Julián Ezquerra Gadea.

Julián Ezquerra Gadea. Redacción Médica / Joana Huertas

Opinión

El tiempo robado. La reforma ineludible del SNS ante la crisis de las listas de espera

Julián Ezquerra Gadea es médico, exdirectivo de la salud y exsecretario general del sindicato Amyts

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"La salud es la mayor posesión. Es la alegría, es la vida." Proverbio árabe

Esta máxima ancestral resuena como una acusación silenciosa para quienes, desde la administración, parecen haber olvidado que detrás de cada número en una lista de espera hay una persona cuyo presente se convierte en un limbo de incertidumbre. La crisis de las listas de espera en el Sistema Nacional de Salud (SNS) no es una estadística fría, sino la crónica de un sufrimiento cotidiano que exige una reforma inaplazable. Mientras la administración se pierde en debates competenciales y diagnósticos interminables, los pacientes aguardan con una paciencia que se agota, víctimas de una dejadez que se ha vuelto estructural.

Los datos oficiales retratan una realidad estremecedora. A cierre de 2025, 853.509 pacientes aguardaban una intervención quirúrgica no urgente, lo que supone un incremento de 269.491 personas desde 2018, un aumento superior al 46%. La espera media para una operación se ha alargado hasta los 121 días, casi un mes más que hace ocho años. Pero el problema no se limita a los quirófanos: la espera media para una primera consulta con el especialista alcanza los 102 días, y seis de cada diez pacientes superan los dos meses de demora. Estas cifras dibujan un mapa de desigualdad territorial donde un paciente andaluz puede esperar 173 días por una operación mientras uno madrileño aguarda 50.

La administración no ha permanecido inactiva, pero sus esfuerzos parecen condenados a la ineficacia. El Ministerio de Sanidad ha iniciado los trámites para modernizar el sistema de información, con el objetivo de unificar criterios entre comunidades y añadir indicadores para Atención Primaria y Salud Mental. Sin embargo, esta iniciativa, aunque necesaria, peca de un enfoque eminentemente técnico y administrativo, dejando sin abordar la raíz del malestar: la infrafinanciación crónica, la falta de profesionales y un modelo asistencial desbordado.

Expertos en gestión sanitaria señalan cuatro causas que explican este atasco:

1. Financiación insuficiente: España sigue por debajo de la media europea en gasto sanitario, lo que mantiene quirófanos y consultas funcionando al límite.

2. Envejecimiento poblacional: Una población más longeva y con enfermedades crónicas exige más intervenciones, mientras la oferta asistencial no crece al mismo ritmo.

3. Productividad limitada: Infrautilización de recursos y dificultades para cubrir turnos.

4. Gobernanza deficiente: La presión política por contener el gasto y la fragmentación autonómica han normalizado unas listas de espera estructurales.

A esto se añade un problema de diseño: la Atención Primaria, que debería ser la puerta de entrada resolutiva del sistema, se encuentra saturada. La falta de médicos de familia y la limitada capacidad para realizar pruebas diagnósticas derivan a los pacientes a especialistas que podrían evitarse, generando un efecto dominó. El sistema está orientado a tratar la enfermedad más que a prevenirla, evidenciando una "falta de integralidad real".

El verdadero escándalo no es solo la magnitud de la crisis, sino la actitud de una administración que parece haber asumido las listas de espera como un mal inevitable. Mientras los pacientes reciben escuetos mensajes de texto cancelando citas sin una nueva fecha, la respuesta política se limita a diagnósticos y promesas de futuro.

El grupo de trabajo de expertos creado por el Ministerio de Sanidad presentó un "Plan de Actuación" y continúa elaborando guías operativas que se elevarán al Consejo Interterritorial para su "aprobación final". Sin embargo, este proceso se arrastra desde abril de 2024 y los nuevos decretos no verían la luz hasta principios de 2026. Mientras tanto, la espera media para una consulta externa sigue superando los 100 días. Este desfase entre el tiempo de los pacientes y el ritmo burocrático de la administración constituye una forma de violencia institucional.

La fragmentación competencial se ha convertido en una excusa para la inacción. Mientras el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas discuten sobre modelos ideológicos, los pacientes siguen esperando. El propio presidente del Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS) ha afirmado que "cualquier político que se dedique a la gestión pública y banalice el sufrimiento de los pacientes que están en lista de espera debe dimitir".

La reforma del SNS para abordar la crisis de las listas de espera no es una opción, sino un imperativo moral. No basta con mejorar los sistemas de información o estandarizar criterios; se requiere una reorientación profunda del modelo asistencial: reforzar la Atención Primaria con más recursos y profesionales, incrementar la financiación para acercarnos a la media europea, y diseñar circuitos asistenciales integrales que prioricen el itinerario del paciente sobre la compartimentación administrativa.

La sanidad pública es un pilar del Estado del bienestar que trasciende ideologías y está por encima de colores políticos. Es hora de pasar de los diagnósticos a las soluciones, de las promesas a los hechos. Cada día de espera es un día de vida que se escapa, un derecho fundamental que se vulnera. La administración debe dejar de mirar hacia otro lado y asumir su responsabilidad con la urgencia que la situación demanda, porque, como reza el proverbio, la salud es la mayor posesión, y quienes la administran no tienen derecho a jugar con ella.