10 dic 2018 | Actualizado: 13:45
Rafael Matesanz, fundador y exdirector de la Organización Nacional de Trasplantes.
Dom 30 septiembre de 2018. 12.15H
Crónicas desde el Ampurdán
Que no piense quien lea estas líneas que vamos a hablar de Ricardo Corazón de León o similares en busca del Santo Grial. En realidad, se trata de algo mucho más prosaico: la práctica internacional del trasplante renal cruzado de donante vivo, de actualidad durante este verano por haberse conseguido efectuar el primero en el sur de Europa entre España e Italia, y en realidad el primero del mundo realizado de una forma estructurada, entre organizaciones estatales de trasplante y con visos de continuar en el futuro, ya que los hechos hasta ahora han sido más anecdóticos que otra cosa, entre dos hospitales aislados.

El trasplante cruzado es una idea ingeniosa planteada ya en los años ochenta, y puesta en marcha por primera vez en 1991 en Corea del Sur, un país que basó sus programas de trasplante en la donación de vivo al no disponer entonces del donante fallecido. Al coreano siguieron en el mundo diferentes programas de trasplante cruzado como los de Holanda, Reino Unido, Australia, Canadá, USA y España. El principio es sencillo, aunque logísticamente puede llegar a ser muy complejo: si una persona sana le quiere donar un riñón a un enfermo renal de su entorno, habitualmente un familiar, pero son incompatibles por grupo sanguíneo o características inmunológicas, se trata de buscar en algún lugar otra pareja donante/receptor a la que le ocurra lo mismo y con quién se puedan intercambiar obviando así las incompatibilidades. El cruce puede ser todo lo complejo que uno quiera interviniendo varias parejas de donante – receptor hasta formar cadenas con varios eslabones.


"El trasplante cruzado es una idea planteada ya en los años ochenta, y puesta en marcha por primera vez en 1991 en Corea del Sur"


El programa español se puso en marcha en el año 2009, gracias a mucha gente, pero sobre todo a la gran labor de María Valentín, nefróloga de la ONT y a su equipo de enfermería: todo un compendio de rigor científico, tenacidad y mano izquierda que hizo posible algo muy complicado y que entonces muy pocos países tenían. Poner de acuerdo a nefrólogos, urólogos, inmunólogos y coordinadores de toda España no habría sido posible sin su empeño y conviene dejar constancia. La base fue la elaboración y el consenso con los equipos y comunidades, de un protocolo con los requisitos y normas de funcionamiento y un algoritmo de decisión para establecer las cadenas de trasplantes óptimas, posteriormente desarrollado mediante un programa informático propio, diseñado al efecto.

Desde entonces, se han intervenido con esta modalidad 194 personas, con una línea ascendente hasta 2014, en que se realizaron 44 para caer después progresivamente hasta los solo catorce en 2017. Las razones de esta caída son paralelas a las del trasplante de vivo en nuestro país. Pese a ser una modalidad cualitativamente superior en cuanto a resultados al de donante fallecido, la facilidad con que se accede a éste en España y sobre todo su gran crecimiento en los últimos años, hace que la mayoría de los enfermos se trasplanten rápidamente sin recurrir a un familiar que les done un riñón, con lo que los candidatos son cada vez más escasos. Un proceso que nada hace pensar que vaya a cambiar en los próximos años.

Se estima que las posibilidades estadísticas de encontrar una pareja complementaria son significativas a partir de que en el registro haya un mínimo de 100 parejas donante – receptor y son tanto mayores cuanto mayor sea este número. Por ello, desde que se presumió la evolución descendente del número de candidatos, una vez trasplantada la mayoría de los que entraron en el programa los primeros años, el objetivo de la ONT fue extender el programa a los países vecinos con el fin de contar con una base poblacional mucho mayor.

Esta posibilidad se planteó ya en 2012 con Italia y Francia aprovechando el entonces recién creado espacio de colaboración llamado “South Alliance Transplant” con estos dos países, luego ampliado a bastantes más del centro y sur de Europa. Hubo muy buenas palabras, pero la principal dificultad fue la notable asimetría de los tres países en el tema. Mientras que nosotros contábamos con un programa asentado que funcionaba perfectamente, en Italia tan solo había unos pocos casos aislados entre los equipos toscanos de Pisa y Siena y algún centro de Roma, sin conexión entre ellos, mientras que en Francia no había nada por diversos motivos, algunos de tipo legal difíciles de obviar. A ello se unió la deficiente conexión de las organizaciones de trasplantes de los países vecinos con sus respectivos equipos, para nada tan fluidas como la que existe en España, con lo que la interlocución fue (y sigue siendo), realmente complicada.

"Cualquier acuerdo tenía que pasar por la metodología y el programa del único país que lo tenía que era España"



Pasar de los 46 millones de españoles a los cerca de 200 de los países latinos suponía la revitalización y la garantía de mantenimiento del programa, por lo que la ONT ofreció todo tipo de facilidades a los demás países, incluida la cesión gratuita de nuestro programa informático, aunque dejando una cosa muy clara: cualquier acuerdo tenía que pasar por la metodología y el programa del único país que lo tenía que era España y no entraba en nuestros planes reinventar la rueda ni cambiar significativamente nuestra metodología que estaba funcionando perfectamente.

Seis años han durado los tira y afloja hasta que al final se ha logrado llegar a un acuerdo, fruto sobre todo del tesón y la insistencia de la ONT y de los equipos españoles, sabedores de las ventajas potenciales futuras. Problemas legales, logísticos, idiomáticos y sobre todo de confrontación de egos pudieron por fin obviarse y de momento se han introducido en el programa internacional 113 parejas donante – receptor, la mayoría aportadas por España (79), pero con la participación de dos hospitales toscanos y uno portugués que han sentado las bases para el primer cruce exitoso entre Barcelona y Pisa, que seguramente animará a otros equipos y quizás a otros países en beneficio de los enfermos renales de todos ellos.

Así pues, otro gran éxito del equipo de la ONT, un salto cualitativo muy importante y otra frontera derribada (esta vez literal) en el laborioso proceso de la construcción europea en el campo de los trasplantes. ¡Enhorabuena!