyecto conjunto que ha trazado la sociedad con Farmaindustria, ¿se han producido avances desde entonces? 

Hay avances porque, como cuestión diferencial, todos los agentes involucrados están coordinados bajo un mismo paraguas y trabajando conjuntamente para conseguirlo. Esto hace que se entiendan mejor las necesidades y que se busquen mejores soluciones. Pero sí es verdad que las velocidades son distintas y los inconvenientes múltiples. Yo también me pongo el sombrero de la Administración y entiendo que es muy difícil hablar de tiempo protegido cuando tenemos agendas de 60 personas

Si organizamos el sistema quitando burocracia, centrando las expectativas de lo que se puede hacer en cada uno de los dispositivos sanitatios y explicándole a la población que la salud es un derecho y no un bien de consumo, entre todos construiremos un sistema donde haya el número de consultas necesarias para hacer lo que la población necesita del médico de Familia y con tiempos protegidos para investigar, para docencia y para atención comunitaria. De momento lo que estamos haciendo es gastar toda nuestra energía, muchas veces en consultas que aportan poco valor, privándoles a los pacientes de la mejoría que supone la docencia, la investigación y la prevención en la salud individual y la salud colectiva.

Rodríguez Ledo: "La atención a la salud de nuestra población no puede depender de su código postal"


¿Hay comunidades que ya puedan decir que tienen ese tiempo protegido, es decir, dedicado a la investigación dentro de la jornada laboral en Primaria?
 
En sentido estricto y si somos fieles a la verdad, hay comunidades que están dando pasos pero todavía no tenemos esa situación. Es un camino que se ha emprendido y tengo la esperanza de que lleguemos no solo con esas seis que se están moviendo más, sino con el resto también, porque una de las cosas que tenemos que asegurar en nuestro sistema sanitario y en la Medicina de Familia -por la accesibilidad que tenemos- es la equidad en la atención a nuestra población. La atención a la salud de nuestra población no puede depender de su código postal. Tenemos que poder brindar por lo menos unos mínimos comunes en todo el territorio nacional y para eso necesitamos cuidar estos aspectos.

En relación a la falta de profesionales, ¿supone, en este sentido, la prórroga de la jubilación activa hasta los 70 años una solución?

Desde el punto de vista de la inmediatez es un buen parche, pero no una solución. Si nos centramos solo en el desahogo para los próximos meses, condicionaremos el relevo generacional. El médico sigue siendo médico aunque se jubile, pero hay que apostar por un enfoque integral de este problema complejo.

¿Qué otras soluciones podrían o serían beneficiosas más allá de este parche, como dice?

Tenemos que reorientar nuestro concepto de solución. No se trata de atrapar a la gente, sino de atraer a las nuevas generaciones. No se trata de que alguien se vea atrapado en una especialidad que no quiere o un MIR en un puesto de trabajo en el que se le obliga a estar durante tres años. De lo que se trata es de que deseen estar en esa especialidad y ese puesto y para eso hacen falta recursos humanos, económicos y organizativos. 
 
No nos olvidamos de todo lo que tiene que ver con la digitalización y la tecnología. Los médicos de Familia a veces sentimos que nadie se da cuenta de que la tecnología, donde más puede beneficiar y más margen de mejora tiene es en Atención Primaria. El apoyo es múltiple: desde la toma de decisiones y métodos de diagnóstico rápido, hasta el seguimiento y control de la cronicidad que decíamos antes. Lo mismo con la burocracia. Lo que no aporta valor, hay que hacerlo de otra manera donde no se pierda el tiempo. La reorganización no requiere inversión muchas veces, sino conocer el entorno para aplicar las medidas necesarias.  


Parece que este año será cuando el Sistema Nacional de Salud vea materializadas sus primeras Áreas de Capacitación Específica (ACEs). ¿Familia tiene previsto realizar alguna solicitud en este sentido?
Yo creo que el concepto de las ACEs cambia en función de las especialidades de las que hablemos. El concepto de nuestra especialidad es la integralidad, el generalismo, el abordaje transversal, la accesibilidad y la equidad. No podemos tener ACEs que nos fragmenten, porque fragmentarnos es debilitarnos y es dejar de hacer nuestro trabajo. Hay áreas como la cronicidad, el paciente frágil o la atención al final de la vida donde pueden ser útiles para desarrollar nuestras competencias, no para dividirnos. No queremos un título que sea decorativo. 

¿Hay alguna propuesta en ciernes? 

En principio se están estudiando y se están valorando. Habrá que conjugar entre todas las especialidades qué desarrollo y qué marco queremos tener del sistema sanitario. Yo creo que debemos traspasar esa situación en la que cada uno hacía su petición y deberíamos pensar entre todos las prioridades dentro de la atención al paciente.  

Dentro de nuestro mapa de cartera de servicios y de atención a la salud de nuestros ciudadanos, hay que pensar qué es lo que esta sociedad necesita que desarrollemos con una ACE. Para que no fragmentemos, no generemos expectativas que después no se puedan cumplir y para que no tengamos "subespecialidades floreros". No nos olvidemos también que disponemos de los Diplomas de Acreditación avanzada que también dan respuesta desde otro prisma.

Desde la SEMG abogamos por no hacer cada uno nuestra petición personalizada, sino que con un enfoque global del sistema sanitario, planifiquemos qué es lo que se necesita. Y desde luego que estamos a disposición del ministerio para hacer ese enfoque conjunto. Si después cada uno hace su petición a los 'Reyes Magos', nosotros también la haremos, aunque creemos que es un error.

"Creemos que hay que poner el foco en la medicina rural, que mantiene una esencia diferente al resto de ejercicios profesionales".


¿Qué retos principales figuran en la agenda de cara a 2026?

Nuestro acento va centrado en la defensa y el reconocimiento íntegro de la especialidadNo basta con que los políticos hablen de Medicina de Familia, debe estar en la agenda real para que se traduzca en decisiones. No queremos más documentos, queremos realidades. Primero porque es necesario un relevo generacional, dando posibilidades de desarrollo a nuestros jóvenes, acompañándoles en el proceso, dejando que desarrollen todo el potencial que tienen y creyendo en ellos. Sin duda no hay nada mejor ni nada que pueda hacer sentir mejor a un profesional y a una sociedad científica que 'marcar escuela'. 

Dentro de esta defensa global de la especialidad creemos que hay que poner el foco en la medicina rural, que mantiene una esencia diferente al resto de ejercicios profesionales y desempeños profesionales que realizamos. Por ello organizamos nuestra primera jornada rural específica para entender cuál es el sistema de trabajo y de desarrollo de un profesional en el entorno rural. No solo hablamos del médico de familia que va con su abrigo y con su maletín cruzando los montes, sino también de otros especialistas que están en hospitales comarcales.  Ese tipo de ejercicio en esas condiciones donde el manejo de la incertidumbre es mayor requiere una serie de competencias diferentes y muy enlazadas con la esencia de lo que es ser médico.


"No basta con que los políticos hablen de Medicina de Familia, debe estar en la agenda para que se traduzca en decisiones"



Cuando todos éramos pequeños y podíamos soñar en aquellas series de televisión que tanto hicieron por el desarrollo de las generaciones de médicos de Familia, no pensábamos en el médico que realmente hacía la 'técnica X' súper especializada, sino que la figura que aparecíaen nuestra corteza cerebral era la del médico que sabía entender, comunicarse con el paciente, acompañarlo y ayudarle a buscar soluciones a sus problemas de salud y a sus problemas sociosanitarios. Pues todo eso resume la medicina rural.

Además, la investigación sigue siendo uno de nuestros puntos principales, al igual que la formación centrada en el desempeño, en lo que realmente necesita en consulta. No queremos olvidarnos tampoco de la colaboración con los pacientes, integrándolos en los niveles distintos de decisión para no buscar soluciones a sus patologías que no sean los que ellos realmente tengan y perder el punto de vista. Y todo eso acompañado de redes de colaboración con pacientes, sociedades científicas, con la Administración local, autonómica, Sanidad... Tenemos que trabajar todos con codo con codo para que le podamos poner sentido a nuestra actividad. 

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