18 nov 2018 | Actualizado: 14:00
Por Javier Leo, redactor jefe de Redacción Médica
Dom 28 febrero. 12.34H
Por humilde y modesto que se sea, que alguien que no conoces venga a premiar tus esfuerzos en investigación, el resultado de tu proyecto que tanto ha costado que aporte valor añadido al sistema o simplemente la labor diaria con tus pacientes debe ser una experiencia difícil de olvidar. Al menos así se desprende de las reacciones de los premiados esta semana por Sanitaria 2000, grupo editor de Redacción Médica, en los II Premios á Sanidade de Galicia, organizados en Santiago de Compostela con la colaboración de Oximesa, PSN y Roche.

Durante unos pocos minutos, todo un auditorio a la espera para verte a ti, emocionado, solo o junto con tus compañeros de tarea, decir unas palabras que cuestan para el que no está acostumbrado. Lo primero dar las gracias, porque es de bien nacidos y porque la mayoría de los mortales no tienen muchas oportunidades en la vida para que una audiencia ilustre te ponga cara y conozca tu trabajo. Lo segundo, tener toda una vida para recordar que durante muchas semanas, meses o años tu trabajo fue el mejor, y al menos un día te lo reconocieron en público.

Aunque parezca el relato de alguien que ha sido nominado y ya tuviera pensado cómo iba a ser aquello de subirse al escenario, no he tenido la suerte de recibir todavía un premio de estas características, pero sí de darlo y anunciarlo. Y solo con ver la felicidad de quienes los reciben merece la pena el esfuerzo y las horas extra que conlleva la organización de estos eventos y su cobertura informativa. Estar entre bambalinas te da la perspectiva de saber que no se trata de premiar por premiar.

El profesional sanitario, bien sea el de la categoría hospital privado, el de sociedad científica, o el de la acción investigadora, lo ha pasado mal y ha cargado sobre sus espaldas el sobreesfuerzo de hacer lo mismo o más a veces con mucho menos. Por eso debe saber una chispa mejor sentirse premiado, o siquiera nominado. Porque no deja de ser un reconocimiento al esfuerzo de múltiples agentes por lograr que todos y cada uno de nosotros tengamos la más excelente asistencia sanitaria, que haya empresas que se preocupen por retornar parte de su beneficio a la sociedad o que estén a mano asociaciones que sepan ayudarte a afrontar mejor una enfermedad grave.

En ocasiones el enorme engranaje que compone la maquinaria del sistema sanitario español necesita reparar alguna pieza, sustituir o poner una más moderna que mejore el funcionamiento de las demás. Como complemento a ese trabajo, a esa idea, ¿qué mejor que además reconocer que se ha hecho bien ese cambio? Una palmada en la espalda que nos anime a seguir buscando cómo mejorar ese sistema o simplemente seguir facilitando que funcione con el esfuerzo diario.

Eso se merece un premio, y de ahí la satisfacción de los que otorgan, de los que reciben y de los que participan en este tipo de reconocimientos, que no serán los Óscar, pero vienen a reconocer una labor que nadie reconocía hasta ahora. Una oportunidad única que en este 2016 la sanidad gallega ha sido la primera en disfrutar, pero no será la última.