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La mayoría de los españoles creen que la depresión, bien tratada, se cura

Esta es una de las conclusiones del 'Estudio Lundbeck ¿Qué saben los españoles de la depresión?'

Guillermo Lahera, Cecilia Borràs, Vicente Gasull y Miquel Roca.
La mayoría de los españoles creen que la depresión, bien tratada, se cura
Redacción
Lunes, 18 de septiembre de 2017, a las 16:00
La mayoría de los españoles (93 por ciento) piensa que la depresión bien tratada se puede curar, y el 77 por ciento también cree que una vez recuperado, el paciente puede volver a llevar una vida como la que tenía antes de la enfermedad.
 
 Estas son algunas de las conclusiones del Estudio Lundbeck ¿Qué saben los españoles de la depresión?, elaborado por un Grupo de Expertos en Salud Mental, y presentado en el XVI Seminario Lundbeck Dale la vuelta a la depresión, celebrado en Mallorca. Para Guillermo Lahera, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica en la Universidad de Alcalá e Investigador en el Cibersam, “la depresión bien tratada se puede curar, pero hay que definir bien cuál es el buen tratamiento: aquel individualizado, integral y de acuerdo a las guías internacionales de práctica clínica. Por un lado, se adapta a las particularidades únicas del paciente -medicina personalizada-, por otro, se basa en intervenciones con una eficacia probada científicamente. Otro elemento esencial del tratamiento es la implicación del paciente, en la medida de lo posible, en las decisiones clínicas, es decir, que el médico consiga acordar y compartir con el paciente las tareas a realizar, convirtiéndolo en un agente activo del tratamiento. Una buena relación terapéutica y una alta adherencia al tratamiento, esto es, que el paciente se adhiera o esté de acuerdo con las recomendaciones del médico, aumentarán las probabilidades de éxito”.
 
Conviene recordar que los tres pilares sobre los que se asienta el tratamiento de la depresión son el tratamiento farmacológico antidepresivo, psicoterapia y psicoeducación. Así, “si el paciente considera que, desde que tuvo la depresión, “ya nunca volvió a ser el mismo/a”, o nota estos síntomas menores pero incapacitantes, debe acudir a su médico o psiquiatra y reconsiderar el tratamiento”, puntualiza Lahera.
 
Por otro lado, el 86 por ciento de la población española  afirma que la depresión es una enfermedad. A pesar de esta consideración, la mayoría de la población también identifica la depresión con las reacciones emocionales negativas, baches de la vida y frustraciones. Así, el 95 por ciento  de los españoles cree que los acontecimientos adversos de la vida son la causa de la depresión, mientras que el 94 por ciento apunta a los factores sociales negativos (desempleo, marginación...). Tan sólo el 48 por ciento cree que los factores biológicos/genéticos son una de las causas de la enfermedad.
 
Banalización
 
Por otro lado, el 77 por ciento considera que las adicciones a sustancias están detrás de la depresión. Según Vicente Gasull, médico de familia y Coordinador del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), “el trastorno depresivo mayor que, hace relativamente no muchos años, era “tabú” y motivo de estigma por padecer una enfermedad psiquiátrica, ha pasado a ser considerada una dolencia habitual. El término “depresión” se ha hecho de uso cotidiano y se emplea tanto para expresar la afectación del estado de ánimo en la enfermedad mental grave y discapacitante como para las reacciones emocionales negativas y cotidianas de la vida diaria, que se han llegado a “medicalizar”, “psicologizar” y “psiquiatrizar”, en muchos casos”.
 
 Esa banalización del término hace pensar a casi la mitad de los españoles que la depresión puede fingirse. Así mismo, el 60 por ciento de los encuestados relaciona la depresión con una personalidad inestable y el 49 por ciento con debilidad de carácter. Para luchar contra esa banalización, Gasull considera que “lo fundamental es realizar una educación sanitaria adecuada, con una divulgación rigurosa de lo que es la enfermedad y lo que conlleva. Los médicos debemos jugar un papel importante en el uso adecuado del término. Debemos ser cuidadosos, porque denominar a un paciente como depresivo, cuando no lo es, conlleva una estigmatización del paciente (tanto personal como familiar y social) y puede influir en el devenir de su vida. Mucho peor si encima se llega a medicalizar y psiquiatrizar situaciones que deben ser consideradas como eventualidades normales en el día a día. Por tanto, es preciso también una formación continua en Atención Primaria