Permítanme que en estas breves líneas pueda expresar públicamente mi pensamiento, sentimiento y posición ante la situación generada por la puesta en escena de lo que debe ser el futuro
marco regulador de las profesiones sanitarias y el marco regulador de la
profesión médica.
Hace años que la profesión médica mira desorientada a los
poderes públicos al comprobar que el altruismo que se nos pide contrasta con la laxitud hacia otros agentes que influyen sobre el ámbito sanitario y sobre los que no se actúa firmemente, o bien se actúa en base a otros intereses diferentes al objeto principal del mandato que es proporcionar la mejor atención sanitaria en el mejor
Sistema Nacional de Salud (SNS).
Hace años que vivimos en una larga transición donde nos venimos preguntando por qué tenemos que asumir estándares que otros no practican, máxime cuando las medidas correctoras de esta situación suponen una
carga adicional sobre los hombros de los médicos del Sistema Nacional de Salud y cada día más beneficios para otros sectores que dedican menos esfuerzos a la causa común.
Hace años que podríamos simplemente haber mirado por nuestros propios intereses; limitar el esfuerzo, mirar para otro lado, o articular la presión colectiva para conseguir minimizar el impacto en
sueldos y plantillas profesionales. Pero ser médicos obliga a ir más lejos; el
profesionalismo incorpora una dimensión colectiva (nos hemos de salvar todos juntos), y una
proyección social (hemos de rescatar a los más débiles que son los
pacientes).
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"La profesión médica está en una encrucijada vital que ha hecho que se movilice como hace muchos años que no ocurría, que se una, y que se oiga con una sola voz"
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Hace años que nos preguntamos a dónde fueron nuestros
esfuerzos y compromisos por buscar la mejor
Sanidad, nuestra defensa de nuestro
modelo sanitario, nuestra
defensa de un sistema sanitario público, de calidad, sostenible y suficientemente dotado. Nuestra defensa del profesionalismo médico y nuestros
deberes éticos y deontológicos. Nuestra defensa en pro del desarrollo profesional, la
validación periódica de la colegiación, la
recertificación, la acreditación de la formación médica continuada, la reforma-revolución en nuestro continuo formativo y evaluativo, etc.
Hace años que la profesión médica definió al profesionalismo médico como el conjunto de principios éticos y deontológicos, valores y conductas que sustentan el
compromiso de los profesionales de la Medicina con el
servicio a los ciudadanos, que evolucionan con los cambios sociales, y que avalan la confianza que la población tiene en los médicos.
Hace años que, como respuesta a este profesionalismo, la profesión médica afronto la peor
crisis sanitaria de nuestra historia reciente, la
pandemia de la covid-19, anteponiendo el interés del paciente por encima de cualquier otro interés, dejando la vida en el empeño (siempre en nuestra memoria) o bien sufriendo secuelas orgánicas y psíquicas que aún perviven en las entrañas de muchos de los nuestros.
Hace años que los aplausos dejaron de oírse, a veces lo que percibimos y padecemos son
agresiones,
sobrecargas asistenciales hasta el infinito y una sordera crónica hacia nuestras peticiones.
Hace años que propusimos en el
Congreso de los Diputados un abanico de medidas para la reconstrucción de nuestro Sistema Nacional de Salud, que pudo consensuarse por la
clase política y que duermen el sueño de los justos.
Y ahora, cuando nuestro SNS hace agua, cuando la sanidad se eleva a los primeros puestos de la
preocupación de los españoles, cuando desde las
Comunidades Autónomas se desesperan y toman medidas inadecuadas y regresivas, sobre la 'mal etiquetada falta de médicos', nuestra máxima autoridad, el
Ministerio de Sanidad, es incapaz de lograr un gran
acuerdo marco para regular las
condiciones laborales de los profesionales sanitarios, reconociendo en el mismo las particularidades especificas que conllevan en pleno siglo XXI el
ejercicio de la Medicina como eje vertebrador de una
asistencia sanitaria, y la necesidad por tanto de delimitar estas peculiaridades en una regulación propia o diferenciada. Y todo esto en un
contexto político donde parece que, sí se reconocen las singularidades, e incluso se plantean escenarios de 'ordinalidad' donde los que aportan más no se vean perjudicados en la distribución final y sobre la justificación de que todos ganamos.
La
profesión médica está en una encrucijada vital que ha hecho que se movilice como hace muchos años que no ocurría, que se una, como hace muchos años que no ocurría, y que se oiga con una sola voz para decir alto y claro que estamos aquí y que ahora si, como hace muchos años que no ocurría, la profesión medica ha pasado de la resignación a la
indignación.
Me sumo a la petición del
Consejo General de Colegios de Médicos de España en el llamamiento al Ministerio de Sanidad y a su Ministra
Mónica García por retomar el
dialogo con el comité de huelga, que ahora sí, y como hace años que no ocurría, son los depositarios del mandato de toda la profesión.