Durante años, el debate en torno a la apnea obstructiva del sueño ha girado casi exclusivamente en torno a una idea: es una enfermedad frecuente y claramente infradiagnosticada. El mensaje es cierto, pero empieza a quedarse corto. Hoy, el principal desafío ya no es solo detectar más casos, sino reconocer que no todos los pacientes con apnea son iguales ni necesitan el mismo abordaje.

Tratar la apnea del sueño como una entidad homogénea ha simplificado el discurso, pero también ha limitado su impacto real en salud. La evidencia acumulada muestra una patología diversa, con perfiles de riesgo muy distintos, beneficios terapéuticos variables y un elemento decisivo que a menudo se subestima: la continuidad asistencial y la adherencia al tratamiento.

En este contexto, la decisión de la Separ de dedicar el bienio 2025–2026 a los trastornos respiratorios del sueño llega en un momento clave. No para insistir únicamente en el infradiagnóstico, sino para impulsar una reflexión más profunda: si el modelo asistencial actual es suficiente para una enfermedad compleja, crónica y con un impacto que va mucho más allá del descanso nocturno.


Una enfermedad frecuente… pero mal entendida


La apnea obstructiva del sueño es uno de los trastornos respiratorios crónicos más prevalentes. Afecta a millones de personas y su incidencia aumenta con la edad, el sobrepeso y determinados factores anatómicos y hormonales. En España, aunque el número de pacientes diagnosticados y tratados ha crecido de forma sostenida en los últimos años, se estima que una proporción muy relevante continúa sin diagnóstico o sin un seguimiento adecuado.

Sin embargo, reducir el problema a una cuestión de volumen —más pruebas, más diagnósticos— es una visión incompleta. La apnea del sueño no se manifiesta igual en todos los pacientes. Existen perfiles con alto riesgo cardiovascular, otros con mayor afectación funcional diurna, y otros en los que el impacto es más sutil pero igualmente relevante a largo plazo. Tratar a todos por igual conduce a abordajes poco eficientes y a resultados desiguales.


Cuando tratar no es suficiente: el papel clave de la adherencia


El tratamiento con presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) es la terapia de referencia en los casos moderados y graves. Su eficacia para normalizar la respiración durante el sueño y mejorar los síntomas está bien establecida. Pero la experiencia clínica y la evidencia coinciden en un punto esencial: el beneficio real depende de que el tratamiento se mantenga en el tiempo.

La adherencia sigue siendo uno de los principales retos. Los primeros meses son determinantes: es cuando aparecen las dificultades de adaptación, las dudas del paciente y los problemas técnicos. Si no se abordan de forma estructurada, el abandono del tratamiento no es una excepción, sino una consecuencia previsible.

Aquí es donde el modelo asistencial marca la diferencia. La educación terapéutica, el acompañamiento continuado y, cuando está indicado, el uso de herramientas de seguimiento permiten detectar problemas de forma precoz y adaptar el tratamiento a la realidad de cada paciente. No se trata de introducir tecnología por sí misma, sino de reforzar la relación asistencial y personalizar el seguimiento.


Del dispositivo al modelo: avanzar hacia el valor en salud


El Año Separ de los Trastornos Respiratorios del Sueño invita a revisar el enfoque tradicional. El objetivo no debería ser únicamente aumentar el número de pacientes tratados, sino maximizar el valor en salud generado por cada intervención.

Esto implica estratificar mejor a los pacientes, priorizar recursos en quienes más pueden beneficiarse, reforzar la coordinación entre niveles asistenciales y situar al paciente como parte activa del proceso. En enfermedades crónicas como la apnea del sueño, el domicilio se convierte en un entorno clave de atención continuada, donde el día a día determina el éxito del tratamiento mucho más que la prescripción inicial.


Una cuestión también de salud pública


La apnea del sueño no afecta solo a la esfera individual. La somnolencia diurna excesiva se asocia a un mayor riesgo de accidentes de tráfico y laborales, motivo por el que la normativa europea contempla criterios específicos para la evaluación de conductores con apnea moderada o grave.

Este enfoque refuerza un mensaje importante: no se trata de estigmatizar ni excluir, sino de diagnosticar, tratar y acompañar adecuadamente. Cuando el tratamiento es eficaz y el seguimiento adecuado, la integración social y laboral del paciente es plenamente posible.


El verdadero reto del bienio 2025–2026


El impulso de Separ es una oportunidad para asumir que el modelo actual necesita evolucionar. Detectar más casos es necesario, pero insuficiente si no va acompañado de un abordaje más ajustado a la complejidad real de la enfermedad.

Dormir bien no es un lujo ni una cuestión secundaria. Es un determinante fundamental de la salud respiratoria, cardiovascular y mental. Reconocer que la apnea del sueño afecta de forma distinta a pacientes distintos y adaptar el sistema a esa realidad es el paso imprescindible para que el diagnóstico se traduzca, de verdad, en mejores resultados en salud.