Imagen de una habitación de hospital con uno de esos sillones (Imagen de Europa Press).
Dormir en un hospital sin estar ingresado también puede pasar factura. El paciente tiene cama, pero quien le acompaña suele tener que conformarse con otro clásico del mobiliario sanitario: el sillón reclinable. Ese asiento que está ahí para facilitar el acompañamiento de familiares y cuidadores, pero que no siempre evita que la noche termine en dolor de cuello, espalda rígida y descanso a medias. Su papel suele pasar inadvertido, aunque en los contratos públicos también se mide, se puntúa y se compra.
Ejemplo de ello es el Hospital Universitario de Ceuta, que renovará estos sillones individuales reclinables para paciente o acompañante mediante un contrato del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria. El expediente, más allá de su apariencia técnica, deja una clave muy reconocible para cualquiera que haya pasado una noche junto a una cama hospitalaria: la comodidad del sillón no es un detalle menor. En la licitación, este apartado llegó a pesar 21 puntos sobre 100 de la valoración total.
La comodidad se dividía, además, en tres situaciones concretas. Por un lado, la posición neutra del sillón. Por otro, su comportamiento en plena extensión para el descanso nocturno. Y, finalmente, las posiciones intermedias. Cada una de estas partes podía recibir hasta siete puntos. Es decir, el pliego no solo contemplaba el sillón como un asiento auxiliar, sino también como un elemento pensado para permanecer durante horas en la habitación y, en algunos casos, intentar dormir.
El contrato firmado recoge el suministro de sillones individuales reclinables para paciente o acompañante en el Hospital Universitario de Ceuta. Inicialmente se preveían 226 unidades, de las cuales 106 debían contar con portasueros, además de la retirada de 190 sillones ya existentes en el centro. Sin embargo, la baja económica de la oferta permitió ampliar el número final de sillones. En total, el contrato contempla 128 sillones individuales y 106 sillones individuales con portasueros, hasta alcanzar un importe máximo de 168.880,20 euros con IPSI incluido.
El precio unitario fijado en el contrato es de 703,50 euros, con IPSI, para cada sillón individual, y de 743,70 euros, con IPSI, para cada sillón individual con portasueros. La duración del contrato es de dos meses, con fecha de inicio prevista desde el 20 de junio de 2026, salvo que la diligencia de firma se realizara con posterioridad, en cuyo caso el plazo comenzaría a contar al día siguiente.
El sillón de hospital: una necesidad
La licitación también valoraba otros aspectos técnicos del mobiliario. Además de la comodidad, se puntuaba la facilidad en el movimiento y traslado del sillón, tanto vacío como con una persona encima; la facilidad para transferir al paciente del sillón a la cama y viceversa; la compatibilidad con tareas de enfermería, como coger vías, tomar constantes o extraer sangre; y la robustez de los mecanismos y partes móviles.
Con todo, la comodidad era el criterio técnico con más peso dentro de los juicios de valor. De los 37 puntos sometidos a valoración técnica, 21 correspondían a este apartado. Traducido al conjunto de la licitación, suponía el 21 por ciento de la puntuación total. La fórmula evidencia que, al menos sobre el papel, el descanso del acompañante y el uso prolongado del sillón forman parte de los factores que pueden inclinar una compra pública.
El contrato no identifica el modelo comercial exacto adquirido. Tampoco detalla en el documento de formalización las características concretas de acolchado, ergonomía o sistema de reclinación más allá de la referencia a los pliegos y a la oferta presentada. Lo que sí deja claro es que el sillón de hospital sigue siendo una pieza necesaria en la habitación, a medio camino entre el mobiliario sanitario y el refugio improvisado del acompañante.
Sin embargo, es obvio que la vida hospitalaria no ocurre solo en la cama del paciente; también transcurre en ese espacio lateral donde se sientan madres, padres, parejas, hijos o amigos; en las horas de espera, en las noches sin sueño y en los descansos interrumpidos por monitores, luces y rondas clínicas. El sillón del acompañante, ese duro amigo que no desaparece, también entra en concurso público.
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