18 dic 2018 | Actualizado: 14:15
Por Nicole Hass, especialista en Patient Advocacy & Stakeholder Engagement
Sáb 24 noviembre de 2018. 16.20H
¿Mente sana?
Me hago eco de la noticia publicada en Redacción Medica el día 21 de noviembre que anuncia que el Servicio Gallego de Salud ha anunciado el primer acuerdo de su historia para basar el pago de dos fármacos de inmunoterapia en función a los resultados que estos den: www.redaccionmedica.com/secciones/industria/galicia-anuncia-su-primer-contrato-de-riesgo-compartido-en-inmunoterapia-3350

Y eso es solo la punta de iceberg…qué tiemblen las empresas farmacéuticas porque ahora sí que el paciente puede tener participación activa que puede afectar directamente a la cuenta de resultados de los laboratorios …. ” hay que hablar de supervivencia y desembolsar el verdadero valor de los fármacos”.

Pagar por los efectos reales que tienen los medicamentos sobre los pacientes no es nuevo en Europa (pero si en España). En los últimos 20 años hemos asistido a una progresiva transferencia de riesgo hacia los proveedores de asistencia sanitaria. El riesgo compartido realmente pretende describir el proceso mediante el cual dos o más partes acuerdan compartir determinados riesgos asociados a la obtención de unos resultados acordados y deseados por todos.

Sirva de anécdota que el primer ejemplo de riesgo compartido en el sector farmacéutico data de 1994, en EEUU, donde el laboratorio Merck & Co (MSD en el resto de países) garantizaba devolver el coste de un medicamento para tratar la hiperplasia benigna de próstata al paciente si éste requería cirugía después de un año de tratamiento. Esta nueva estrategia empezó a extenderse, llegando también a Europa, donde la primera iniciativa en este sentido tuvo lugar en Dinamarca (Novartis, 2004), del tipo “si no cura, no se paga”, para un antihipertensivo (Fuente: Barrubés, 2013).

Garantía de calidad… os acordáis de las promesas de unos grandes superficies….” Si no queda satisfecho le devolvemos el dinero”.

Para que los tratamientos tengan una eficacia real deben ser aceptables y deseables para los pacientes. Partimos de la base que los pacientes con exactamente el mismo diagnóstico o enfermedad pueden tener percepciones distintas sobre cómo se sienten, su capacidad funcional y su capacidad para afrontar las limitaciones, la incapacidad y otros factores que pueden alterar la percepción de su nivel de satisfacción con la vida.

De hecho, existen varias pruebas empíricas de que esta información mejora la respuesta a los tratamientos. (Fuente: Chen & Hollis, 2013)

Al hilo de ello, cada vez con más frecuencia se mencionan la importancia de incluir los PROS`s en la evaluación de los tratamientos. Un PRO (“Patient Reported Outcomes”, o “Resultados reportados por pacientes”) es cualquier informe del estado de salud de un paciente, que proviene directamente del paciente, sin interpretación de la respuesta del paciente por parte de un médico o cualquier otra persona (Definición de la FDA).

Es decir, ¡nada que ver con las escalas de puntuaciones clínicas, donde el especialista completa un formulario para puntuar la gravedad de la enfermedad o los efectos del tratamiento!

Cobra especial importancia si lo relacionamos con las enfermedades crónicas, normalmente patologías “discapacitantes” en los que los resultados de calidad de vida son especialmente relevantes, como el cáncer, la artritis, la enfermedad cardíaca o el accidente cerebrovascular. Los pacientes con un diagnóstico de enfermedad crónica que no representa un peligro inmediato para su vida suelen estar más preocupados por su estado emocional y su capacidad para tener una vida plena.

Desde una perspectiva más técnica, la medición de este elemento de aceptabilidad requiere pruebas basadas en el paciente que incluye diferentes dimensiones como la percepción del paciente en cuanto a la calidad de vida relacionada con su salud, sus síntomas, la satisfacción con los cuidados que recibe, su bienestar general, etc.

Estos resultados percibidos por los pacientes son importantes porque permiten conocer el punto de vista del paciente sobre una enfermedad o un tratamiento, el cual podría no captarse mediante una medición clínica. Todo ello solo es posible si fomentamos al máximo el diálogo entre pacientes, profesionales sanitarios, familiares y científicos. Es más, el uso rutinario de las medidas PRO en la atención clínica diaria facilitaría la comunicación médico-paciente, promoviendo así un modelo de toma de decisiones compartida, mejorando también la adherencia al tratamiento y la satisfacción de los pacientes.

Adicionalmente, los expertos opinan que los PRO pueden hacernos comprender mejor la relación entre los procesos de atención y sus resultados, así como averiguar si los esfuerzos y los costes de la atención a la salud tienen efectos adversos sobre los resultados de los pacientes (Greenfield & Nelson, 1992). ¿¿Pueden tener los costes sanitarios efectos adversos sobre los pacientes?? Pueden, pero eso ya lo comentaré en otro artículo.

De momento animo a todos los profesionales sanitarios, asociaciones de pacientes, instituciones sanitarias y, especialmente, a las compañías farmacéuticas consultar la BiblioPRO (biblioteca virtual y referencia científica de los cuestionarios en español de Resultados Percibidos por los Pacientes, https://www.bibliopro.org/ ) y plantearse una estrategia clara CON y PRO paciente.

¡Seguimos hablando!