Maria Vidal, jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Clínic.

Maria Vidal, jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Clínic. / Imagen del Hospital Clínic de Barcelona

Medicina

El cáncer de mama encuentra en las plataformas genómicas una aliada para optimizar los tratamientos

La Oncología busca identificar mejor qué pacientes necesitan quimioterapia y cuáles pueden evitarla, mientras investiga nuevas estrategias para prevenir recaídas

Y además: El tratamiento que aspira a reducir un 69% el riesgo de cáncer de mama tras la lactancia

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Las plataformas genómicas están ganando protagonismo en el abordaje del cáncer de mama al ayudar a identificar qué pacientes pueden beneficiarse de la quimioterapia y en cuáles es posible evitarla sin comprometer la eficacia del tratamiento. Así lo explica María Vidal, jefa de la Unidad de este tumor en el Hospital Clínic de Barcelona, que analiza en Redacción Médica cómo esta evolución forma parte de un cambio más amplio hacia una Oncología de precisión, que combina la información molecular del tumor con las características clínicas de cada paciente para ajustar las decisiones terapéuticas y reducir la toxicidad innecesaria.

Los avances recientes están transformando el tratamiento de los distintos subtipos de la enfermedad. Las nuevas terapias dirigidas y los tratamientos endocrinos permiten controlar mejor determinados tumores hormonodependientes, mientras que la inmunoterapia y los conjugados anticuerpo-fármaco (ADC) están ampliando las opciones para pacientes con tumores triple negativos y HER2 positivos. Sin embargo, el reto no consiste únicamente en disponer de nuevos medicamentos, sino también en seleccionar a las pacientes que más pueden beneficiarse de ellos y garantizar que la innovación llegue a tiempo a la práctica clínica.

Una herramienta para ajustar el tratamiento

En los tumores con receptores hormonales positivos, las plataformas genómicas permiten afinar la selección de pacientes que pueden evitar la quimioterapia. La información molecular del tumor contribuye así a individualizar las decisiones terapéuticas y a reducir la exposición a tratamientos que no aportarían un beneficio significativo.

"En tumores receptores hormonales positivos disponemos de plataformas genómicas que nos permiten cada vez de una forma más personalizada seleccionar qué pacientes no se beneficiarán de quimioterapia", asegura Vidal.

La especialista apunta, además, a nuevas líneas de investigación que podrían ampliar las posibilidades de reducir la intensidad del tratamiento. "Estamos participando en estudios en los que pacientes que necesitaban quimioterapia posiblemente en el futuro con nuevas moléculas podrán ahorrar dicho tratamiento", señala.

La personalización, sin embargo, no significa reducir sistemáticamente la intensidad terapéutica, ya que la decisión debe responder al riesgo individual y al beneficio esperado: "Personalizar también significa intensificar el tratamiento cuando el riesgo lo requiere. El objetivo es dar a cada paciente el tratamiento que necesita, con la menor toxicidad posible".

Nuevas líneas de investigación en otros subtipos

El desarrollo de herramientas de selección molecular también está ampliando el debate sobre cómo ajustar el tratamiento en otros subtipos de cáncer de mama. La oncóloga afirma que "también se han desarrollado plataformas genómicas en tumores HER2 positivos y tumores triple negativos, de las que disponemos recientemente y que permiten seleccionar qué pacientes necesitan más y aquellas en las que podemos reducir los tratamientos administrados".

Paralelamente, los conjugados anticuerpo-fármaco están adquiriendo relevancia en la investigación clínica. Su utilización en fases más tempranas y su combinación con inmunoterapia representan algunas de las líneas que se están explorando para mejorar los resultados, especialmente en tumores de comportamiento agresivo.

En los tumores hormonodependientes, por su parte, destacan los nuevos tratamientos endocrinos y las terapias seleccionadas según alteraciones moleculares. En la enfermedad metastásica, el análisis molecular también permite estudiar los mecanismos de resistencia y orientar las siguientes decisiones terapéuticas.

El reto de anticiparse a las recaídas y las resistencias

Pese a los avances, evitar que la enfermedad reaparezca continúa siendo uno de los principales desafíos. La identificación de las pacientes que mantienen un riesgo elevado de recaída, incluso después de recibir tratamiento, es clave para desarrollar estrategias que permitan actuar sobre la enfermedad residual.

En este escenario, la biopsia líquida y el estudio molecular del tumor ofrecen nuevas posibilidades para detectar alteraciones y anticiparse a los mecanismos de resistencia. Sin embargo, identificar una alteración no implica necesariamente que intervenir sobre ella mejore la supervivencia.

"Me genera mucha esperanza poder anticiparnos a la resistencia y, en el futuro, a determinadas recaídas mediante el estudio molecular del tumor y la biopsia líquida", apunta Vidal, que diferencia entre "detectar antes una alteración y demostrar que actuar sobre ella mejora el pronóstico".

En la enfermedad avanzada, el desafío pasa por comprender por qué los tratamientos dejan de funcionar y establecer la mejor secuencia terapéutica para cada paciente. La oncóloga destaca también la necesidad de desarrollar opciones para situaciones especialmente complejas, como las metástasis cerebrales y la carcinomatosis leptomeníngea.

El acceso a la innovación, una asignatura pendiente

La incorporación de nuevos tratamientos a la práctica clínica no depende exclusivamente de los resultados científicos. Entre la publicación de un ensayo positivo y la disponibilidad financiada de un medicamento existen diferentes etapas que pueden retrasar su aterrizaje en el Sistema Nacional de Salud (SNS): "No siempre llegan con la rapidez que desearíamos".

Por ello, considera necesario avanzar hacia procesos de evaluación y financiación más ágiles, con criterios homogéneos y recursos suficientes. Los ensayos clínicos constituyen otra vía para facilitar el acceso a tratamientos innovadores, aunque la disponibilidad de estudios puede variar entre centros hospitalarios.

"Mi prioridad es facilitar la comunicación y derivación entre hospitales para que las pacientes puedan acceder a ensayos clínicos aunque no estén disponibles en su centro", explica la especialista, añadiendo que "el lugar de residencia no debería condicionar la oportunidad de participar en una investigación que pueda aportar una opción terapéutica relevante".

Vivir más y vivir mejor

Además, la personalización del tratamiento no puede limitarse a las características moleculares del tumor. Las secuelas físicas y emocionales también condicionan la recuperación y la calidad de vida de las pacientes durante y después del tratamiento.

"La nutrición, la fatiga, los problemas de sueño, las dificultades cognitivas, el impacto emocional, la salud sexual, los síntomas de menopausia, los sofocos, la imagen corporal y el deseo de maternidad deben abordarse de forma activa, pero ello requiere un tiempo extra o profesionales especializados", señala.

En este sentido, defiende una atención multidisciplinar que incorpore psicooncología, rehabilitación, ejercicio adaptado, nutrición y asesoramiento en salud sexual y reproductiva. La reducción de tratamientos innecesarios y la prevención de sus efectos secundarios deben acompañarse de recursos que permitan mejorar el bienestar de las pacientes.

"Vivir más y vivir mejor son objetivos inseparables", concluye la oncóloga, que sitúa entre las prioridades para los próximos años una atención integral y equitativa que garantice el acceso oportuno al diagnóstico molecular indicado, a los tratamientos eficaces y a los ensayos clínicos, junto con el apoyo necesario para afrontar las secuelas.