18 febrero 2020. 13.00H
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Siempre he defendido la posibilidad de aplicar las enseñanzas acumuladas en las tres décadas de vida de la ORGANIZACIÓN NACIONAL DE TRASPLANTES (ONT) a otras áreas de nuestra sanidad, o incluso a parcelas que nada tienen que ver con la atención sanitaria. Un modelo de gestión integral descentralizada que ha probado sobradamente su eficacia y eficiencia debe ser aplicable en muchas situaciones, sobre todo, si se dispone de personas capaces de desarrollarlo.

Tuve ocasión de emplear este esquema en Italia para coordinar la red oncológica toscana a principios de siglo, por encargo de las autoridades sanitarias de esta región, tras valorar los resultados positivos alcanzados con los trasplantes en aquellos años. Se trataba de crear una estructura de coordinación de todos los recursos de que disponía la Toscana para la lucha contra el cáncer, desde la prevención a la quimioterapia, cirugía, o radioterapia, diseminada por numerosos hospitales e instituciones entre los que había una muy escasa conexión y comunicación que se traducía en ineficiencias, duplicidades, molestias y retrasos en la asistencia al enfermo oncológico. Los resultados fueron muy positivos, ya durante el periodo de poco más de un año en que me tocó echar a andar el “Istituto Toscano di Tumori” (ITT), y me consta que el proyecto siguió desarrollándose y dando buenos resultados en los años siguientes.


"El modelo ONT sería perfectamente aplicable en España a temas como la oncología o las enfermedades raras"


Hace unos años, en la Fundación Ortega-Marañón insistí en que el modelo ONT sería perfectamente aplicable en España a temas como la oncología o las enfermedades raras. Un buen amigo, Javier Hernández recogió el mensaje y tras algunas conversaciones sobre cómo podría llevarse a la práctica esta idea, inició una serie exhaustiva de contactos entre los oncólogos madrileños de los grandes hospitales, que tras varios años de trabajo y no pocas dificultades, han cristalizado en un proyecto muy trabajado: la “RED ONCOLÓGICA MADRILEÑA” (ROM), que se ha presentado en estos días.

Por ahora es un proyecto que hay que desarrollar en los próximos años y así se especifica en el documento constitutivo, pero ya puede decirse que las condiciones para que pueda llevarse a cabo son muy favorables. El nivel de atención oncológica en la Comunidad de Madrid es elevado, aunque con problemas de coordinación que hacen que el sistema no sea todo lo eficiente que debiera, lo que precisamente es lo que se quiere mejorar con la ROM. Como recoge el documento, la atención oncológica “en todas sus vertientes podría desarrollarse de manera más optimizada, funcional y eficiente, a través de una mayor coordinación que se adecuara mejor a las exigencias de pacientes y profesionales”. Aspectos como mejorar la equidad y accesibilidad del paciente oncológico, la optimización de recursos, la formación y satisfacción de los profesionales, la facilitación de los ensayos clínicos y en suma una mayor calidad de la atención al enfermo con cáncer son los objetivos (perfectamente alcanzables) que persigue este sistema de gestión.

Cambio de modelo hospitalario


La clave es cambiar el modelo hospitalario actual, con su carácter vertical y aislado a otro transversal y coordinado. Para ello se estructura la Comunidad en 4 Polos, con los siete Institutos Hospitalarios y dentro de aquellos los Nodos, con Centros de Referencia formados por uno o varios Nodos coordinados, que actuarán para toda la Red en patologías complejas o poco frecuentes, a menudo  con altas cargas presupuestarias.

Cada Polo contaría con un “coordinador del cáncer” y se crea igualmente la figura del “gestor de procesos”, profesional que acompañará al paciente en todo el proceso sociosanitario, elegido entre el personal sanitario. Un factor fundamental en el éxito del proyecto va a ser dar con las personas más adecuadas para desarrollar estas funciones ya que en este tipo de organizaciones, el buen funcionamiento es muy persona-dependiente. Precisamente por ello va a ser muy necesaria una buena definición de estas figuras, con sus funciones, dependencias y relaciones con todos los miembros de la ROM.


"Un factor fundamental en el éxito del proyecto va a ser dar con las personas más adecuadas ya que estas organizaciones son muy persona-dependiente"


El proyecto cuenta con algo muy positivo: ha nacido del consenso y confianza de los profesionales (algo que en la ONT hubo de buscarse trabajosamente al principio), pero ha estado avalado desde sus inicios por la Consejería de Sanidad, requisito imprescindible para que llegue a buen puerto ya que, sin el sello y el compromiso oficial, esta experiencia sería inviable. No hay que olvidar que las estructuras estatales y autonómicas de la ONT trabajan siempre con el máximo consenso de los profesionales, pero son estructuras oficiales nombradas y sostenidas por las autoridades sanitarias estatal y autonómicas.

Este tipo de estructura ofrece un modelo muy diferente a las tradicionales organizaciones piramidales y jerarquizadas cuyos métodos de gestión son cada vez más un recuerdo del pasado. En un mundo en red y horizontal, el éxito o fracaso de una organización depende en buena medida del grado de desarrollo y madurez de nuevos ejes o enfoques transversales, más complejos de gestionar. Las dinámicas de management conceden ahora una mayor relevancia a ciertos aspectos horizontales de gestión como son el desarrollo del liderazgo, del talento, de la comunicación corporativa, de la colaboración, de la innovación, o de la excelencia, frente a anticuadas dinámicas basadas en la jerarquía o la burocracia. Y todo ello es precisamente por lo que ha caracterizado el modo de gestión de la ONT.

El código postal del paciente


Queda claro que se trata del comienzo y puesta de largo de un proceso complejo que va a requerir tiempo y esfuerzo de mucha gente para completar su andadura. Aspectos en mi opinión obligados con miras al futuro son la inclusión de la oncología radioterápica y de la medicina de familia en el proyecto, además de otras especialidades con mucho que decir en el tratamiento del cáncer (cirujanos, laboratorios, etc.) así como la creación de una identidad y sentido de pertenencia como la que existe en la red de trasplantes y que al final le proporciona la consistencia necesaria para su funcionamiento. A fin de cuentas y como bien decía Lao-Tse: “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso”. Hay que conseguir que la atención del paciente oncológico no dependa en absoluto de su código postal y por ahora estamos en el buen camino.