18 nov 2018 | Actualizado: 19:00
Por José Martínez Olmos, portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso
Mar 03 diciembre. 19.35H
Queda mal cambiar la estadística del gasto farmacéutico. Es un tanto tramposo.

Por primera vez, desde el pasado mes de septiembre de 2013, los datos del gasto farmacéutico (datos de la factura a través de receta oficial del Sistema Nacional de Salud -SNS-) que publica mensualmente el Ministerio de Sanidad, no se comparan con septiembre de 2012, sino con el de 2011.

Lo mismo ha ocurrido con los datos referidos a octubre de 2013 hechos públicos la semana pasada. Con este cambio en el cálculo comparativo, que durante años se ha hecho con el mismo mes del año anterior, el Ministerio trata de manipular las cifras para poder seguir diciendo que el gasto farmacéutico está descendiendo en España y justificar así el copago impuesto por el Gobierno.

La realidad es que en octubre de 2013 el número de recetas ha crecido un 4,78% y el gasto farmacéutico un 5,15%, respecto a octubre de 2012.

Además, en el balance de ahorro que hace Mato, no duda en apropiarse el que corresponde al efecto, que se produjo en 2012, de las medidas del Gobierno socialista con la aprobación del Real Decreto Ley 9/2011, que comenzó su aplicación en noviembre de 2011.

Es un tanto tramposo. Y además, no sirve para nada porque en el sector sanitario, todo esto se sabe.

Lo que es evidente es que el impacto del copago y de la exclusión de los casi 500 medicamentos se ha esfumado y Mato no quiere reconocerlo recurriendo a un artificio estadístico que, al comparar dos años, le permite esconder su fracaso.

Sobre todo, esconder el retraso injustificado en la actualización de los precios de referencia con lo que se ha perdido un ahorro importante (seguramente en el entorno de los 400 millones). O esconder su boicot a medidas de ahorro como la subasta de medicamentos de Andalucía, prefiriendo los recortes y el copago a pensionistas.

En definitiva, los pacientes y ciudadanos han hecho y hacen un sacrificio para nada porque la sanidad pública es menos sostenible que cuando Mato asumió su responsabilidad como ministra.

Una responsabilidad que más bien parece sobrepasarle.