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Lunes, 10 de junio de 2013, a las 23:33

Por José Ramón Sañudo, catedrático de Anatomía de la Universidad Complutense de Madrid

El año 2011 coordiné la realización de un estudio multicéntrico destinado a evaluar la relevancia de la anatomía para los profesionales de la medicina en su práctica diaria. Los profesionales que participaron en el estudio pertenecían a cuatro especialidades: dos quirúrgicas (Ortopedia y Otorrinolaringología) y dos médicas (Medicina interna y Neumología).

La pregunta ¿qué importancia atribuye al conocimiento anatómico en su práctica diaria? la respondieron afirmativamente más del 90 por ciento en el caso de los cirujanos, mientras que los especialistas clínicos contestaron de forma positiva entre el 55 por ciento y el 65 por ciento. Esa cuestión global la transformamos después en cuestiones específicas -¿cuál es la relevancia de la anatomía a la hora de realizar una exploración física?, ¿cuál es la relevancia de la anatomía para interpretar diferentes signos y síntomas?, ¿cuál es la relevancia de la anatomía para la interpretación de las imágenes radiológicas?, ¿cuál es la relevancia de la anatomía para realizar diferentes procesos terapéuticos?- y la respuesta de los dos colectivos de profesionales encuestados fue positiva en cotas superiores al 80 por ciento. Por tanto, podemos decir que la anatomía es percibida como una materia muy relevante en la medicina.

Esta afirmación queda claramente refrendada si contemplamos la respuesta dada a la última pregunta: ¿cuál es la importancia que atribuye a la anatomía para evitar posibles errores médicos? En este caso, la respuesta dada, con mayor o menor grado de significación, según las especialidades, fue siempre positiva en un porcentaje superior al 35 por ciento de los encuestados. El resultado del estudio permite afirmar con total seguridad que desde el punto de vista de los profesionales de la medicina, la anatomía no es sólo un pilar fundamental para su trabajo, sino que además, el conocimiento de la anatomía contribuye a evitar la mala práctica y, por tanto, a mejorar la competencia de los profesionales de la medicina.

Desde un punto de vista meramente personal, desde mi condición de anatomista, me atrevo a decir que la anatomía no solamente es relevante por la necesidad que tiene su perfecto conocimiento para alcanzar estándares adecuados en la práctica de la medicina, sino que la misma suministra al estudiante –por tanto, al futuro médico- una serie de conocimientos, habilidades y actitudes que le serán esenciales para el futuro ejercicio de su profesión. Todo ello aprendido durante la realización de sus prácticas de disección.

La anatomía, en cualquier caso, proporciona al futuro médico cuatro enseñanzas fundamentales. En primer lugar, que lo normal es sinónimo de variabilidad anatómica y que ésta se diferencia de las anomalías por no representar un hándicap para el sujeto portador de la misma. En segundo lugar, la anatomía y la embriología aportan el 75 por ciento del vocabulario médico, lo que conocemos como terminología anatómica.

Un tercer aspecto nos viene dado por la enseñanza de diferentes epónimos, algo habitual en el vocabulario médico, que están representados por el aprendizaje de nombres propios vinculados a diferentes estructuras que representan a aquellos personajes que con su inteligencia y tesón forjaron el conocimiento del cuerpo humano tal y como hoy lo conocemos.

Por último, el cuarto aspecto que también enseña la anatomía, que no quisiera dejar de mencionar, se refiere a la generosidad humana, en este caso representada por la generosidad de los donantes, a partir de la cual se abre una puerta fascinante tanto al estudiante como al médico para explorar el cuerpo humano en su doble e inagotable vertiente: su investigación y enseñanza, formación continuada.

A modo de conclusión, podemos decir que la anatomía y la embriología humanas son disciplinas esenciales, no sólo en la formación médica, sino en todas las licenciaturas relacionadas con las ciencias de la salud, que no agotan sus recursos en los estudios de grado.

La opinión aquí expresada se encuentra más ampliamente desarrollada en el artículo publicado en la revista European Journal of Anatomy volumen 11 (Suplemento 1) páginas: 111-119, año 2007, órgano oficial de la Sociedad Anatómica Española. De libre acceso en la página web  www.eurjanat.com