Ambiente exterior de la facultad de Derecho de la UMC donde se realizaba el examen MIR.
La escena se repite cada año con la precisión de un ritual, pero la paciencia de los aspirantes parece haberse agotado este 24 de enero. Mientras en el exterior de las facultades estallaban los
cañones de confeti, sonaban los altavoces y se descorchaba el champán, en las aulas todavía quedaban cientos de candidatos jugándose su futuro profesional. La fricción entre la fiesta de los familiares y la concentración de los
médicos, enfemeros, farmacéuticos y psicólogos ha abierto un debate agrio en la profesión:
¿Es una celebración legítima o una falta de respeto mayúscula?
Las redes sociales se han convertido este domingo en el buzón de quejas de una generación que pide
acabar con el "circo", frente a otros que justifican este ambiente tras más de seis años de duro estudio, en el caso de los médicos. La crítica es transversal: afecta tanto al MIR como al EIR, y cuestiona no solo el ruido,
sino la infantilización de unos profesionales que "ya peinan canas".
"Con tapones se os escuchaba"
El principal punto del conflicto es el solapamiento de horarios. No todos terminan a la vez. Una aspirante al EIR denunciaba la situación vivida durante la prueba:
"Una puta hora han estado gritando todos los familiares. En mi clase habíamos como 40 personas todavía jugándonos más de 50 preguntas porque el examen ha sido larguísimo". La candidata fue tajante: "Con tapones se os escuchaba. Un poquito de respeto".
La desconcentración en el "tiempo de descuento" puede ser letal en una prueba de esta magnitud. Otro testimonio relataba la paradoja de salir del examen con la moral por los suelos y toparse con una fiesta impostada:
"Acababa de salir llorando de un examen de cuatro horas y media y había gente tirándome confeti a la cara".
Infantilización y bloqueo de salidas
Más allá del ruido, el debate ha girado hacia la estética y el fondo de estas celebraciones. Voces críticas señalan la incongruencia de tratar a médicos y enfermeros adultos
"como si fueran niños de 5 años", organizando recibimientos infantiles para personas que llevan años estudiando.
"Modas que deben morir en 2027: los circos que monta la gente", sentenciaba otro usuario, pidiendo dejar "los altavoces, las lucecitas y el confeti en casa". La aglomeración llegó a tal punto en algunas sedes que se produjeron tapones físicos, con opositores atrapados
"20 minutos sin poder salir del edificio por las gilipolleces de vuestros familiares".
Frente a la indignación, otro sector defiende el derecho a la algarabía con un argumento simple: "Si no os gusta, os jodéis", calificando de
"escocidos" a quienes se quejan del ambiente festivo. Sin embargo, la réplica generalizada insiste en que la celebración tiene sentido
"con la plaza en mano", no antes, cuando ni siquiera se conocen las notas. "Celebran ver que sus hijos terminan la preparación del MIR", alega otra usuaria de X.
Posicionamiento del Ministerio de Sanidad
A pesar del clamor en redes, la Administración mantiene, por ahora, un perfil bajo. Ya en la convocatoria anterior, fuentes del Ministerio de Sanidad confesaron a
Redacción Médica que
no se planteaba ninguna actuación punitiva ni limitación de aforos porque "no se han recibido quejas formales".
Para el departamento, este fenómeno se encuadra en un "momento de liberación y disfrute", y aunque reconocen que el ruido puede desconcentrar a quienes apuran el tiempo, la postura oficial ha sido la de no intervenir.
"Al Ministerio no le ha llegado ninguna información relativa a este asunto. Por tanto, nada se ha planteado", aseguraban hace un año.
La realidad sobre el terreno, sin embargo, sugiere que la autorregulación ha fallado. La propuesta que cobra fuerza entre los afectados es clara: establecer un perímetro de seguridad y una "zona de espera de familia" alejada de las ventanas de las aulas. De lo contrario, el MIR 2027 volverá a terminar con música para unos y tapones insuficientes para otros.
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