20 nov 2018 | Actualizado: 19:20
Por Javier Leo, redactor jefe de Redacción Médica
Mar 01 septiembre. 18.51H
¿Por qué no van a vacunar los farmacéuticos? ¿Porque no tienen la formación suficiente? ¿Es que no hay tiempo en toda la carrera para enseñarles? Defender las lindes de cada profesión está bien, pero hay actitudes dentro del sector sanitario que a uno se le escapan cuando el fin el último es el bienestar del paciente y la supervivencia de la sanidad pública. Los periodistas somos los primeros que defendemos que a la hora de transmitir el mensaje hay que tener una mínima solvencia en el manejo de la palabra que nos da la carrera primero y la experiencia profesional después.

Sin embargo, nos resignamos a que ocupen nuestro sitio otras profesiones conscientes de que a la nuestra le queda un larguísimo camino que recorrer antes de tener la potestad para cerrarle la puerta a otras. Quizá esa tolerancia a regañadientes me haga plantearme el por qué las profesiones sanitarias, que tienen superados de inicio los obstáculos del periodismo para defender la exclusividad de su terreno, arman el alboroto que arman cuando se intentan derivar algunas de sus funciones secundarias a otros sectores hermanos.

En concreto la de vacunar en las farmacias o la de indicar (o prescribir) en la consulta de Enfermería. Poner el 'no' por delante es difícil de digerir para los que preguntamos sin fin. Algunos se enfadarán, dirán que solo una década de formación da derecho a firmar cualquier receta, pero aquí se está hablando de algo más que de firmas. Hay que ser pragmático en esta vida, y más cuando tenemos un Sistema Nacional de Salud (SNS) que se ha salvado por los pelos de la mayor crisis económica que hemos conocido todos.

¿Qué les mueve a ese no permanente? Desde luego ni médicos, ni enfermeros, ni farmacéuticos deberían tener miedo de perder su predominancia como agentes principales del sector sanitario. ¿Entonces? Habrá matices históricos, temas de seguridad para el paciente, responsabilidades legales que se me escapan, pero, a priori, nada lo suficientemente grave como para que no se pueda resolver metiendo en una habitación a las principales cabezas pensantes de cada profesión hasta que lleguen a un acuerdo que satisfaga a todos y lime todas esas cuestiones.

En Reino Unido, donde muchas profesiones tienen su espejo, la prescripción enfermera es un hecho desde hace años y ahora los farmacéuticos incluso están siendo contratados por médicos de Familia para hacer seguimiento a pacientes crónicos. Y allí ningún ciudadano se lleva las manos a la cabeza, porque lo que le importa es que le atienda un profesional de la salud bien formado. En España se nos llena la boca diciendo que tenemos los mejores médicos, los mejores enfermeros y los mejores farmacéuticos del mundo entero.

¿Y esos excelentes profesionales no pueden compartir algunas de sus tareas para hacer más eficiente el sistema y facilitarle la vida al paciente? Sus portavoces dicen que no. No hablamos de barra libre para que todos hagan todo, pero desde luego, como ciudadano, que un enfermero me recete un medicamento que no requiere prescripción médica, o que un farmacéutico se encargue de ponerle una vacuna a mi hijo, no me conllevaría absolutamente ningún tipo de temor ¿Qué temen entonces los profesionales?