Sara Lara, EIR de Salud Mental.
Las unidades de salud mental hospitalarias avanzan hacia un modelo asistencial donde el
diseño de los espacios es también parte del tratamiento. En el marco del Día Internacional de la Enfermería, que se conmemora este 12 de mayo, el sector sanitario pone en valor cómo la arquitectura está desterrando los históricos entornos de contención para
apostar, definitivamente, por la humanización.
Frente a la antigua escasez de criterios homogéneos en su construcción, los nuevos proyectos hospitalarios integran elementos que priorizan un doble bienestar:
reducir la ansiedad del paciente y proporcionar a las enfermeras y enfermeros un
entorno de trabajo óptimo y digno para ejercer los cuidados.
Sara Lara es enfermera residente de Salud Mental en el Hospital Universitario de Jaén y ha sido testigo de estos cambios: “Yo cuando empecé la residencia hace dos años, la unidad era de puertas cerradas, que sigue estando.
Muchos pacientes verbalizan que parece una celda, porque no deja de ser una planta de hospital, pero recientemente han habilitado una terraza”, cuenta a
Redacción Médica. Está situada en la azotea, y Lara destaca que es un lugar donde los pacientes “se pueden relajar más”, en un ambiente “más humano”.
“Es un sitio donde se puede subir a los pacientes que se encuentran agobiados y hacer terapia, y sí que estamos viendo resultados en ellos”, destaca la futura especialista.
Para la EIR de
Salud Mental, este cambio de modelo es beneficioso, pero con matices: “
Es verdad que tiene sus hándicaps, pero de momento si sopesamos lo vemos como algo positivo. Todo lo que sea ofrecerle al paciente un ambiente mucho más cómodo durante el ingreso es bienvenido”, estima.
Los beneficios, además de para las personas que se encuentran ingresadas en estas unidades, se notan en el trabajo de los propios profesionales sanitarios:
“Es mucho más sencillo relajar un paciente en un espacio abierto, como es una terraza, a tenerlo que tranquilizar mientras está en su habitación, en la que relata que siente opresión”, puntualiza.
La adaptación a los cambios en las unidades
Aunque el contexto puede ser esperanzador, Lara señala que hay que adaptarse y que los recursos no siempre son los mismos en todos los escenarios. “Aquí, por ejemplo, hasta hace un año no se podía usar la terraza o una sala de confort y una sala de actividad física.
Si no cuentas con esos recursos pues te adaptas a lo que hay, pero si tienes la posibilidad de disfrutar de ellos te beneficia mucho como profesional y se benefician, por supuesto, los pacientes, que son lo principal”, comenta.
Algo que implementaría para dar un paso más allá en el bienestar en su puesto de trabajo sería
añadir a estos espacios de terapia abiertos para los pacientes algo parecido entre los trabajadores: “Sería bueno que lo largo de la semana que hiciéramos más debriefing, que nos juntáramos en grupo y comentáramos qué es lo que nos ha ocurrido a lo largo de la semana, qué creemos que no hemos hecho bien o por qué nos sentimos mal.
Esto es importante porque hay situaciones que te pueden llegar a quemar a la larga”, admite la
EIR.
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