Quedarse sin plaza en Enfermería llevó a Carmen a estudiar Radioterapia antes de cumplir su sueño de entrar en Medicina

Carmen Serrano, estudiante de Medicina.


Carmen Serrano no llegó a Medicina a la primera. Ni siquiera lo tuvo claro desde el principio. Su camino pasó por dudas, cambios de rumbo y un grado de Radioterapia antes de llegar a cumplir lo que más tarde sería su sueño. "Desde pequeños nos inculcan que para llegar a una meta solo existe un camino. El de la perfección y si no encajas ahí, ese no es tu lugar", afirma a Redacción Médica.

Actualmente, la malagueña estudia 3º de Medicina y asegura que si no hubiera sido por cada supuesto traspié en el camino, jamás hubiera descubierto una carrera que le ha cambiado la vida. 


¿Medicina? No tan claro 


Aunque de pequeña siempre sintió que su lugar pertenecía al mundo de la sanidad, Carmen nunca tuvo claro que fuera en Medicina. "Siempre he sacado buenas notas, he sido de las mejores de clase, pero nunca fui la número uno", recuerda. 

Su trayecto a la Enfermería comenzó en cuarto de la ESO, cuando entre clase y clase se imaginaba atendiendo a sus propios pacientes.

"A veces, me imaginaba incluso como médica, pero me parecía algo inalcanzable para una niña de 16 años", reconoce. Ella lo justifica por la ausencia de matrículas de honor o menciones especiales en su expediente académico. 


Se quedó fuera de Enfemería 


Durante el bachillerato de Ciencias de la Salud, estalló la pandemia. "Un día íbamos a clase y al otro en casa. Nos hacía desconectar de la rutina", relata la futura médica, quien añade que, además, los profesores corrían a contrarreloj para prepararles para una EVAU que estaba a la vuelta de la esquina. 

Su media, un 8,93, no le fue suficiente en aquel momento. "Me centraba más en lo que me quedaba para llegar al 10 que en la nota realmente", apunta. Cuando llegó el día de la publicación de las notas de Selectividad, la noticia fue un jarro de agua fría para la malagueña: "Saqué un 11,54. Sabía que mis opciones de quedarme en Málaga eran nulas". 

Aun así, Carmen solicitó Enfermería en todas las universidades andaluzas. Pero su deseo seguía siendo estudiar en su ciudad, Ronda, donde había quedado tercera en la lista de espera. 


"Saqué un 11,54. Sabía que mis opciones de quedarme en Málaga eran nulas" 




Un grado superior en Radioterapia y Dosimetría 


"¿Estudiar algo que no quería, repetir la EBAU o tomarme un año sabático?". De esta forma, Carmen recuerda lo que se planteaba. A partir de ese momento, la estudiante entró en una espiral de desesperación. Pero, a tan solo tres semanas de comenzar las clases, se fijó en los grados superiores que ofertaban relacionados con salud y, sin pensarlo dos veces, se matriculó en el Radioterapia y Dosimetría. 

Sus notas, hasta ahora más cercanas a la media, comenzaron a reflejar algo que nunca había sentido: "Fue la mejor experiencia de mi vida [...] era un poco como la número uno", señala. Terminó el primer año con una media de 10. 

Pero no solo habla de un aprendizaje profesional, sino también personal, especialmente durante sus prácticas en Oncología. "Me enseñó a disfrutar de cada instante de la vida. Muchos estaban viviendo las últimas etapas de la suya y acompañarlos en el proceso fue de las cosas más gratificantes que he hecho", recuerda emocionada. 


La segunda oportunidad para entrar a la universidad 


Tras finalizar el grado superior, Carmen volvió a intentar entrar en la universidad. Su media de 10 y los buenos resultados en las optativas de la primera EVAU le daban más confianza en que podría conseguirlo. Pero las dudas seguían estando ahí.

"Dudaba si realmente yo servía para estudiar una carrera donde solo accedían alumnos con matrículas de honor, brillantes y sin ningún fallo por el camino", afirma. La estudiante echó la solicitud primero en Medicina y, como segunda opción, Enfermería, ambas en la Universidad de Málaga. 

Y, para su sorpresa, su nombre apareció en el listado de adjudicaciones en la primera opción. "Fue una mezcla rara de miedo e incertidumbre, y de alegría por poder ocupar una plaza con la que tantas personas sueñan", reconoce.


"Dudaba si realemente yo servía para estudiar una carrera donde solo accedían alumnos con matrícula de honor, brillantes y sin ningún fallo por el camino" 




No todo en la vida es llegar a la primera 


Para quienes no han entrado en una carrera a la primera, quienes creen que solo hay un camino posible hacia una meta o aquellos que dudan de su rumbo, Carmen tiene un mensaje claro: "No hay tiempos perfectos para ser médico, ni notas ni matrículas que te hagan ser mejor; si queréis hacerlo, a por ello". 

Esta futura médica defiende que la vocación es algo innato "que se lleva por dentro", no lo define ninguna nota o un bachillerato marcado por la excelencia. "Es algo que pocos pueden sentir y que los números jamás podrán comprar", añade.

Hoy en día, Carmen cree que no haber entrado a la primera en Enfermería fue una señal de que su destino estaba entre los libros de Medicina. "Todo esto me ha enseñado a esperar, a confiar y a comprender que no siempre se tiene todo a la primera. Medicina es lo mejor que me ha pasado en la vida", concluye. 
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