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Jue 03 abril de 2014. 20.55H
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La reciente sentencia del Tribunal Supremo desestimando el recurso del Consejo General de Colegios Oficiales de Biólogos (Cgcob) que reclamaba estar presente en dos comités consultivos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, ha puesto de manifiesto, una vez más, la falta de voz que los profesionales de la Biología tenemos en temas que, sin embargo, nos atañen en nuestro día a día como trabajadores del Sistema Nacional de Salud. Parece obviarse así que además de los profesionales sanitarios clásicos, hay otros que también desempeñamos nuestra profesión en el sistema sanitario, desarrollando distintas actividades en contacto directo con los pacientes. También en el pasado Debate sobre el Estado de la Nación los biólogos fuimos ninguneados, ya que ni el Gobierno ni los grupos parlamentarios nos tuvieron en cuenta.

Ciertamente, parece existir una estrategia de ocultación social de los titulados de las nuevas profesiones en el ámbito de la Sanidad. La Ley de Bases de la Sanidad Nacional, de 25 de noviembre de 1944, ya establecía determinadas profesiones sanitarias, elevando a rango legal las profesiones sanitarias clásicas; algo, razonable dada la situación socio-económica de España en aquellos tiempos. Más tarde vino la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, que no especifica qué titulados deben ser considerados sanitarios, pero da un nuevo enfoque, admitiendo formalmente la existencia de nuevas profesiones, entre las que se encuentra la de biólogo, que tengo el honor de representar. No hay duda que este nuevo enfoque permite la eclosión de nuevos profesionales en los centros sanitarios de nuestro país.

Tras este gran avance, se aprueba la Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de Ordenación de los Profesiones Sanitarias (LOPS), lo que supone un gran paso atrás, ya que con ella se inicia una estrategia defensiva y excluyente ante las nuevas profesiones que aparecen en el ámbito de la Sanidad; así, a partir de esta norma los biólogos que no tienen o no pueden tener el título de especialista dejan de ser profesionales sanitarios, aunque continúen desarrollando su actividad en Anatomía Patológica, en Genética Humana, en Salud Pública, en Toxicología, en Nutrición, en Reproducción Humana Asistida. Con ello, la LOPS, de 2003 da marcha atrás y nos retrotrae al mapa de profesiones sanitarias diseñado en la Ley de Bases de la Sanidad, de 1944, a pesar de los enormes cambios en necesidades sanitarias y en conocimiento científico-técnico ocurridos en los 60 años que separan ambas leyes.

A este primer paso atrás, han seguido otros, todos ellos encaminados a negar la visualización pública de la existencia de las nuevas profesiones en nuestro sistema sanitario. Entre estos pasos, destaco: la negativa a incluir a todos los profesionales que trabajan en la Sanidad en los registros oficiales de profesionales sanitarios; el impedir el acceso a la especialización sanitaria a los nuevos profesionales, como los biólogos, que trabajan en áreas en las que sí está creada la especialización sanitaria para otros titulados; el no desarrollar la troncalidad prevista en la LOPS; el negar la participación de biólogos en comités consultivos sobre medicamentos de uso humano y veterinario; el impedir que los biólogos puedan acceder al Cuerpo Militar de Sanidad del Ejército español; el no invitarnos al debate previo del reciente Pacto por la Sanidad; el intento de que la futura Especialidad de Genética lleve el calificativo de Médica en lugar de Clínica; el impedimento de que los biólogos realicen Consejo Genético, actividad que no es un diagnóstico; el proyecto de cambio estatutario, con restricción de accesos a determinadas plazas ahora abiertas a biólogos (Salud Pública, Epidemiología, etc); la no publicación de estadísticas relativas a cuántos titulados de profesionales sanitarias clásicas abandonan su formación en especialidades multidisciplinarias o no ejercen como tales; o que ante la ausencia de un número suficiente de médicos para cubrir las plazas de las especialidades que les son exclusivas, se prefiere que estas plazas sean cubiertas por médicos extranjeros no comunitarios, en vez de cubrirlas con médicos que acaban optando por especialidades multidisciplinares, con la consecuencia de que éstas dejan de quedar a disposición de aspirantes a internos residentes provenientes de las profesiones sanitarias no clásicas.

Como colofón, el antepenúltimo paso de esta estrategia ultradefensiva diseñada para hacernos invisibles a la Sociedad española es el Anteproyecto de Ley de Servicios y Colegios Profesionales (Alscp). Quiero remarcar que la estrategia trata de “hacernos invisibles”, que la citada estrategia no trata de “expulsarnos” del sistema sanitario; la estrategia que expongo está dirigida a que los nuevos profesionales no deben aparecer ante la sociedad española, no debe dárseles voz, aunque sí debe aprovechar el caudal de sus conocimientos aplicables a la Sanidad y el enriquecimiento que significa la confluencia, que no convergencia, de planteamientos y enfoques distintos ante un mismo problema.

Es evidente, al menos para mí, que cualquier realidad social es dialéctica, generando nuevas contradicciones. La aplicación de este principio de la Sociología a la estrategia que expongo es que está generando un malestar entre los titulados de las nuevas profesiones que trabajan en el ámbito sanitario, en proceso de marginación desde la LOPS, malestar producido por la falta de reconocimiento profesional y laboral, cuya expresión máxima es la imposibilidad que tienen dichos titulados de acceso al Estatuto Marco del Personal Estatutario de los Servicios de Salud, configurado a través de la Ley 55/2003, de 16 de diciembre. No hace falta ser especialista en Relaciones Laborales para saber que un trabajador que se siente infravalorado es un trabajador que inconscientemente no rinde lo que potencialmente podría rendir.

Llegados a este punto me pregunto si para el Sistema Nacional de Salud español es más conveniente la estrategia de invisibilidad y ocultación que acabo de exponer o es más eficiente otra estrategia, basada en fomentar, o al menos permitir, la competencia en las áreas donde sea posible competir, estrategia en que las nuevas profesiones que operan en la Sanidad española, como la de biólogo, tuvieran su espacio público, reconocido por las Administraciones sanitarias y el conjunto de la Sociedad española, espacio que, aunque dichas nuevas profesiones lo pretendieran, jamás substituirá el papel central que legítimamente e históricamente ocupan las profesiones sanitarias clásicas. El Alscp es una magnífica oportunidad para recuperar el escenario generado a través de la Ley de Sanidad de 1986, en lo que esta aportaba de respeto a las distintas realidades profesionales y su reconocimiento formal y efectivo.

Pere Camprubí i García, presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Biólogos