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Mar 04 noviembre de 2014. 19.56H
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La epidemiología (epi-demos-logia, estudio sobre el pueblo),  es el estudio de las cosas que le ocurren a la sociedad, que en el caso de las enfermedades infecto-contagiosas valora los determinantes, ocurrencia, distribución y control de la salud y de la enfermedad en una población definida; es una ciencia que se dedica al estudio de las infecciones y de la salud.

Para facilitar este estudio, se establece la llamada “cadena epidemiológica”, clásicamente compuesta por tres eslabones. En el primer eslabón estaría el agente infeccioso, el microorganismo causante de la infección; en el segundo eslabón se sitúan las vías y mecanismos de transmisión de dicho microorganismo, siendo el tercer eslabón el huésped o población sana susceptible; todo ello con una puerta de salida y otra de entrada del agente patógeno.

El cuarto eslabón es el mediático, los medios de difusión de las noticias, en este caso de trasmisión, no del agente etiológico responsable, pero sí del nerviosismo, miedos e histeria colectiva, por la reconocida falta de conocimientos, en esta ciencia epidemiológica, de quienes comunican estas noticias.

Un ejemplo muy reciente que todos recordamos fue el escherichia coli en el pepino; fue un daño menor, porque no ocasionó muertes, pero sí un gran susto y grandes pérdidas económicas, con el correspondiente desprestigio de nuestra agricultura; sobre la bacteria se utilizaron multitud de mensajes y ríos de tinta que evidenciaron un claro desconocimiento, aunque el desprestigio fue fundamentalmente para la bacteria, que, formando parte de la flora normal de nuestro organismo, puede ocasionar, entre otras, muchas infecciones urinarias, pero dicho E. coli ha aportado también avances extraordinarios en  la salud de la humanidad.

La información que se suministra a los sanitarios habría que compartirla con el sector mediático, entre otras cosas para equilibrar responsabilidades, aunque sería una tarea  compleja por lo especializada de la misma; veamos algunos de los términos que se usan dentro de los tres eslabones de la cadena epidemiológica y lo comprenderemos con más facilidad: reservorio; fuente de infección; puerta de entrada; carga viral; periodo de incubación; portador sano; portador convaleciente; portador crónico; contagio directo; contagio indirecto; paciente infectado; paciente enfermo; vectores; animales domésticos y salvajes; desinfección, esterilización, saprofitos; patógenos; comensales; colonizadores; resistencia del microorganismos en circunstancias adversas en el medio ambiente; fómite…

Los fómite, como objetos inanimados –incluidos móviles–, cuando han sido recientemente contaminados por secreciones o fluidos, pueden transportar microorganismos de una persona a otra. En cuanto a las personas, la puerta de entrada del virus del ébola no distingue entre ricos y pobres, no así en cuanto a las posibilidades de contagio y tratamiento.

En cuanto a los protocolos, que serían un conjunto de procedimientos específicos destinados a estandarizar un comportamiento humano frente a una situación concreta, son, como indica la definición, inexactos pero necesarios en su cumplimiento. Recordemos a Celso, quien diría que “la medicina es un arte conjetural que casi carece de reglas”.

La complejidad en la elaboración de un protocolo queda patente consultando en la Dirección General de Epidemiología. “Lineamientos estandarizados para la vigilancia epidemiológica y diagnóstico de laboratorio de la enfermedad por el virus de ébola”.

No existe un protocolo con el cien por cien de garantías que impida la transmisión de este virus, ya que las variables obligan a modificar la cuantificación de la fiebre, el periodo de incubación o la carga viral infectante, entre otras variables.

Mención especial, dentro de los protocolos, tiene el contacto, que se refiere a aquellas personas que se han relacionado con algún caso sospechoso o diagnosticado en los primeros 21 días desde la aparición de algún síntoma, incluidos los casos importados por viajes a zonas de riesgo, considerándose exposiciones sospechosas, el haber dormido en la misma cama, todos los contactos físicos directos a través de la sangre o fluidos corporales, ropa de cama, vestimenta, cadáveres etc.

En el ámbito hospitalario, y no disponiendo de robot dedicado al cuidado del enfermo, que se esterilizaría en cámara de gas después de salir de la habitación del paciente, el personal sanitario siempre está expuesto, porque la habitación del enfermo funciona como un fómite.

Ante una enfermedad no del todo controlada, sería conveniente establecer protocolos informativos para el cuarto eslabón. Las redes sociales se nutren fundamentalmente de dichas noticias y la sociedad bien intencionada queda atrapada en ellas, quizás lo aconsejable sería que se limitaran a informar y dejaran las opiniones para los expertos.

Ante la alarma social causada por la no siempre responsable comunicación, y como parece que se están olvidando las técnicas más elementales y eficaces en materia de prevención, bueno sería que recordáramos una práctica elemental: ¡lávate las manos, derrocha agua y jabón y autoanaliza tus movimientos!, porque las manos son la vía más frecuente de transmisión de enfermedades y la liturgia del autocontrol disminuiría la movilización de microorganismos.

Y, termino, el profesional, el personal sanitario, en esta enfermedad está arriesgando su vida, merecen otro reconocimiento, no basta con ser de otra ‘pasta’.

Fausto Esteban, especialista en Microbiología