16 ene 2019 | Actualizado: 11:55
Tan solo el 20 por ciento del estado de salud del ser humano está influido por la asistencia proporcionada por los sistemas de salud, el resto en una pequeña proporción se atribuye a factores individuales (genéticos y hábitos) y sobre todo a los condicionantes socioeconómicos que llegan a suponer hasta el 80 por ciento de influencia en la salud. Nos puede parecer exagerado, sobre todo si tenemos en cuenta que habitamos en la zona más privilegiada del mundo, donde las reducciones de morbimortalidad se deben sobre todo a las intervenciones de asistencia sanitaria, ya que las necesidades básicas están aseguradas.

Por poner un ejemplo, en este mundo las técnicas de intervención precoz en el infarto de miocardio e ictus han reducido la mortalidad en los últimos años en más del 50 por ciento (el Código Infarto redujo la mortalidad total del 15 por ciento al 5 por ciento por esta causa), pero un pozo de agua en África o las campañas de vacunación en lugares desfavorecidos podría llegar a suponer una disminución drástica de la mortalidad infantil.


"Podemos reducir un poco la morbimortalidad a costa de importantes inversiones en la investigación, tanto en tiempo, como en costes"


Está claro que vivimos en un mundo asimétrico donde la distribución de los recursos es diferente y donde la planificación de los sistemas de salud no puede ser igual. En nuestro mundo desarrollado y rico nuestro problema es como conseguir sacar el mayor rendimiento y alcanzar mejores cotas de supervivencia con los elementos innovadores, fruto de los avances tecnológicos, aunque nos movemos en la parte mas alta de “la curva asintótica” donde para lograr pequeñas modificaciones es necesario realizar grandes cambios (podemos reducir un poco la morbimortalidad a costa de importantes inversiones en la investigación, tanto en tiempo, como en costes).

Al otro extremo está el mundo poco desarrollado y pobre, el problema allí es alcanzar niveles de supervivencia mejorando los condicionantes socioeconómicos. Al partir de una base donde se carece de infraestructuras, planificación y desarrollo, cualquier atisbo de cambio se acompaña de un gran impacto en la salud. Aquí pequeños esfuerzos generan grandes cambios (recordemos que la prevención y promoción de la salud brillan por su ausencia).

Por último los países que lograron abandonar el pelotón de cola y crecen económicamente a ritmos muy elevados (muchos de ellos además logran democratizarse)  pretenden ofrecer infraestructuras públicas, y de ellas las relacionadas con salud son rápidamente emprendidas por que los niveles de salud y bienestar están muy entrelazados, proporcionando cierta estabilidad a los gobiernos que los estimulan.

Los motores de los cambios en salud


El encargado de planificar los sistemas de salud, no puede plantear el mismo objetivo en todos los casos. En los países desarrollados deberá tenerse en cuenta las expectativas que generan los motores de los cambios en salud: envejecimiento y cambios demográficos, tecnología y trasformación digital, Medicina de Precisión y participación del ciudadano en la toma de decisiones, pueden ser alguno de elementos a tener en cuenta para planificar los recursos, que además deberán tener en cuenta elementos disruptivos que pueden aparecer.

En el mundo pobre, planificar la salud pasa por mejorar la distribución de la riqueza y establecer un modelo de infraestructuras básicas, donde las políticas sanitarias deberán comenzar por la salud publica o de primer nivel, donde se espera una ganancia elevada en la salud, ya de por sí, precaria.


"Medicina de Precisión y participación del ciudadano en la toma de decisiones, son elementos a tener en cuenta para planificar los recursos"


Por último lo más fácil sea abordar la estrategia en los lugares en desarrollo donde el horizonte es alcanzar los niveles de salud de los países desarrollados, contando con la ventaja de no reproducir los errores que ellos cometieron y que supusieron un retraso en la implantación de los sistemas de salud de una forma ordenada, tanto en los modelos de prestación como en las infraestructuras destinadas a ofrecer servicios de salud.

Las aspiraciones del planificador deberían tener en cuenta una visión integral de todos los agentes capaces de proporcionar las pistas para diseñar el modelo mas adecuado a cada nivel de riqueza y su velocidad de aproximación al mundo desarrollado de hoy y del futuro. La participación integrada de diferentes disciplinas en trabajo corporativo (profesionales de la salud, gestión, sociólogos, diseño y tecnología) puede ser esencial para este logro.

El procedimiento debe incluir un análisis multidisciplinar real de la situación de partida desde el punto de vista poblacional, su crecimiento vegetativo, condicionantes sociales y carga de enfermedad, que permitirá diseñar un plan de acción realista y sostenible, un seguimiento de acciones coordinadas y la gestión posterior de la estructura desarrollada para permitir su adaptación a los cambios futuros (estructuras dinámicas); aunque el elemento vertebrador sea el trabajo corporativo de todos los agentes de interés de forma coordinada frente a las acciones inconexas a las que estamos habituados y que no proporcionan contribuciones al desarrollo social.

Opinión