Esta frase de Amelia Earhart, “Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto es solo tenacidad”, sirve para introducir este artículo sobre la conveniencia, o no, de incorporar al médico de familia en la estructura hospitalaria.

Hace muchos años, cuando trabajaba en la que ha sido mi época más feliz como médico, el ámbito de la medicina rural, desarrollada en un pueblo cercano a Madrid y con un gran hospital de referencia, el Hospital Universitario Puerta de Hierro, lo suficientemente cerca para tener “tranquilidad y accesibilidad” y lo suficientemente lejano para tener que hacerte cargo de mucha patología que el medio urbano y su hospital muy cercano no hace necesario, pensé muchas veces hacer la propuesta a la comisión de docencia y gerencia del área para que los tutores de residentes nos pudiéramos incorporar y pilotar este modelo.

Creo que fue un error no hacerlo y darme a mí mismo el no. Tenía decisión de actuar, pero me faltó valor y tenacidad.

Hablo del médico de familia, pero es perfectamente extrapolable al pediatra de Atención Primaria.

En la mayoría de sistemas sanitarios modernos, existe una división clara entre la Atención Primaria y la Hospitalaria. El médico de familia conoce la historia vital del paciente, su contexto familiar y sus circunstancias psicosociales, pero cuando éste ingresa en el hospital, queda a cargo de especialistas que carecen de esta visión holística.

¿Qué pasaría si el médico de familia pudiera acompañar a su paciente durante la hospitalización, creando un continuum asistencial verdaderamente integrado?

En este sistema hipotético, los médicos de familia tendrían acceso a camas hospitalarias donde podrían seguir atendiendo a sus pacientes ingresados. No sustituirían a los especialistas hospitalarios, sino que actuarían como coordinadores principales del proceso asistencial, manteniendo su papel como gestores centrales de la salud del paciente.

El médico que conoce la historia completa del paciente dirige su cuidado hospitalario, se evitan duplicidades de pruebas y posibles contradicciones terapéuticas y la transición es más fluida para el alta hospitalaria.

Decisiones clínicas que consideran el contexto vital del paciente, incorporación de valores y preferencias del paciente en la toma de decisiones y atención a dimensiones psicosociales durante la hospitalización son otras de las ventajas de este modelo.



"La integración del médico de familia en la hospitalización representa un cambio paradigmático hacia un sistema sanitario verdaderamente centrado en la persona"




Es posible mayor eficiencia del sistema por reducción de estancias hospitalarias innecesarias, disminución de reingresos por seguimiento más cercano y mejor coordinación con atención domiciliaria.

Se necesitaría una nueva estructura organizativa del sistema; unidades de hospitalización de Atención Primaria (UHAP); espacios físicos dentro del hospital para pacientes de médicos de familia; equipos multidisciplinares con enfermería, trabajadores sociales y especialistas de apoyo; sistema de guardias rotatorias entre médicos de familia.

Historia clínica única accesible en todos los niveles asistenciales, sistema de comunicación en tiempo real entre profesionales y herramientas de telemedicina para seguimiento posterior al alta, son otras necesidades que requieren tecnología y adaptación.

Formación y actualización permanente con programas de capacitación para médicos de familia en manejo hospitalario, rotaciones periódicas en servicios hospitalarios y desarrollo de competencias en patologías agudas, una formación añadida a las ya bien desarrolladas de salud pública, educación para la salud, patología crónica y psicosocial, etc.

Este cambio no estaría exento de desafíos habituales:

  • Resistencia al cambio: La transformación requeriría superar barreras culturales tanto en atención primaria como hospitalaria. Solución: Implementación gradual con proyectos piloto y demostración de resultados.
  • Aspectos legales y de responsabilidad: Definición clara de competencias y protocolos de derivación. Solución: Marcos normativos específicos y seguros de responsabilidad profesional adaptados.
  • Sobrecarga laboral: Riesgo de aumentar la carga de trabajo de los médicos de familia. Solución: Rediseño de carteras de pacientes, apoyo administrativo y ajuste de incentivos.
  • Financiación: Requeriría inversión inicial en infraestructura y formación. Solución: Reasignación de recursos desde la reducción de ineficiencias del sistema fragmentado actual.

Los pacientes se beneficiarían de una atención menos fragmentada y más comprensible. Contarían con un profesional de referencia durante todo su proceso de salud-enfermedad, reduciendo la ansiedad asociada a la hospitalización y mejorando la adherencia a los tratamientos. La confianza ya establecida con su médico facilitaría la comunicación y la toma de decisiones compartidas.

La integración del médico de familia en la hospitalización representa un cambio paradigmático hacia un sistema sanitario verdaderamente centrado en la persona.

Este modelo no solo mejoraría los resultados clínicos y la eficiencia del sistema, sino que restauraría la relación médico-paciente en su sentido más pleno, reconociendo que las personas no son colecciones de órganos independientes, sino seres integrales cuya salud se entrelaza con sus circunstancias vitales.

La implementación de este sistema requeriría valentía política, inversión estratégica y tiempo, pero los beneficios potenciales, una medicina más humana, coherente y efectiva, justificarían plenamente el esfuerzo transformador.

Concluyo como empezaba: “Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto es solo tenacidad”. Por ello, tomemos la decisión, actuemos y seamos tenaces; el paciente, el profesional y el sistema nos lo terminará agradeciendo.