Mamografía.
Inmunoconjugados y biopsia líquida marcan el camino hacia tratamientos más personalizados en cáncer de mama
Dos oncólogas reclaman mejorar el acceso a la innovación y reforzar el cribado para detectar la enfermedad de forma precoz y equitativa en todo el SNS
Y además: España impulsa un modelo para predecir el cáncer de mama antes de que aparezca
Cada 19 de octubre, el Día Internacional del Cáncer de Mama pone el foco en una enfermedad en la que los avances terapéuticos han transformado el pronóstico de muchas pacientes, aunque persisten importantes desafíos. La investigación permite conocer mejor las características de cada tumor y desarrollar tratamientos más específicos, pero el reto sigue siendo trasladar esos avances a la práctica clínica sin comprometer la calidad de vida ni dejar atrás a quienes tienen menos acceso a la innovación. Así lo plasma Sonia Pernas, oncóloga médica y jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del ICO L'Hospitalet, en Redacción Médica.
La especialista destaca que la evolución de los tratamientos pasa por comprender mejor la biología de cada tumor, adaptar las decisiones terapéuticas a cada paciente y garantizar una atención integral. En este escenario, los nuevos fármacos dirigidos, la biopsia líquida y la investigación clínica abren nuevas posibilidades, aunque la enfermedad metastásica y las desigualdades asistenciales siguen siendo asignaturas pendientes.
Tratamientos más dirigidos y menos toxicidad
Uno de los cambios más relevantes en Oncología es el desarrollo de terapias que actúan sobre características concretas de las células tumorales. Pernas señala especialmente el avance de los inmunoconjugados, fármacos que transportan quimioterapia hasta una diana determinada para dirigir mejor su acción. "Diría que ahora el top uno en todos los subtipos, incluso de cáncer de mama, ha sido la incorporación de esta nueva forma de administrar quimioterapia, que es como una quimioterapia inteligente", explica.
Estos medicamentos buscan aumentar la eficacia del tratamiento y limitar sus efectos adversos. Su desarrollo se apoya en un conocimiento cada vez más preciso de los mecanismos que permiten a los tumores crecer y responder -o resistirse- a determinados fármacos.
Esta evolución también está modificando la manera de decidir qué tratamiento necesita cada paciente. "Se ha acabado el café para todos", resume la especialista, que defiende una estrategia adaptada tanto a las características del tumor como a la situación individual de la persona.
El reto de anticiparse a la resistencia
En los tumores más agresivos, como el cáncer de mama triple negativo, la combinación de tratamientos constituye una de las líneas de investigación más relevantes. La inmunoterapia ha supuesto un avance en este subtipo, tradicionalmente con menos opciones de tratamiento dirigido, y los nuevos fármacos amplían las posibilidades terapéuticas.
Sin embargo, combinar medicamentos no garantiza por sí solo mejores resultados. La oncóloga advierte de que estas estrategias deben evaluarse teniendo en cuenta su eficacia y sus consecuencias para la paciente. "Es encontrar ese equilibrio y ver qué combinación de fármacos puede ser más efectiva, pero que no produzca unas toxicidades. Es decir, tener en cuenta ese riesgo y beneficio que siempre se ha de valorar delante de la paciente", señala.
La biopsia líquida, una ventana a la evolución del tumor
La secuenciación genética y la biopsia líquida son otras herramientas que están ganando protagonismo. Esta última permite detectar material genético tumoral en la sangre y estudiar cómo evoluciona la enfermedad, con la posibilidad de identificar alteraciones que orienten hacia tratamientos específicos. "Esta forma de poderlo ver en sangre, que es más accesible, no es tan invasiva para la paciente, ayuda a ver esta evolución de los tumores", apunta la oncóloga.
Aunque esta tecnología se encuentra todavía en desarrollo para determinadas aplicaciones, su incorporación progresiva a la práctica clínica puede facilitar el seguimiento de los cambios tumorales sin depender exclusivamente de nuevas biopsias del tejido. Su potencial reside en ofrecer información dinámica que ayude a adaptar las decisiones terapéuticas a medida que cambia la enfermedad.
Menos quimioterapia cuando sea posible
La personalización también permite plantear una reducción de la intensidad del tratamiento en pacientes seleccionadas. Las plataformas génicas y otros biomarcadores ayudan a estimar qué mujeres pueden beneficiarse de la quimioterapia y en cuáles cabe valorar alternativas sin comprometer la eficacia.
Pernas recuerda que la quimioterapia llega a afectar células sanas y provocar consecuencias que persistan después de finalizar el tratamiento, desde alteraciones neurológicas hasta problemas de memoria o cansancio. "No por tratar más se llegará a curar más, ya que hay el riesgo de dejar efectos secundarios de por vida", advierte.
La desescalada terapéutica no consiste, por tanto, en reducir tratamientos de forma indiscriminada, sino en identificar con suficiente seguridad a las pacientes en las que una menor exposición puede evitar toxicidades innecesarias.
La enfermedad metastásica sigue siendo un desafío
Pese a la evolución de las terapias, la oncóloga insiste en que los progresos no deben ocultar los límites actuales de la Medicina. Algunas pacientes con enfermedad avanzada consiguen convivir con ella durante años, pero la curación continúa siendo excepcional en este contexto. "El cáncer de mama metastásico, sigue siendo incurable en la mayoría de casos", afirma.
A ello se suman las necesidades de las supervivientes que han terminado el tratamiento y no presentan signos de enfermedad. Las secuelas físicas, emocionales y sociales requieren seguimiento y una coordinación entre profesionales que vaya más allá de las consultas oncológicas.
"Es muy importante la atención multidisciplinar", sostiene Pernas, que reivindica una atención integral durante todo el proceso, también en el ámbito psicológico, familiar y laboral. De hecho, la especialista señala la necesidad de mejorar el acompañamiento tras la enfermedad, sobre todo la recuperación de una rutina adaptada.
Acceso desigual a la innovación
La disponibilidad de tratamientos innovadores tampoco es homogénea. La financiación, el elevado coste de los nuevos medicamentos y la rapidez con la que aparecen nuevas opciones dificultan su incorporación al sistema sanitario. Además, el lugar de residencia puede condicionar las posibilidades de participar en ensayos clínicos.
Para reducir estas diferencias, Pernas defiende la colaboración entre centros de distintos niveles asistenciales, de manera que las pacientes puedan acceder a recursos especializados cuando los necesiten. "Que la paciente viva a 50 kilómetros de Barcelona pero se pueda beneficiar de un determinado tratamiento o un estudio cuando lo necesite", ejemplifica al explicar la importancia del trabajo en red.
De cara al futuro, la especialista insiste en situar la investigación y la equidad en el centro de las prioridades. "Hay que entender que cada tumor y cada paciente es un mundo", asegura, recalcando la necesidad de hacer más accesibles los estudios clínicos y garantizar que ninguna mujer quede al margen de los avances por su código postal.
El cribado, hacia una detección más amplia y personalizada
Mientras los avances terapéuticos permiten ajustar cada vez más el tratamiento a las características del tumor, la detección precoz sigue siendo fundamental para reducir la mortalidad por cáncer de mama. Isabel Echevarría, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, destaca que la ampliación del cribado a mujeres de entre 45 y 74 años ya ha sido aprobada por la Comisión de Salud Pública y que su aplicación será progresiva, con el objetivo de que las comunidades autónomas puedan adaptar sus recursos.
Para la SEOM, ampliar la población diana debe ir acompañado de una mejora de los programas existentes. Echevarría considera "fundamental" garantizar que esta ampliación "se acompañe de los recursos humanos, tecnológicos y organizativos necesarios, sin comprometer la calidad de los programas actuales". También señala como prioridades aumentar la participación de las mujeres, agilizar la comunicación de los resultados y la realización de pruebas complementarias, junto con establecer indicadores homogéneos para evaluar la calidad del cribado en todo el territorio.
Un seguimiento adaptado al riesgo de cada mujer
Y es que la personalización no se limita al tratamiento. La SEOM apuesta también por avanzar hacia estrategias de cribado que tengan en cuenta las diferencias individuales en el riesgo de desarrollar la enfermedad. En la actualidad, las mujeres con variantes genéticas asociadas a un riesgo elevado ya cuentan con recomendaciones específicas, que pueden incluir el inicio de los controles a edades más tempranas, una mayor frecuencia de seguimiento y pruebas adicionales, como la resonancia magnética.
Echevarría recuerda que "la densidad mamaria constituye un factor relevante, tanto por su asociación con el riesgo de cáncer de mama como por su influencia en la sensibilidad de la mamografía". Por ello, se están evaluando estrategias que incorporan técnicas como la tomosíntesis o la resonancia magnética. El objetivo a largo plazo es integrar los antecedentes personales y familiares, los factores clínicos, la densidad mamaria y la información genética para intensificar los controles en mujeres con mayor riesgo y, potencialmente, ampliar los intervalos en aquellas con menor probabilidad de desarrollar la enfermedad.
La ampliación del cribado a mujeres menores de 45 años o los cambios en la periodicidad de las mamografías, sin embargo, requieren cautela. Según Echevarría, es necesario valorar cuidadosamente el equilibrio entre los beneficios y los posibles riesgos. En mujeres más jóvenes, la menor incidencia de cáncer hace que el beneficio absoluto pueda ser inferior, mientras que adquieren mayor importancia los falsos positivos, el sobrediagnóstico y las biopsias innecesarias. Antes de modificar los programas poblacionales, la SEOM considera necesario disponer de evidencia sólida sobre el impacto en la mortalidad y la relación entre beneficios, riesgos y eficiencia.
Inteligencia Artificial para mejorar la detección
La incorporación de nuevas tecnologías constituye otra de las vías para mejorar el cribado. Echevarría apunta al potencial de la Inteligencia Artificial (IA) para aumentar la eficacia de los programas y reducir la carga de trabajo de los profesionales, siempre bajo supervisión especializada.
Como ejemplo, cita los resultados del ensayo MASAI, que ha mostrado que el cribado asistido por IA aumenta la detección de cáncer de mama sin incrementar significativamente los falsos positivos y reduce la carga de lectura radiológica. Los avances en técnicas de imagen, como la tomosíntesis, también contribuyen a mejorar la precisión diagnóstica. Su implantación, no obstante, debe acompañarse de validación clínica y evaluación de resultados.
La SEOM recuerda, además, que la detección precoz debe complementarse con medidas de prevención y una mayor concienciación sobre los síntomas. Mantener un peso saludable, hacer ejercicio, seguir una alimentación equilibrada, evitar el alcohol y el tabaco y facilitar la lactancia materna forman parte de las medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo. Ante la aparición de un nódulo mamario o axilar, alteraciones del pezón, secreción sospechosa o cambios persistentes en la mama, Echevarría recomienda "consultar con un profesional sanitario", con independencia de la edad o de haber participado anteriormente en el cribado
En última instancia, el objetivo es que la mejora de la detección se traduzca en un acceso rápido y equitativo al diagnóstico, a los equipos multidisciplinares y a los tratamientos más adecuados. La reducción de la mortalidad depende tanto de detectar el cáncer a tiempo como de garantizar que todas las pacientes puedan beneficiarse de los avances