Redacción Médica
20 de agosto de 2018 | Actualizado: Lunes a las 17:40
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Los Presupuestos sanitarios 2018 de un Ministerio sin objetivos

Jesús María Fernández Díaz, portavoz de Sanidad del PSOE en el Congreso de los Diputados
Martes, 24 de abril de 2018, a las 11:10
Esta semana hemos debatido en el Congreso de los Diputados el Presupuesto General del Estado para 2018. Debatir es un decir, porque el Gobierno se ha limitado a leer una larga lista de partidas presupuestarias como quien recita una letanía rutinaria y monótona. Más de una hora de intervención del Secretario de Estado de Servicios Sociales, y una hora del Secretario General de Sanidad y Consumo. Un debate inane dado que el Gobierno no muestra intención alguna de negociar siquiera enmiendas parciales a sus presupuestos. El Gobierno fía la aprobación de sus presupuestos a una negociación con los partidos nacionalistas, sin voluntad alguna de dialogar con el resto. Y menos aún con el partido socialista, que es quien gobierna en más de la mitad de la sanidad española. Un presupuesto que viene blindado por el pacto PP-Ciudadanos. Así, ¿qué credibilidad tienen las continuas apelaciones al diálogo y al pacto de la Ministra Montserrat?

El presupuesto sanitario de 2018 es, como el de 2017, el presupuesto de un Ministerio sin objetivos, sin ideas. Un presupuesto ineficaz frente a los problemas actuales y los desafíos inmediatos de la sanidad española.

Para comenzar, el  viene sin el acompañamiento imprescindible y obligatorio de un nuevo sistema de financiación autonómica. Un pacto necesario para aumentar la financiación de que disponen las comunidades autónomas para poder hacer realidad sus compromisos en la recuperación del empleo, la renovación tecnológica o el acceso a la innovación. El incremento de las transferencias a las autonomías de estos presupuestos no es sino la mera aplicación del sistema de financiación de 2009. No hay ningún dinero adicional fruto del pacto PP-Ciudadanos que no estuviera ya contemplado en el sistema de financiación vigente. Es un dinero que Montoro debía haber entregado a cuenta a partir de enero y retuvo, como motín para reclamar el apoyo a sus presupuestos. Una cantidad insuficiente, porque solo el crecimiento de los presupuestos sanitarios autonómicos ya aprobados representa el 80% de esa transferencia. Entonces, ¿cómo van a financiar las autonomías el resto de servicios esenciales como la educación o la dependencia?

El presidente Rajoy vuelve a llegar tarde a sus citas y convoca para el próximo mes de mayo el Consejo de Política Fiscal y Financiera para hablar de la financiación autonómica, cuando su obligación y compromiso, en enero de 2017 cuando reunió la Conferencia de Presidentes, era llegar a los presupuestos de 2018 con este pacto alcanzado. El Ministerio de Sanidad renuncia a su responsabilidad por la cohesión y corrección de desigualdades, que es precisamente el objetivo del Fondo de Cohesión Sanitaria. No solamente presupuestan una cantidad ridícula, 3,7 millones, comparada con los 100 millones de que llegó a disponer. La intención del Gobierno es no ejecutarlo, como ya hizo el año pasado. Mi pregunta al Secretario General sobre por qué no se ejecutó un solo euro del presupuesto 2017del Fondo de Cohesión es una de las muchas que quedaron sin respuesta.

Estos presupuestos vuelven a ignorar las necesidades apremiantes de la asistencia sanitaria en las ciudades de Ceuta y Melilla. Mientras las CCAA proyectan un aumento del presupuesto sanitario del 4,7%, Ingesa congela todas las partidas, con la excepción del incremento salarial acordado con los sindicatos. Así, no es de extrañar que la propia memoria presupuestaria del Gobierno prevea un crecimiento de los ratios de tarjetas sanitarias por médico de atención primaria en estas ciudades, superando los 1.700 personas/médico, ya de por sí las más altas de España.

La continuidad y escasez de las partidas presupuestarias para las Estrategias de Salud demuestra la falta de voluntad del Ministerio por hacer realidad los planes que se han ido aprobando tanto en el Consejo Interterritorial como en el propio Congreso de los Diputados. Hablamos de la Estrategia de Salud Mental, el Plan frente a las Resistencias Antibióticas, la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva, y tantas más que, sin el correspondiente respaldo presupuestario, convierten a dichas iniciativas en poco más que documentos de intenciones.

La investigación biomédica a través del Instituto de Salud Carlos III vuelve a congelarse un año más en 270 millones de euros, 100 millones menos de los presupuestados en 2009. Con ello lleva ya acumulado un recorte de 550 millones en estos años de gobierno popular. ¿Cómo saldremos de la crisis con estos recortes brutales en el motor de crecimiento y modernización?

La falta de nuevas iniciativas por parte del Ministerio es patente. En los presupuestos 2018 no hay espacio para ninguno de los vectores de innovación que se corresponden con los desafíos inmediatos de la sanidad española. No hay presupuesto para renovación tecnológica, para Medicina Personalizada, ni para Innovación Sociosanitaria. Los 30 millones de teleasistencia que llegó a haber en el 2011 desaparecen por completo, y la cantidad disponible para salud digital resulta insignificante para la transformación digital de segunda generación que necesita nuestro sistema sanitario: telemedicina, carpeta personal de salud, uso secundario de datos (big data).

En definitiva, un presupuesto sanitario que pasará a los anales de la irrelevancia. Un presupuesto sin objetivos de un Ministerio sin proyecto sanitario.