Profesional sanitario.
La crisis demográfica de facultativos en el
Sistema Nacional de Salud (SNS) ha reabierto de forma abrupta uno de los debates más espinosos de la ordenación profesional:
la transferencia de competencias clínicas. Con un déficit proyectado de 400.000 médicos en la OCDE para 2030 y unas listas de espera asfixiantes, las gerencias autonómicas ven en la Enfermería la válvula de escape idónea.
La tentación organizativa en los despachos es evidente, pero el trasfondo trasciende lo asistencial para entrar de lleno en la economía de la salud: delegar funciones tradicionalmente médicas con la esperanza de cuadrar unos presupuestos hospitalarios cada vez más tensionados.
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Sin embargo, la mayor revisión de la evidencia empírica publicada hasta la fecha por
Cochrane —con 36 ensayos clínicos y 28.000 pacientes— ha frenado en seco el entusiasmo contable de las consejerías. Los datos certifican un innegable "empate técnico" en la seguridad del paciente, pero desmontan el mito de la enfermera como recurso 'low cost'. Especialmente en el ámbito hospitalario, delegar estos roles llega a inflar el gasto:
la Enfermería realiza consultas más largas, genera más derivaciones y, en algunos casos de atención urgente, las tarifas de las enfermeras especialistas superan a las de los médicos residentes (MIR) en turnos de noche o fines de semana. La ecuación, por tanto, no garantiza el ahorro automático. Ante la falta de capacidad para retener y fidelizar talento médico, abrimos el debate a nuestros lectores, los profesionales que sostienen el sistema.
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