RAFAEL MATESANZ, FUNDADOR Y EXDIRECTOR DE LA ORGANIZACIÓN NACIONAL DE TRASPLANTES
Lun 29 julio de 2019. 12.00H
Crónicas desde el Ampurdán
“Pedimos el cuarto de invitados y nos dan la caseta del perro”. Con esta frase tan explícita de Unidas Podemos se verbalizaba hace unos días el desencuentro con el PSOE que daba al traste con la investidura presidencial después de tres meses de inacción absoluta, y nos garantizaba por lo menos otros cuantos más de parálisis gubernamental y problemas sin resolver, mientras el mundo sigue girando ajeno a estas miserias hispanas. Un nuevo fracaso de la política y de los políticos (de todos los partidos) que una vez más no han estado a la altura de las circunstancias y que exhaustos por el esfuerzo realizado se preparan para el descanso vacacional.

Pero si me refiero en estas páginas sanitarias a la investidura fallida es porque la frase de marras se pronunció justo cuando ante las peticiones de ministerios de peso como hacienda o trabajo, los socialistas contraofertaron el de sanidad junto con otras competencias en su mayor parte transferidas a las CCAA y que hoy por hoy no tienen rango ministerial, como igualdad o vivienda. Lo que desde las últimas transferencias del INSALUD a principios de siglo era un lugar común, la escasa relevancia que los sucesivos presidentes de gobierno (e incluso alguno de sus titulares) han ido atribuyendo a esta cartera, se explicitó de manera contundente. Por si hubiera alguna duda, algunos portavoces de UP añadieron algunas otras perlas: "Nos ofrecieron tres cajas envueltas en un lazo, que aparentemente eran bonitas, pero cuando las abrías no tenían nada dentro, estaban vacías", o también: "Se nos ofrecían sillones, no competencias”.

Los unos ofrecieron Sanidad tras haber dicho que no a los llamados “ministerios de estado” y otros que consideraban relevantes hasta llegar al apartado de “varios”. Los otros expresaron muy claramente su malestar con la calidad de lo que les ofrecían definiéndola muy claramente como: “la caseta del perro”.


"Hace ya algunos años hubo un político que valoraba la relevancia de ganar unas elecciones por el número de cuñados que se podían enchufar una vez obtenidos los ministerios"


Evidentemente estas valoraciones obedecen a la lógica aplastante de muchos políticos de no excesiva altura de miras en el sentido de que sus cargos valen exactamente el presupuesto que manejan y punto. Hace ya algunos años hubo uno que, medio en broma medio en serio, valoraba la relevancia de ganar unas u otras elecciones, por el número de cuñados que se podían enchufar una vez obtenidos los ministerios, consejerías o concejalías correspondientes por parte de los prebostes del partido. En este sentido, no cabe duda de que lo que ha quedado del ministerio de sanidad una vez transferidas las competencias de gestión a las comunidades no es precisamente un vivero de puestos de trabajo para cuñados o simples afiliados al partido. Y algo parecido se puede decir de igualdad (en realidad unida a sanidad en el actual organigrama) y vivienda, ambas igualmente transferidas en cuanto a competencias de gestión.

Y eso es realmente lo grave. La espléndida columna de José Martínez Olmos, que lo ha sido prácticamente todo en el ministerio a lo largo de muchos años, publicada recientemente en este espacio me exime de repetir la gran cantidad de aspectos en los que el papel de este organismo ha sido, es y seguirá siendo fundamental, hasta el punto de que como él mismo muy bien acaba diciendo, si no existiera habría que inventarlo. Aparte mantener competencias estatales, como las de farmacia o formación postgraduada, que deben ser interesantes porque los nacionalistas las demandan con insistencia, ser la autoridad sanitaria, formar parte del gobierno de España, con capacidad de proponer leyes de gran calado y que la sociedad está demandando (qué decir de la eutanasia o el desarrollo de la sanidad universal, por poner solo un par de ejemplos), marcar la pauta del devenir sanitario del estado coordinando y liderando a las comunidades por mucho que éstas sean las responsables del día a día, dirigir en suma el buque insignia de uno de los pilares básicos del estado del bienestar del que una mayoría de los españoles se sienten orgullosos…la caseta del perro.

Después de 30 años desde los inicios de la Organización Nacional de Trasplantes y de las experiencias vividas dirigiendo esta pequeño organismo ministerial sin competencias de gestión directa, pero con la misión de coordinar a comunidades, profesionales y en general a todos los actores del proceso, nadie me va a convencer de que con la actual sanidad transferida no se pueden hacer miles de cosas desde el Paseo del Prado por mejorar la sanidad de todos los españoles y además con una visibilidad y un reconocimiento de la sociedad más que notable, que se supone es algo que deberían buscar los partidos.

Un pequeño inconveniente: hay que saber de qué va la cosa y cómo gestionarlo y si, efectivamente no hay muchos sillones ni muchas prebendas a repartir. Ahí si que lo han calado…y se ha retratado más de uno.