14 nov 2018 | Actualizado: 14:30
Vie 15 marzo. 01.48H

 

Quizá no sea mucho peor que la de otras profesiones, pero la situación de la Enfermería les resulta tan crítica a sus representantes que no están dispuestos a seguir más tiempo de brazos cruzados. Los presidentes de los colegios provinciales se reúnen este fin de semana en Aranjuez (Madrid), en una nueva edición de las jornadas nacionales que, cada dos años, organiza el Consejo General que lidera Máximo González Jurado. El lema de la reunión, que se prolongará hasta el domingo, va al grano: situación crítica.

Situación límite, editorializó El Alcázar días antes del 23-F. Y Tejero entró en el Congreso… Ahora es la enfermería la que habla de situación crítica. Y su presidente va aún más lejos: “Hasta aquí hemos llegado”. Pero más allá de la retórica, la profesión debe aprovechar estas jornadas de debate para medir su capacidad de respuesta ante la inacción de las diferentes administraciones sanitarias y para calibrar si hay margen de maniobra en la organización colegial para cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Pero, ¿qué le pasa a la Enfermería? ¿Qué le ocurre a una profesión que, en los últimos años, había logrado avances importantes para su desarrollo, al menos en la ley, y que había tomado una dinámica pública más fructífera que la de, por ejemplo, Medicina? Al parecer, los logros obtenidos no han terminado por hacerse realidad en el día a día de los profesionales de a pie y ahora la crisis está zarandeando todo el escenario, que está en trance de desmoronamiento.

El principal problema de la enfermería, como el de muchas otras profesiones y colectivos laborales, es el paro. Veinte mil profesionales han perdido su empleo en los últimos años y diez mil más lo harán en este ejercicio. La enfermería ve cómo su número de profesionales desciende mucho más deprisa que el de los médicos, lo que acentúa aún más la vertiente médica de un Sistema Nacional de Salud que ya de por sí es el más medicalizado de Europa.

El paro genera frustración y desencanto, principalmente en los jóvenes. “Están arrojando la toalla”, dice González Jurado, apesadumbrado por comprobar cómo la formación continuada que ofrecen los colegios no es demandada y queda vacante, sin ser aprovechada. Muchos se marchan al extranjero, “donde se les engaña”. Y desde luego no es solución para nuestro sistema. Tan sólo un parche.

Con menos empleo que nunca antes, el desarrollo profesional de la Enfermería tampoco se está realizando como se aventuraba hace solo unos años. El esquema formativo de las nuevas especialidades está operativo, pero no alcanza al mundo laboral. Se contratan más enfermeros generalistas que especialistas. Esto es un claro descrédito para unas especialidades que cuesta adquirir, pero cuyo dominio no asegura una mejor posición laboral.

Otro tanto se puede decir de la prescripción enfermera, con un respaldo normativo aprobado hace más de tres años, pero atascada en la inexistencia del pertinente reglamento. “Estamos en situación de intrusismo masivo”, advierte el presidente. Para colmo de males, los expertos del Ministerio de Educación consideran que Enfermería debería ser otra vez diplomatura, con lo que perdería todas las conquistas que le deparó el proceso Bolonia, fundamentalmente su consideración como grado, al nivel formativo de otras muchas profesiones. “Aquí no daremos un paso atrás”, ha vuelto a advertir González Jurado.

¿Qué puede hacer la Enfermería? ¿Qué puede hacer la Organización Colegial? Está por ver y quizá este fin de semana tengamos las primeras respuestas. Ahora bien, la inacción no ha sido sólo administrativa. Los profesionales no han hecho mucho más, han seguido atendiendo al paciente y si acaso murmurando su declive.

A la vez que el Consejo General trata de articular una respuesta global, se oyen otras voces, fuera del ámbito colegial, que piden soluciones. Este momento no es sólo crítico para las profesiones sanitarias, la Enfermería incluida, sino también para sus propias instituciones representativas, que tienen por fuerza que responder a un doble desafío: el que llega del entorno y el que se insinúa en su propia esencia. Y los dos son igual de decisivos.