María José Campillo, médica sindicalista de CESM Región de Murcia
Mié 04 noviembre de 2020. 13.20H
Con fonendo y pluma
Los héroes son aquellos que luchan por un bien mayor, personas que llevan a cabo hazañas que requieren una dosis de valor. Habitualmente en las películas y series de ficción, los héroes son los que salvan el mundo de un villano que pretende destruirlo. En la vida real, los héroes son aquellos que acometen hazañas extraordinarias, habitualmente salvar la vida de otros poniendo su propia vida en riesgo.

Durante el primer confinamiento de 2020, año de la pandemia, se pusieron al descubierto los miles de trabajos de los que dependíamos todos. Muchos de ellos no gozaban del respeto que merecían: desde los reponedores de supermercados hasta los transportistas, pasando por el personal de limpieza y desinfección, productores de bienes esenciales... Todos ellos continuaron trabajando para que el país siguiera en pie mientras los ciudadanos se quedaban en casa, teletrabajando y respetando el confinamiento domiciliario, para bajar la curva de contagios.

El papel de las Fuerzas Armadas y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, tanto autonómicas como locales, fue fundamental para mantener un confinamiento que restringía, por primera vez en democracia, las libertades individuales de las que disfrutábamos. También ellos arriesgaron sus vidas, resultaron infectados por el virus e, incluso, perdieron compañeros en el camino.


"Pronto se nos empezó a llamar héroes. Y aunque sentimos el calor y el apoyo de los ciudadanos, no contamos con el respeto de las administraciones"


Pero, sin duda, el sector en el que la población puso todas sus esperanzas fue el sanitario. Estamos en una guerra contra un virus y los sanitarios somos los que tenemos que estar en primera línea. Así ha sido y el precio a pagar ha resultado muy caro: miles de contagiados y muchos fallecidos. Pronto se nos empezó a llamar héroes. Y aunque sentimos el calor y el apoyo de los ciudadanos, no contamos con el respeto de las administraciones, que nos enviaron a la guerra sin protección.

Por su parte, el gran villano de la España de la pandemia no es una persona, es el SARS-COV2, un gran desconocido al que, poco a poco -y más lentamente de lo que quisiéramos- hemos tenido que ir conociendo y descubriendo. Aunque hoy por hoy sigue sin tener cura, con mucho esfuerzo conseguiremos que su letalidad disminuya.

El SARS-COV2 es un enorme desafío para la humanidad. Su alta tasa de contagios está poniendo en jaque a todos los países, casi sin excepción, por los colapsos sanitarios en los que desemboca y porque el número de fallecidos e infectados no deja de crecer. También porque las restricciones que obliga a imponer para frenar su propagación van de la mano de una crisis económica que pone en riesgo la subsistencia de millones de personas.

Los antihéroes de la pandemia de coronavirus


En toda historia de héroes y villanos encontraremos a los bandos que apoyan a uno u otro: de un lado de la balanza, los pro-héroe, y del otro, los anti-héroe.

Los primeros son aquellos que han puesto su granito de arena para poder vencer al villano. Son aquellas personas que siguen las recomendaciones sanitarias: usan mascarilla, guardan el distanciamiento físico y social necesario y cumplen con el lavado de manos. Son aquellos, también, que donaron material de protección para los sanitarios, los que ayudaron a sus vecinos más vulnerables en tareas cotidianas, los que repartieron alimentos a los más desfavorecidos, los que colaboraron con sus vecinos, los que no solo pensaron en ellos y en su supervivencia, sino también en la de los demás.

Los anti-héros, sin embargo, los hemos encontrado en los irresponsables que acuden a fiestas clandestinas en las que no se respetan las medidas de seguridad, los negacionistas, los vándalos que han tomado las calles para protestar durante estos últimos días, todos los que actúan como si sus malas conductas no tuviesen consecuencias…

Pero hay un caso especialmente doloroso en el grupo de los anti-héroes. Y es especialmente doloroso porque son los encargados de velar por la seguridad de los ciudadanos. Me refiero a los políticos, cuya credibilidad se ha perdido tras cada mala decisión y de los que, a estas alturas, muchos ciudadanos ya no esperamos nada.

Los políticos contra los sanitarios y no con los sanitarios


Cuando empezó la pandemia fueron muchos los políticos, consejeros de Sanidad, presidentes de Comunidades Autónomas y Gobierno central, los que acusaban a los sanitarios de haberse contagiado de COVID-19 en lugares distintos a sus puestos de trabajo. Ellos, que sabían que no habían suministrado el suficiente material de protección a los centros sanitarios, preferían esquivar la responsabilidad de no haber cumplido con su deber. No pidieron perdón y no reconocieron que habían fallado.

Salvador Illa, ministro de Sanidad, se ha negado a recibir y dialogar con las organizaciones profesionales del sector. Los problemas y propuestas de los sanitarios para hacer frente a la pandemia no parecen interesarle. Su falta de liderazgo se diluye con el traspaso de la responsabilidad a las Comunidades Autónomas y la redacción -al margen de los profesionales- de un Real Decreto (RD 29/2020) que pretende dinamitar todo el sistema de formación especializada de España.

La pésima gestión que el ministro está haciendo de la pandemia ha desembocado en una huelga general de médicos que no se convocaba desde hacía 25 años. Mientras, Salvador Illa no quiere entender que ha llegado el momento de que otra persona más capaz ocupe su puesto. Illa debe dimitir o ser cesado.

Guerras abiertas por el coronavirus


Guerras abiertas como la de la Comunidad de Madrid con el Gobierno nacional traspasan nuestras fronteras y hunden la marca España. Los países de nuestro entorno tienen la explicación de por qué las cosas van mal en nuestro país. Los sanitarios no vemos luz al final del túnel y los ciudadanos ya no saben qué hacer.


"Los sanitarios no vemos luz al final del túnel y los ciudadanos ya no saben qué hacer"


La Comunidad Valenciana acumula más de 100 días de huelga de médicos residentes y en la Región de Murcia la Consejería de Salud prefiere que se convoque una huelga de residentes antes que alcanzar un acuerdo de mínimos que mejore sus condiciones laborales y les garantice una formación de calidad. Todas estas situaciones demuestran que los sanitarios no son importantes para la Administración y que la Sanidad no es una prioridad en sus líneas de gobierno.

Podemos seguir poniendo ejemplos de anti-héroes, pues nuestros políticos han demostrado con sus decisiones que viven alejados de la realidad social, que son insensibles al agotamiento de los sanitarios, que están perdidos, que son ajenos al sufrimiento de los ciudadanos, que prefieren entablar discusiones absurdas y vergonzosas en el Congreso de los Diputados…

Mas recordad: en toda historia de héroes y villanos, siempre ganan los primeros y el papel de los villanos y los anti-héroes, aunque tenga un altísimo costo, siempre es efímero.