19 nov 2018 | Actualizado: 21:40
Por Elena Fernández, miembro de la Asociación de Afectadas por Essure en España
Vie 05 febrero. 16.20H
Doy vueltas en la cama y el reloj marca las dos de la madrugada. Otra noche que voy a pasar en blanco. No dejo de pensar en lo que me ocurre. En el último año, todos los síntomas han empeorado. Todo empezó en 2010. Me pusieron los Essure por recomendación de mi ginecólogo de planificación familiar, ya que según él, la Seguridad Social no cubría la ligadura de trompas. Al poco tiempo, me levanté con toda la cara hinchada y sarpullido por el cuerpo. Primer aviso, claro que en urgencias dijeron que era una alergia alimenticia.

Va pasando el tiempo y se instauran en mi vida ciertos desajustes que a base de vivirlos todos los meses, se convierten en cotidianos. Cambia mi menstruación, sufro dolores pélvicos, las relaciones íntimas se vuelven dolorosas, y lo que más me inhabilita son las constantes infecciones de origen desconocido. De vez en cuando me tratan para cándida, otras con antibiótico, otras con pro-bioticos y yo desesperada. Mi relación de pareja se resiente, porque además de pasarme semanas usando óvulos y demás parafernalia,  tengo cansancio crónico y mi humor se va alterando.

Así que aquí estoy, dando vueltas en la cama y pensando que estoy somatizando, es decir, que me estoy agrediendo a mí misma, porque los médicos no saben que me pasa. Y de repente, como un chispazo, una idea aparece en mi cabeza. ¿Y si el Essure tuviera efectos secundarios y es eso lo que me pasa?

Ahora ya sí que no voy a dormir. Me levanto y empiezo mi búsqueda en internet. Busco al fabricante, Conceptus, comprado por Bayer, para leer el prospecto y ver si cuadra algo con mí estado. De repente encuentro una página de afectadas por Essure. Es de un grupo de americanas en español y decido solicitar acceso. ¡Cómo explicar la amalgama de sentimientos que me surgen cuando empiezo a leer las historias de otras mujeres! Ya está, no estoy volviéndome loca, es real. Angélica, ahora presidenta de la Asociación de Afectadas por Essure, me comenta que hay un grupo en España y comienza mi andadura como afectada.

Recuerdo el día que visité de nuevo a mi ginecóloga. A estas alturas ya había pasado por unos cuantos médicos en busca de soluciones. Le planteo que lo que me pasa son los Essure. Se resiste y le sugiero que explique lo que me ocurre con otro diagnóstico. Sus palabras fueron: “Es que como sea por efectos secundarios del Essure, es para ir al Congreso”.

La alegría de saber al fin qué me ocurre, se transforma en incertidumbre sobre lo que va a pasar a continuación. Me hacen una histeroscopia  y no encuentran uno de los muelles. Radiografía y planteamiento de la intervención. Siento como un jarro de agua fría cuando me comunican que voy a perder las trompas y el útero. No me han operado nunca y además decidí que el Essure era buena opción porque no tenía que pasar por quirófano. Y ahora…Siento que no voy a ser la misma después y sólo tengo 43 años. ¿Por qué?

Me despierto después de la anestesia y no siento nada. No hay dolor y por primera vez en mucho tiempo, estoy en paz. Todo ha ido bien y el cirujano me informa que me han quitado los Essure, que mis ovarios siguen ahí aunque no volveré a tener la menstruación. De nuevo aparece el temor al cambio, a una posible menopausia precoz, a la incertidumbre sobre mi vida sexual.

Han pasado seis meses. Al volver a casa ya noté que no estaba tan cansada. A día de hoy, vuelvo a tener la energía de antes. Aunque los primeros meses tuve alguna molestia, los dolores agudos han desaparecido.

¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Decidieron por dinero experimentar con nosotras? ¿Cuántas vidas destrozadas? ¿Cuántas mujeres con una gravedad muy superior a la mía aún soportan los estragos del Essure? ¿Qué tiene que pasar para que lo retiren del mercado? ¿Cuándo la mujer va a dejar de ser objeto de productos perjudiciales para la salud?

Hagamos que nuestros testimonios tengan voz y se escuchen en el mundo. Que ninguna mujer más sea víctima de los intereses de las farmacéuticas con el consentimiento de los gobernantes. Ni una más.