15 nov 2018 | Actualizado: 19:10
Sáb 27 septiembre. 22.41H
Sin duda, el acuerdo de precio y financiación para sofosbuvir en hepatitis C entre Sanidad y Gilead es una de las mejores noticias para los pacientes de los últimos meses. Sin embargo, su informe de posicionamiento terapéutico (IPT) llega después de dicho pacto. Parecido ocurre con simeprevir, de Janssen, cuyo IPT llega incluso dos meses después de aprobarse su inclusión en el SNS. Estos indicios, sumados al retorno a las constantes reevaluaciones de medicamentos en las comunidades autónomas, deja en una posición muy débil a los defensores de estos instrumentos de evaluación de fármacos. Cuando se idearon, los IPT iban a ser ‘casi’ revolucionarios, con el objetivo de tener influencia sobre la decisión de precio y de acabar con la variabilidad en el uso de las terapias y con la repetición de evaluaciones de productos en las regiones. Sin embargo, y aunque todavía queda recorrido para asegurar que los IPT no han logrado sus objetivos, los profesionales sanitarios y los responsables autonómicos ya apuntan a una causa para lo que sería un sonoro fracaso: que los IPT no incluyan una evaluación económica de los productos que analizan.